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Mediante la estrategia Decididas, en 2025 la Alcaldía de Medellín acompañó a 1091 mujeres para fortalecer su autonomía económica y, de esta manera, la posibilidad de tomar decisiones. Una de ellas es María Enoris Garzón. “Estos espacios son salvavidas que le devuelven a una mujer la fe en sí misma”, dice ella en su valiente testimonio. “Hoy estoy aquí con esta voz que tiembla, pero que ya no calla. No he solucionado toda mi vida, pero recuperé algo: mi derecho a ser yo, a soñar un futuro que no tenga miedo”.
Estas palabras son de María Enoris Garzón, habitante de Medellín y participante de Decididas, estrategia de la Alcaldía que brinda acompañamiento integral a mujeres para fortalecer su autonomía económica con procesos de formación, orientación y asesoría personalizada.
La estrategia es parte del proyecto Promoción de la Autonomía Económica para las Mujeres y está dirigida a mayores de edad. Entre ellas, mujeres rurales, jefas de hogar, jóvenes, adultas mayores, indígenas, cuidadoras, recicladoras, firmantes de paz, víctimas de violencias o del conflicto armado y trabajadoras informales.
En 2025, mediante la Secretaría de las Mujeres, la Alcaldía acompañó a 1091 decididas de la ciudad. En diciembre, en un acto en el Teatro Pablo Tobón Uribe, el Distrito les entregó un reconocimiento a 600 de ellas. En el grupo estuvo María Enoris, quien dio su valiente testimonio:
“Antes que nada, agradezco esta oportunidad de estar aquí, agradezco al señor alcalde por su presencia y, sobre todo, a cada una de las mujeres. No soy una experta; soy una más. Solo vengo a contarles lo que esos talleres, esos encuentros, significaron para mí.
Antes de llegar al primer taller, yo ya sabía lo que era el cansancio que no se quitaba con dormir: era un cansancio del alma. Había aprendido a hacerme pequeña, a creer que los gritos eran discusiones normales y que la tensión constante era el precio a pagar por una familia unida. Me había convencido de que aguantar era sinónimo de fortaleza, que callar era dignidad. Mi mundo se encogió.
Llegué al primer encuentro con miedo, con la sensación de estar haciendo algo malo, prohibido; como traicionar un secreto que todo el mundo veía, pero del que nadie habla. Y entonces me encontré con un círculo de sillas, y en ellas, mujeres. Mujeres con ojos como los míos: cansados, vigilantes, un poco perdidos. No nos dieron un discurso; nos dieron un espacio.
En esos talleres no nos enseñaron a odiar a los hombres; nos enseñaron a encontrarnos a nosotras mismas. Un día, hablando de la palabra autonomía y del porqué nos costaba tomar decisiones simples, me di cuenta: autonomía era simplemente recordar que tenía derecho a querer algo para mí, a escuchar la música que me gustaba – que incluso había olvidado cuál era –. Recordar que mi opinión y mi tranquilidad valían, que los celos no son una prueba de amor, sino de control.
Aprendí a nombrar las cosas: eso que yo llamaba ‘un mal día’ era violencia psicológica, eso que justificaba como ‘un arranque’ era agresión. Ponerle el nombre correcto le quitó poder al monstruo.
Aprendí de economía, no con términos complicados, sino entendiendo que tener, aunque sea un pequeño ahorro, es autonomía; que conocer cómo funcionan las cuentas es un salvavidas.
Y también aprendí que podía crear algo propio. De esos aprendizajes fortalecí mi emprendimiento, que es fabricar camas para mascotas. Puede parecer pequeño, pero para mí es enorme. Cada cama que coso no es solo un producto; es un pedacito de libertad, una prueba de que sí puedo generar ingresos, tomar decisiones y construir algo con mis manos. Ese emprendimiento es una parte de mi proceso de sanación y de recuperación de mi valor.
Aprendí sobre redes de apoyo. Señor alcalde, le digo esto no solo como testimonio, sino como una petición hecha carne: estos espacios salvan vidas. No exagero. Son salvavidas que le devuelven a una mujer la fe en sí misma, las ganas de vivir, la certeza de que merece algo mejor.
Hoy estoy aquí con esta voz que tiembla, pero que ya no calla. No he solucionado toda mi vida, pero recuperé algo: mi derecho a ser yo, a soñar un futuro que no tenga miedo. Mujeres, todo esto me pasó – y mucho más – después de 28 años de casada con maltrato psicológico, económico, físico y sexual. Les digo: si alguna de ustedes se siente como yo me sentí, busquen estos espacios. Es un acto de valentía, pero, sobre todo, un acto de amor propio. Ustedes no están rotas; están heridas. Y siempre les digo: mírense en un espejo y díganse: yo soy importante”.
Durante este evento de la estrategia Decididas, el alcalde, Federico Gutiérrez, destacó el rol clave de las mujeres en la transformación de la ciudad: “A Medellín la han sacado adelante las mujeres. Hace 30 años esta era la ciudad más violenta del mundo y quienes más sufrieron fueron las mujeres. Quedaron solas, criando a sus hijos o los perdieron, pero salieron adelante pese a las dificultades. Y si solas fueron capaces, ahora imagínense con un apoyo inicial. De esto se trata. Estoy convencido de que lo que tiene que hacer la Alcaldía es darles el impulso para que ustedes tomen la decisión”.
El proceso de Decididas se desarrolló en tres fases: la sensibilización abordó la reflexión sobre derechos, el cuidado y la autonomía; la orientación se centró en la toma de decisiones y la definición del proyecto de vida, y el acompañamiento ofreció asesorías individuales y grupales y formación en habilidades digitales, financieras y administrativas para facilitar el acceso al empleo, impulsar iniciativas productivas y fortalecer emprendimientos.