{"id":535405,"date":"2026-06-03T05:00:07","date_gmt":"2026-06-03T10:00:07","guid":{"rendered":"https:\/\/www.medellin.gov.co\/es\/?p=535405"},"modified":"2026-06-01T12:12:16","modified_gmt":"2026-06-01T17:12:16","slug":"una-historia-labrada-a-pulso-para-resaltar-la-vida-de-los-campesinos-y-las-campesinas-de-medellin","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.medellin.gov.co\/es\/sala-de-prensa\/noticias\/una-historia-labrada-a-pulso-para-resaltar-la-vida-de-los-campesinos-y-las-campesinas-de-medellin\/","title":{"rendered":"Una historia labrada a pulso para resaltar la vida de los campesinos y las campesinas de Medell\u00edn"},"content":{"rendered":"

Cada ma\u00f1ana, cuando un habitante de Medell\u00edn se sienta a la mesa y disfruta de una ensalada fresca, unos huevos con ali\u00f1os o un chocolate con leche, pocas veces se detiene a pensar en el viaje que hicieron esos alimentos. Detr\u00e1s de cada lechuga, de cada tomate y de cada hortaliza, hay una historia de manos agrietadas, de madrugadas fr\u00edas y de una resiliencia inquebrantable. Una de ellas viene desde el corregimiento de Santa Elena, en la vereda El Plan. Esa historia lleva el nombre y el apellido de John Hern\u00e1n Molina Atehort\u00faa, el hombre detr\u00e1s del plato.<\/p><\/blockquote>\n

John Hern\u00e1n se define con orgullo como \u00abcampesino desde hace m\u00e1s de sesenta a\u00f1os\u00bb.<\/em> Su vida no ha sido f\u00e1cil; ha sido un laberinto de surcos, p\u00e9rdidas y reinvenciones. Qued\u00f3 hu\u00e9rfano de madre a los cinco a\u00f1os, lo que trunc\u00f3 su educaci\u00f3n formal tras la primaria y lo empuj\u00f3 a la tierra. A los trece, una edad en la que muchos apenas descubren el mundo, \u00e9l ya estaba jornaleando, doblando el lomo para cultivar papa al mismo ritmo que los adultos. \u00abFue un trabajo muy duro, muy duro, para nosotros darnos el mismo rendimiento que la gente adulta<\/em>\u00ab, recuerda con una voz que arrastra el peso de aquellos a\u00f1os.<\/p>\n

Le pudo la nostalgia del campo<\/strong><\/h4>\n

Con el tiempo, la tierra le dio una tregua y don John se independiz\u00f3. Comenz\u00f3 sembrando papa y luego se sumergi\u00f3 en la tradici\u00f3n de las flores tradicionales que colorean la cultura silletera del corregimiento: bot\u00f3n de oro, estrella, \u00e9xtasis y siempreviva. Sin embargo, la llegada de los invernaderos industriales y las flores de exportaci\u00f3n transform\u00f3 el mercado. \u00abAh\u00ed, legalmente, lo que fue la flor tradicional muri\u00f3 para el campesino, para el comercio en s\u00ed, ya no nos daba<\/em>\u00ab.<\/p>\n

Esa crisis lo oblig\u00f3 a colgar temporalmente las herramientas agr\u00edcolas y a buscar el sustento en la construcci\u00f3n. Durante treinta a\u00f1os trabaj\u00f3 entre mezclas de cemento y ladrillos, pero el lazo con su herencia era demasiado fuerte para romperse del todo: nunca dej\u00f3 la tierra. Trabajaba en las obras de la ciudad y regresaba a Santa Elena<\/a> a cuidar sus parcelas. La nostalgia del campo siempre terminaba ganando.<\/p>\n

\"Imagen<\/p>\n

Su renacer agr\u00edcola<\/strong><\/h4>\n

El verdadero renacer agr\u00edcola de don John lleg\u00f3 de la mano de un invernadero de trescientos metros cuadrados y un cultivo completamente nuevo para \u00e9l: el tomate. Sin saber c\u00f3mo sembrarlo, busc\u00f3 asesor\u00eda de sus vecinos y el resultado fue una producci\u00f3n excelente que desafi\u00f3 su condici\u00f3n de aprendiz.<\/p>\n

Hoy, esos trescientos metros iniciales se han multiplicado por seis. Su parcela ya no solo produce tomates, sino que se ha convertido en un tapiz de mezclum de lechugas, llegando a experimentar con hasta cincuenta variedades de la hortaliza, de las cuales conserva hoy unas veinticinco que comercializa con \u00e9xito. De producir diez bolsitas que se pudr\u00edan en las plazas de mercado -porque la ciudad a\u00fan no entend\u00eda el producto-, hoy despacha entre seiscientas y setecientas bolsas semanales.<\/p>\n\n\t\t