Cuando el abismo estaba a un paso<\/strong><\/h4>\nDiego tiene 28 a\u00f1os. Naci\u00f3 en Boyac\u00e1 y creci\u00f3 en C\u00facuta. Se gan\u00f3 una beca para estudiar Trabajo Social en la Universidad de La Salle, donde curs\u00f3 siete semestres con la ilusi\u00f3n de trabajar alg\u00fan d\u00eda con comunidades. Siempre fue disciplinado y tuvo metas claras. Para sostenerse, combinaba sus estudios con trabajos informales y, en ese proceso, tambi\u00e9n aprendi\u00f3 el oficio de la barber\u00eda.<\/p>\n
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Pero el alcohol empez\u00f3 a ocupar cada vez m\u00e1s espacio. Lo que al principio era ocasional se volvi\u00f3 rutina. \u201cLos \u00faltimos meses trabajaba para seguir tomando\u201d,<\/em> cuenta. Cumpl\u00eda su jornada y gran parte del dinero terminaba en consumo. Poco a poco se aisl\u00f3, perdi\u00f3 estabilidad y dej\u00f3 de reconocer sus prioridades.<\/p>\nIntent\u00f3 convencerse de que pod\u00eda controlarlo. Se repet\u00eda que era solo una etapa, que cuando quisiera pod\u00eda parar. Sin embargo, el consumo empez\u00f3 a marcar el ritmo de sus d\u00edas. Ya no organizaba su tiempo alrededor del estudio o el trabajo, sino en funci\u00f3n de la pr\u00f3xima botella. Las responsabilidades quedaron en segundo plano y las excusas se volvieron frecuentes. Sin darse cuenta, aquello que parec\u00eda manejable termin\u00f3 desordenando su vida y alej\u00e1ndolo de todo lo que hab\u00eda construido.<\/p>\n
\u201cSent\u00ed verg\u00fcenza, sent\u00ed miedo. Me di cuenta de que, si segu\u00eda as\u00ed, lo pr\u00f3ximo era la calle\u201d,<\/em> cuenta Diego.<\/p>\n
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Todav\u00eda no viv\u00eda en la calle, pero sab\u00eda que estaba muy cerca. Record\u00f3 que exist\u00eda un programa para personas habitantes de calle y decidi\u00f3 buscar informaci\u00f3n. Se acerc\u00f3 por voluntad propia. \u201cEntend\u00ed que pedir ayuda no era rendirme, era darme una oportunidad\u201d<\/em>, dice.<\/p>\nIngres\u00f3 al proceso en agosto de 2025 y permaneci\u00f3 seis meses. No fue solo dejar el alcohol. Fue revisar su historia, asumir responsabilidades, fortalecer herramientas personales y volver a creer en s\u00ed mismo. \u201cSent\u00ed que todav\u00eda hab\u00eda algo bueno en m\u00ed, que no todo estaba perdido. Fue como volver a empezar<\/em>\u201d.<\/p>\nHoy sue\u00f1a con retomar su oficio como barbero y salir adelante. Quiere volver a trabajar con sus manos, abrirse camino con lo que sabe hacer y recuperar la estabilidad que perdi\u00f3. Habla de tener su propio espacio, atender clientes con disciplina y constancia, ahorrar y construir una rutina distinta, lejos del consumo. No piensa solo en el ingreso econ\u00f3mico. Piensa en la tranquilidad, en la confianza que vuelve cuando cumple su palabra y en la posibilidad de demostrar, sobre todo a s\u00ed mismo, que es capaz de sostener el cambio que empez\u00f3.<\/p>\n
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De tocar fondo a reconstruirse<\/strong><\/h4>\nEverty Andr\u00e9s Murillo Hern\u00e1ndez naci\u00f3 en Medell\u00edn hace 33 a\u00f1os. Estudi\u00f3 ocho semestres de Antropolog\u00eda en la Universidad de Antioquia, habla ingl\u00e9s y franc\u00e9s y reconoce que siempre tuvo muchas capacidades. Sin embargo, el consumo problem\u00e1tico de sustancias, sumado a decisiones impulsivas y a la idea de que pod\u00eda hacerlo todo solo, lo fueron alejando de su entorno.<\/p>\n
Estuvo cerca de dos a\u00f1os en riesgo de habitancia en calle. Regres\u00f3 a la casa de su familia materna, pero el consumo continu\u00f3. \u201cPens\u00e9 que no necesitaba de nadie para subsistir\u201d,<\/em> recuerda. Esa sensaci\u00f3n de autosuficiencia termin\u00f3 aisl\u00e1ndolo. Finalmente, el a\u00f1o pasado vivi\u00f3 en la calle durante seis o siete meses.<\/p>\nPara \u00e9l, la calle deja marcas que no se ven a simple vista. Tambi\u00e9n deja afectaciones f\u00edsicas y emocionales. Su familia no supo que estaba all\u00ed porque decidi\u00f3 cortar el contacto. Hoy reconoce que fue una forma de huir de la verg\u00fcenza y del dolor.<\/p>\n
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En agosto comenz\u00f3 su resocializaci\u00f3n tras ser contactado por un educador en calle de la Secretar\u00eda de Inclusi\u00f3n Social y Familia de Medell\u00edn. Ese primer acercamiento le permiti\u00f3 conocer la oferta institucional e iniciar su proceso en el corregimiento de Santa Elena, en la estrategia de Resignificaci\u00f3n de Proyectos de Vida. Permaneci\u00f3 all\u00ed hasta febrero de 2026, cuando recibi\u00f3 su constancia de aprobaci\u00f3n.<\/p>\n
Describe el proceso como exigente. No solo implic\u00f3 atravesar la abstinencia, sino reconocer sus propias fallas. \u201cCuando uno empieza a reconocer las falencias que tiene y la forma de trabajarlas, todo se vuelve m\u00e1s dif\u00edcil\u201d,<\/em> explica. Fue un trabajo constante, con acompa\u00f1amiento psicosocial y seguimiento permanente.<\/p>\n
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Con el tiempo empez\u00f3 a reconstruir el v\u00ednculo con su familia. La confianza no volvi\u00f3 de inmediato. Se fue recuperando paso a paso. \u201cYo hice que ellos se alejaran. La confianza se destruy\u00f3, pero lo que hice fue reconstruirme<\/em>\u201d, resume. Hoy su mam\u00e1 y sus hermanas le expresan orgullo, y \u00e9l sabe que mantener esa confianza es una tarea diaria. \u201cS\u00ed se puede\u201d,<\/em> repite. Sabe que dejar las drogas y sostener el proyecto de vida es un proceso continuo, pero tambi\u00e9n sabe que es posible.<\/p>\nCuando la experiencia se convierte en puente<\/strong><\/h4>\nHoy, Diego y Everty trabajan como educadores en calle. Recorren sectores de la ciudad acompa\u00f1ando a personas que atraviesan situaciones similares a las que ellos vivieron. Su experiencia no es una carga, es una herramienta de empat\u00eda.<\/p>\n
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El equipo territorial organiza las duplas seg\u00fan habilidades, perfil y din\u00e1mica de cada zona. No se trata solo de vincularlos laboralmente, sino de identificar en qu\u00e9 lugar pueden aportar mejor. La estrategia de intervenci\u00f3n en calle act\u00faa como puente entre el Distrito y la comunidad y se articula con otras dependencias, porque la habitancia en calle requiere respuestas coordinadas.<\/p>\n
Adem\u00e1s del acompa\u00f1amiento individual, realizan sensibilizaci\u00f3n en el territorio, orientan sobre la oferta institucional e invitan a no normalizar la mendicidad. Cuando alguien que vivi\u00f3 la calle conversa con una persona que a\u00fan permanece en ella, el di\u00e1logo cambia. No hay juicio, hay comprensi\u00f3n.<\/p>\n
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\u201cLo que m\u00e1s impacta es c\u00f3mo la gente se arraiga a la calle. Aunque sea dur\u00edsima, no la quieren dejar. La droga genera ataduras muy fuertes<\/em>\u201d, reflexionan.<\/p>\nUna oportunidad que transforma<\/strong><\/h4>\nLa atenci\u00f3n a la poblaci\u00f3n habitante de y en calle en Medell\u00edn hace parte de un sistema estructurado, regido por la Ley 1641 de 2013 y la Pol\u00edtica P\u00fablica Social del Distrito. Incluye intervenci\u00f3n en calle, atenci\u00f3n b\u00e1sica, reducci\u00f3n de riesgos y da\u00f1os, resignificaci\u00f3n del proyecto de vida y procesos de resocializaci\u00f3n. El acceso no est\u00e1 limitado por etiquetas. Habitantes de calle, personas en riesgo o egresadas pueden ingresar seg\u00fan su necesidad, bajo un enfoque de derechos.<\/p>\n
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Diego y Everty lo saben bien. El cambio no fue inmediato ni sencillo. Es una decisi\u00f3n diaria. \u201cTodo el camino vali\u00f3 la pena<\/em>\u201d, dice Diego. \u201cQue no desaprovechen la oportunidad\u201d<\/em>, aconseja Everty.<\/p>\n\n\t\t