{"id":576873,"date":"2026-10-14T05:00:28","date_gmt":"2026-10-14T10:00:28","guid":{"rendered":"https:\/\/www.medellin.gov.co\/es\/?p=576873"},"modified":"2026-10-12T11:55:06","modified_gmt":"2026-10-12T16:55:06","slug":"en-medellin-hay-una-almojabana-peluda-un-pancito-de-dios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.medellin.gov.co\/es\/sala-de-prensa\/noticias\/en-medellin-hay-una-almojabana-peluda-un-pancito-de-dios\/","title":{"rendered":"En Medell\u00edn hay una almoj\u00e1bana peluda, un pancito de Dios"},"content":{"rendered":"
Almoj\u00e1bana fue la sobreviviente de un abandono canino en una quebrada de Medell\u00edn<\/a>. \u00a0Sus siete cachorros fallecieron. Seis meses despu\u00e9s fue adoptada. Esta historia es para aprender acerca de seres que ven con otros ojos<\/em>.<\/strong><\/p><\/blockquote>\n
A 10 kil\u00f3metros del Centro de Medell\u00edn, tras una puerta de rejas de color vede, el fluido correr de una quebrada, se rompe por una monumental polifon\u00eda del ladrido simult\u00e1neo de decenas de perros. Es una sensaci\u00f3n coral en la que, al mismo tiempo, un sin fin de sonidos caninos desatado corta una y otra vez el silencio de un bosque del extremo suroccidental de la ciudad. \u201cAqu\u00ed, el sonido se magnifica. El ruido es paisaje. Si usted no me lo dice, no me doy cuenta de que todos est\u00e1n ladrando a la vez\u201d,<\/em> dice Juan Alfonso.<\/p>\n
La sala de espera est\u00e1 sola esta ma\u00f1ana. En el fondo, en una pieza publicitaria, se exhibe la fotograf\u00eda de dos perros de mirada inquietante y la de un gato blanco de bigotes negros. Una mujer entra al corredor y detr\u00e1s de ella aparece la divertida figura de un perro chiquitico completamente despelucado. Juan Alfonso va a buscar la historia m\u00e9dica de Estefa. Aqu\u00ed todos viven de botas y los pacientes son de cuatro patas.<\/p>\n
Juan Alfonso, veterinario de La Perla<\/p><\/div>\n
\u201cDi muchas vueltas para llegar a ser veterinario. Fue m\u00e1s bien una conexi\u00f3n desde chico. Primero empec\u00e9 a estudiar ingenier\u00eda mec\u00e1nica y luego aviaci\u00f3n. Pero con Laira, mi primera perrita, fue con la que me acerqu\u00e9 a este mundo de los perros. Le tienes amor a ellos -me dijo mi mam\u00e1-. Ah\u00ed se me encendi\u00f3 el bombillo\u201d, <\/em>dice Juan Alfonso, veterinario de La Perla<\/a>, en el corregimiento Altavista, quien trabaja aqu\u00ed como et\u00f3logo desde el a\u00f1o pasado. Su tarea es estudiar el comportamiento animal, apoyar a los adoptantes y hacer seguimiento a sus peludos pacientes, que a este lugar llegan d\u00eda y noche tras ser rescatados.<\/p>\n
Juan Alfonso y su conexi\u00f3n con los animales<\/strong><\/h2>\n
Desde ni\u00f1o ha tenido seis perros, cuatro criados por \u00e9l y otros dos adoptados, que actualmente cuida con su pareja en casa: Mamba y Manila. De Laira, recuerda que quer\u00eda ponerle Pola (en honor a la cerveza), la mam\u00e1 optaba por llamarla Lira (porque, aunque estudi\u00f3 medicina, toca varios instrumentos musicales por afici\u00f3n), la hermana de Juan dec\u00eda que hab\u00eda que ponerla Lara. Juntaron las opciones y por eso fue Laira.<\/p>\n
El veterinario de 30 a\u00f1os de edad est\u00e1 convencido de que los humanos pueden formar v\u00ednculos con los animales, tener comunicaci\u00f3n: \u201cCon los perros es m\u00e1s especial. Son como ni\u00f1os peque\u00f1os. C\u00f3mo te miran a los ojos, saben si te sientes bien o mal. No puedo sentirme juzgado por un perro ni que me pongan barreras como lo hacen los humanos\u201d. \u00a0<\/em><\/p>\n
Juan revela que cuando se acerca a un perro reci\u00e9n rescatado, lo \u201csoborna\u201d con c\u00e1banos para caninos, para tomar confianza con ellos. \u201cYo creo que ellos a m\u00ed me ven, as\u00ed, como si yo fuera un c\u00e1bano\u201d, <\/em>dice mientras saca uno de su bolsillo y lo arroja sobre la mesa como si fuera un dado que marcar\u00e1 la suerte del pr\u00f3ximo perrito que llegue rescatado a este lugar para luego ser adoptado.<\/p>\n
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Aquel 16 de febrero<\/strong><\/h2>\n
El 16 de febrero de este a\u00f1o lleg\u00f3 Estefa a La Perla. En el registro figura: cocker spaniel, dorada, \u00f1atica, de orejas peludas, cuerpo semipeludo, cola mocha, 10 kilos de peso y joven (3 a\u00f1os). Juan Alfonso, la recuerda como muy sociable, contenta con los humanos y tranquila. Y, en definitiva, lo es. Su relato lo hace mientras se sienta unos minutos en la sala de adopciones de La Perla.<\/p>\n
Aqu\u00ed hay cobijas azules llenas de pelos, correas para perros, bolsas de cuido, juguetes para animales. Las paredes est\u00e1n llenas de huellitas de canino pintadas de blanco y una fotograf\u00eda gigante de un perro gui\u00f1ando un ojo.<\/p>\n
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Aquel 16 de febrero, Estefa temblaba de miedo y fr\u00edo al lado de sus siete cachorritos. Cuentan que eran negritos. Su tutora hab\u00eda dejado a la familia en una quebrada del barrio Popular 1. Los chiquitos ten\u00edan ocho d\u00edas de nacidos. Fue la Polic\u00eda Ambiental<\/a> la que los rescat\u00f3 de morir en medio de las aguas. Una vecina les dio albergue. De los cachorros, a La Perla, tres llegaron muertos, los otros cuatro vivieron una semana, hasta que fallecieron. En La Perla, a Estefa la atac\u00f3 la enfermedad conocida como moquillo, que asegura el veterinario puede ser fatal. La madre de los cachorros fue internada por un mes en cl\u00ednica y volvi\u00f3 al centro de bienestar para hacer de nuevo vida social, ya aliviadita.<\/p>\n
A Juan Alfonso le da rabia, como a los perros: \u201cLa siento a flor de piel cuando pasan estas cosas. Le hacen da\u00f1o a seres que no tienen c\u00f3mo defenderse. Lo resuelvo con entrega por los animales. Se trata de hacer las cosas con amor para que puedan ser adoptados y salgan de aqu\u00ed\u201d.<\/em><\/p>\n
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Juan Alfonso asegura que, por su labor, puede tener contacto con 50 o 150 perros al d\u00eda para evaluar su comportamiento despu\u00e9s de ser rescatados.\u00a0 De ese universo canino donde trabaja, tambi\u00e9n salieron su Mamba y su Manila. La primera lo cautiv\u00f3 por su mirada fija a los ojos de las personas. Fue, literal, amor a primera vista. La segunda lo acompa\u00f1aba a hacer divertidas visitas a albergues para adultos mayores. Ambas nunca regresaron a La Perla. Juan Alfonso, las adopt\u00f3.<\/p>\n
A la izquierda, Mamba. A la derecha Manila<\/p><\/div>\n
La enorme polifon\u00eda de ladridos que sale de los bloques de La Perla ahoga por completo la voz de Juan Alfonso. Y un constante ladrar de cinco minutos sale de la garganta de la cocker en un segundo piso de Bel\u00e9n Rosales. Es Estefa, la otra Estefa. La misma que aquel d\u00eda fue rescatada junto a sus temerosos cachorros en una quebrada del Popular 1.<\/p>\n
Y Estefa se convirti\u00f3 en Almoj\u00e1bana<\/strong><\/h3>\n
A su lado est\u00e1 Manuela Hoyos Sucerquia de 30 a\u00f1os. Es su adoptante. Es bajita de estatura. Su cabello es rizado y rojizo, y tiene la piel canela. En su brazo derecho exhibe un tatuaje grande que representa a una chica rodeada de animales. Los adora. A su centro veterinario, desde hace tres meses, llegan perros rescatados por La Perla, pero antes este sitio de cuidado animal era visitado por conejos, pollos, gansos, cabras y hasta minipigs. En el instante, afirma categ\u00f3ricamente: \u201cSoy de gatos, tengo tres <\/em>-hace una pausa larga y olvida los nombres. Se r\u00ede y retoma: \u201cSon Pelusa, Guadalupe y Sabrina\u201d. <\/em>Los tres los tiene tatuados en su piel.<\/p>\n
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Cuando Estefa lleg\u00f3 a manos de Manuela, hace un mes largo, se convirti\u00f3 en otra. All\u00ed estuvo cuando le dio moquillo: \u201cLa ten\u00eda en aislamiento, en el tercer piso, porque eso es muy infeccioso. Por haber sido rescatada y haber superado la enfermedad, es una sobreviviente\u201d. <\/em>La perrita se pone a ladrar ante la visita de extra\u00f1os en el lugar. Sus ladridos inquieren. Ladra y es como si lanzara un cuestionario desde su garganta y pregunta: \u00bfY usted qui\u00e9n es? Vuelve a ladrar y a\u00f1ade \u00bfY de d\u00f3nde viene? Sigue ladrando y es como si exclamara \u00bfY por qu\u00e9 est\u00e1 aqu\u00ed?<\/p>\n
La primera vez que vio a la perrita en el tercer piso del centro veterinario, en su solitaria enfermedad, la carg\u00f3: \u201cElla es toda tiernita. Es espojoncita. Es cafecita\u201d.<\/em> Y como a Manuela le encanta la parva, al adoptarla decidi\u00f3 bautizarla Almoj\u00e1bana. Y dice alargando las palabras: \u201cAlmoj\u00e1bana es un pancito de Dios. Ellos lo eligen a uno. Yo ya lo hab\u00eda sentido en el pasado con mis gatos. Almoj\u00e1bana tiene mucha personalidad. Se parece a m\u00ed. Ella sabe qui\u00e9n s\u00ed y qui\u00e9n no\u201d,<\/em> agrega Manuela.<\/p>\n
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Almoj\u00e1bana no para de jugar, mientras su tutora asegura que esa es su manera de \u201ctrabajar\u201d en el centro veterinario todo el d\u00eda. A donde va Manuela, va Almoj\u00e1bana.\u00a0 \u201cEs una perrita \u2018chambeadora\u2019\u201d,<\/em> exclama.<\/p>\n
La perrita se le echa entre las piernas a su ama, gira la cabeza, respira jadeante de tanto voltear para all\u00e1 y para ac\u00e1. \u201cMi perra es rayadita: persigue a los gatos cuando est\u00e1 en la calle\u201d. <\/em>Mientras Manuela hace esa afirmaci\u00f3n, Almoj\u00e1bana la mira de reojo, como exclamando: \u00bfPor qu\u00e9 dices esas cosas de m\u00ed? Y mueve la boca como si se estuviera ri\u00e9ndose de su ama.<\/p>\n
\u201cEn la casa, con las gatas, es groserita. Ladra, pero no muerde. Una vez una de ellas levant\u00f3 la pata, como si fuera a darle un zarpazo y la perrita se puso a llorar\u201d,<\/em> recuerda Manuela.<\/p>\n
La ama de Almoj\u00e1bana es groomer<\/em>, como se les denomina ahora a los peluqueros para perros. Le pasa las yemas de los dedos suavemente por la cabeza y dice: \u201clo que m\u00e1s me gusta es su copete con remolino y que es crespita, como yo\u201d.<\/em><\/p>\n
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Intenta hacer un juego con palabras y buscar aquellos que hubieran sido los posibles nombres de los fallecidos cachorritos en los hechos de la quebrada del Popular 1. Y si su perra, la madre de los peque\u00f1os se llama ahora Almoj\u00e1bana, es posible que los chicos, si hubieran sobrevivido, se llamaran bu\u00f1uelo o palito de queso. Almoj\u00e1bana esta ahora a su lado porque Manuela sab\u00eda, al tomar la decisi\u00f3n de adoptarla, que una iba a ser la compa\u00f1\u00eda de la otra: \u201cEs un hijo, para vivir muy buena vida, para comer mejor, para dormir mejor. A los perros solo les falta hablar, pero saben entender\u201d.<\/em><\/p>\n
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Los bomberos y su labor silenciosa por los animales<\/strong><\/h3>\n
Ella hace honor a quienes adoptan perros en Medell\u00edn que, en cada una de las nueve estaciones de bomberos, los rescatistas convivan sus jornadas de 24 horas, cada una, con un perro rescatado en situaciones de emergencia en el pasado y que termina siendo adoptado por quienes le salvaron la vida.<\/p>\n
En la estaci\u00f3n Libertadores, Esmeralda se echa apaciblemente junto a la puerta de la oficina del capit\u00e1n Yeison Bland\u00f3n que como coordinador operativo del Cuerpo Oficial de Bomberos Medell\u00edn, a cada minuto debe contestar el radio, el tel\u00e9fono m\u00f3vil y el fijo. Entra un bombero a su oficina y el capit\u00e1n le pide firmar una planilla de labores, otro viene para estrecharle la mano.<\/p>\n
Capit\u00e1n de Bomberos, Yeison Bland\u00f3n<\/p><\/div>\n
\u201cHable con el capi\u201d,<\/em> le indica Bland\u00f3n a un bombero a trav\u00e9s del celular. Y contin\u00faa impartiendo instrucciones como utilizando claves: \u201cR10 de R17, que recoja la R10\u201d<\/em> -y le insiste respetuosamente a su interlocutor- De CB1 recoge R10 y traiga la R3 aqu\u00ed\u201d.<\/em><\/p>\n
Bland\u00f3n est\u00e1 con el organismo de socorro hace 26 a\u00f1os. Encontr\u00f3 su vocaci\u00f3n de servicio a los 7, cuando su padre, el bombero Roberto de Jes\u00fas Bland\u00f3n Garc\u00eda, lo llev\u00f3 a una sesi\u00f3n de formaci\u00f3n de rescatistas en la estaci\u00f3n Guayabal. Tiene vivo el recuerdo del cuerpo de su padre cayendo valientemente desde las alturas a un gran colch\u00f3n, como parte del entrenamiento.<\/p>\n
\u201cComo bomberos, damos el todo por el todo. Nos enfrentamos a la vida y a la muerte. Siempre hay que pasar la hoja\u201d,<\/em> reflexiona el capit\u00e1n, mientras sigue sonando el radio de comunicaciones y el celular, casi que al mismo tiempo.<\/p>\n
Cuenta que fue personal antiguo el que decidi\u00f3, en su momento, llevar perros recuperados en rescates de emergencia a las estaciones y adoptarlos por voluntad propia. \u201cEsmeralda se acuesta en las camas de los bomberos. Es un amor. Al que llega le volea la cola. Es un ser humano\u201d,<\/em> recalca el capit\u00e1n.<\/p>\n
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Si en Libertadores vive Esmeralda, en la estaci\u00f3n Guayabal est\u00e1 Hacha y en Caribe permanece Halligan, un pastor alem\u00e1n. En los dos \u00faltimos casos, los rescatistas bautizaron a los perritos adoptados con nombres de herramientas que utilizan en su diaria labor para salvar vidas. Incluso, en otra de las estaciones, al perro le pusieron por nombre Era, que son las iniciales del equipo de respiraci\u00f3n aut\u00f3noma.<\/p>\n
A Esmeralda la rescat\u00f3 la central de bomberos Libertadores, hace 12 a\u00f1os, en el r\u00edo Medell\u00edn. El capit\u00e1n cuenta que la perrita se qued\u00f3 en la estaci\u00f3n por votaci\u00f3n de los bomberos. \u201cEs la consentida. Es parte de nosotros. Cada quincena, 33 bomberos que estamos aqu\u00ed sacamos plata de nuestro propio bolsillo para sostenerla\u201d,<\/em> precisa Bland\u00f3n.<\/p>\n
El capit\u00e1n sigue impartiendo instrucciones v\u00eda radio, v\u00eda celular: \u201cLa R10 queda en servicio, vaya a CB1, recoja al conductor, recoja la R10 y la llevan a CB3\u201d. <\/em>Termina de contestar el radiotel\u00e9fono y el celular. Se acerca a su memoria la imagen de su antigua perrita Mini. El capit\u00e1n abre con su coraz\u00f3n ese recuerdo-: \u201cEra de la calle. Me dio cari\u00f1o y amor<\/a>\u201d.<\/em><\/p>\n
Mini muri\u00f3 el a\u00f1o pasado, en agosto, de viejita. Sentado en su escritorio, Bland\u00f3n entra en un inesperado silencio. Su ojo derecho se vuelve agua. El izquierdo est\u00e1 cubierto por sus dedos. S\u00fabitamente los dos enrojecen. Los frota suavemente y deja caer peque\u00f1as l\u00e1grimas. El capit\u00e1n llora unos cuantos segundos. Dentro de su alma solo queda el vac\u00edo.<\/p>\n
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Manuela recibe con felicidad y calidez, la mirada fija de Almoj\u00e1bana, que entrega ternura y fidelidad, igual que sucede con la mirada de Juan Alfonso y Mamba, la del amor a primera vista; as\u00ed como con la del capit\u00e1n Bland\u00f3n y su Mini, a la que recuerda con l\u00e1grimas en la estaci\u00f3n Libertadores.<\/p>\n
En cada una de esas miradas, se desata la coral canina de La Perla, el amor que hay en el coraz\u00f3n de cada perro en cualquier rinc\u00f3n del mundo. Es que, en esta ocasi\u00f3n, ojos ves, coraz\u00f3n que s\u00ed sab\u00e9s.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"
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