{"id":554452,"date":"2026-08-08T03:33:58","date_gmt":"2026-08-08T08:33:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.medellin.gov.co\/es\/?p=554452"},"modified":"2026-08-07T11:43:21","modified_gmt":"2026-08-07T16:43:21","slug":"historias-que-florecen-en-medellin-cuando-alguien-decide-escucharlas-el-historiador-que-esta-salvando-la-memoria-de-santa-elena","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.medellin.gov.co\/es\/sala-de-prensa\/noticias\/historias-que-florecen-en-medellin-cuando-alguien-decide-escucharlas-el-historiador-que-esta-salvando-la-memoria-de-santa-elena\/","title":{"rendered":"Historias que florecen en Medell\u00edn cuando alguien decide escucharlas: el historiador que est\u00e1 salvando la memoria de Santa Elena"},"content":{"rendered":"
\u201cMientras muchos miran una flor por su color, \u00e9l aprendi\u00f3 a preguntarse qui\u00e9n la sembr\u00f3, qui\u00e9n la carg\u00f3 sobre una silleta y por qu\u00e9 esa flor lleg\u00f3 a convertirse en parte de la historia de Medell\u00edn<\/em>.\u201d<\/p><\/blockquote>\n
Cada agosto miles de personas aplauden el Desfile de Silleteros, se maravillan con los colores, toman fotograf\u00edas y celebran una de las tradiciones m\u00e1s queridas de la ciudad. Pero cuando este \u00a0termina y las flores vuelven a casa, pocas veces alguien se pregunta qu\u00e9 historias esconden esos caminos de Santa Elena.<\/p>\n
Historias de campesinos que caminaron kil\u00f3metros con una silleta al hombro. De mujeres que lavaban ropa en aguas heladas mientras criaban a sus hijos. De ni\u00f1os que crecieron creyendo que en el monte habitaban espantos. De \u00e1rboles que eran considerados sagrados porque anunciaban d\u00f3nde nac\u00eda el agua.<\/p>\n
Esas historias estuvieron durante d\u00e9cadas guardadas \u00fanicamente en la memoria de quienes las vivieron. Hasta que un ni\u00f1o decidi\u00f3 aprender a leer. Ese ni\u00f1o era \u00d3scar Javier Zapata Hincapi\u00e9, historiador, investigador, escritor, qui\u00e9n vive en\u00a0 Santa Elena y que hoy dedica su vida a rescatar la memoria cultural de Santa Elena para que nunca desaparezca. \u201cNo me gustaba leer<\/em>\u201d, recuerda entre risas.<\/p>\n
Su historia<\/strong><\/p>\n
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Su infancia transcurri\u00f3 como la de muchos ni\u00f1os campesinos, jugando en el monte, ayudando en la finca y escuchando conversaciones alrededor de un fog\u00f3n de le\u00f1a. Los libros no eran precisamente su mayor inter\u00e9s. Todo cambi\u00f3 cuando cursaba tercero de primaria.<\/p>\n
Su pap\u00e1 insist\u00eda en que deb\u00eda leer de corrido una f\u00e1bula, La liebre y la tortuga. Lo que para cualquier ni\u00f1o pod\u00eda parecer una tarea m\u00e1s, termin\u00f3 convirti\u00e9ndose en el comienzo de una pasi\u00f3n que transformar\u00eda su vida.<\/p>\n
\u201cAh\u00ed empez\u00f3 mi historia con los libros\u201d.<\/em> Desde entonces descubri\u00f3 que detr\u00e1s de cada relato exist\u00eda un mundo por explorar. Pero el verdadero tesoro no estaba \u00fanicamente en las bibliotecas. Tambi\u00e9n estaba en las voces de sus abuelos, de sus padres y de todos los campesinos que, sin saberlo, eran guardianes de la historia de Medell\u00edn.<\/p>\n
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Un historiador nacido entre flores<\/strong><\/p>\n
\u00d3scar no lleg\u00f3 a investigar la cultura silletera desde la distancia, la vivi\u00f3. Naci\u00f3 en una familia de tradici\u00f3n silletera, creci\u00f3 entre cultivos y muy joven tuvo que asumir grandes responsabilidades.<\/p>\n
A los 21 a\u00f1os ya era padre y todav\u00eda estudiaba historia. Para sostener a su familia trabaj\u00f3 junto a su pap\u00e1 cultivando grandes extensiones de cartucho amarillo. Mientras sembraba flores tambi\u00e9n sembraba preguntas. \u00bfPor qu\u00e9 algunas flores eran m\u00e1s apreciadas que otras?, \u00bfpor qu\u00e9 los campesinos llamaban \u201cmonte\u201d al bosque?, \u00bfpor qu\u00e9 una simple estrella de Bel\u00e9n hab\u00eda cambiado la econom\u00eda de Santa Elena? Esas preguntas lo llevaron a recorrer archivos hist\u00f3ricos, bibliotecas y documentos que llevaban siglos guardados.<\/p>\n
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Mientras otros buscaban respuestas en Internet, \u00e9l las encontraba entre expedientes de hace m\u00e1s de 300 a\u00f1os. Las historias que nadie hab\u00eda contado. Hay quienes investigan para confirmar lo que ya se sabe, pero \u00d3scar decidi\u00f3 hacer exactamente lo contrario.<\/p>\n
Su labor<\/strong><\/p>\n
Su trabajo consiste en encontrar historias que jam\u00e1s hab\u00edan sido narradas. Por eso pas\u00f3 a\u00f1os revisando archivos hist\u00f3ricos de Medell\u00edn, Antioquia, Guarne, la Universidad Nacional e incluso el Archivo Arquidiocesano, all\u00ed encontr\u00f3 relatos que parec\u00edan olvidados.<\/p>\n
Como el de una lavandera que, despu\u00e9s de pasar toda una ma\u00f1ana lavando ropa en una quebrada, fue a misa y al regresar descubri\u00f3 que le hab\u00edan robado toda la ropa que hab\u00eda dejado secando al sol o el de un campesino que recorri\u00f3 kil\u00f3metros para denunciar que las hormigas de la finca vecina estaban destruyendo su cultivo \u00a0o la del hombre que perdi\u00f3 una ruana y moviliz\u00f3 una investigaci\u00f3n judicial con m\u00e1s de veinte testigos para encontrarla.<\/p>\n
Desfile de Silleteros<\/p><\/div>\n
Historias sencillas, pero profundamente humanas. \u201cAntes las personas tambi\u00e9n se relacionaban a trav\u00e9s de los conflictos\u201d,<\/em> explica. Y justamente all\u00ed est\u00e1 la riqueza de su trabajo: entender que la historia no solamente est\u00e1 hecha de grandes h\u00e9roes, sino tambi\u00e9n de personas comunes.<\/p>\n
El monte tambi\u00e9n habla<\/strong><\/p>\n
Hay una palabra que \u00d3scar repite durante toda la conversaci\u00f3n. No dice bosque, dice monte. Y hace una pausa para explicar por qu\u00e9. \u201cSi dejamos de llamarlo monte, dejamos de entender c\u00f3mo pensaban nuestros abuelos<\/em>\u201d. Para \u00e9l, conservar la cultura silletera tambi\u00e9n significa conservar las palabras con las que generaciones enteras aprendieron a relacionarse con la naturaleza.<\/p>\n
Feria de las Flores<\/p><\/div>\n
Porque el monte no era solamente un lugar. Era donde aparec\u00edan los espantos, donde crec\u00edan los \u00e1rboles que proteg\u00edan el agua, donde los ni\u00f1os recog\u00edan arrayanes, donde nac\u00edan las historias que luego se contaban alrededor del fog\u00f3n. Por eso insiste en que preservar el patrimonio tambi\u00e9n implica cuidar el lenguaje.<\/p>\n
Porque cuando desaparecen las palabras, tambi\u00e9n se esfuma una parte de la memoria.<\/p>\n
Mucho m\u00e1s que un desfile<\/strong><\/p>\n\n\t\t