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El agua siempre ha sido el punto de encuentro. En ella nacen historias, se forma el carácter y se tejen sueños que, aunque parezcan lejanos, encuentran el camino para h...
El agua siempre ha sido el punto de encuentro. En ella nacen historias, se forma el carácter y se tejen sueños que, aunque parezcan lejanos, encuentran el camino para hacerse realidad. Desde Leticia, en el corazón del Amazonas, hasta Medellín, una ciudad que respira deporte, llegó una delegación pequeña en número, pero inmensa en valentía, disciplina y amor por la natación.

Por primera vez, el club Acuatic Zone del Amazonas participó en el Festival de Festivales, en Medellín, uno de los eventos deportivos infantiles más importantes de la ciudad, en la categoría baby natación. Al frente de este sueño viajaron Alonso Ricardo Segura, entrenador del club y su esposa Emilia Morante Teteye, delegada y entrenadora del equipo, quienes acompañaron a tres niñas y un niño que hoy representan la esperanza deportiva de una región que entrena, muchas veces, en condiciones tan desafiantes como inspiradoras.
El deporte los unió para siempre
La historia de Alonso y Emilia no comienza en una piscina ni en una competencia. Inició hace más de 30 años, cuando el deporte los unió para siempre. Ambos son egresados de la Escuela Nacional del Deporte de Cali y fue allí, entre clases, entrenamientos, bailes y pasillos llenos de sueños, donde tuvieron su primer contacto.

“Nos conocimos en la universidad, ella haciendo el penúltimo semestre y yo el último. Empezamos a hablar, a salir, y el deporte fue lo que nos unió”, recuerda Alonso. Desde entonces, han construido una vida en común alrededor de la actividad física, la formación deportiva y el acompañamiento a niños y jóvenes.
Esa misma pasión la han transmitido a su familia. Alonso, ha visto cómo el deporte también transformó la vida de sus hijas. “Mi hija mayor estudia ingeniería ambiental en Cali y la menor está estudiando psicología en Puerto Rico, gracias a una beca que se ganó por la natación. El deporte abre puertas, abre la mente y abre caminos que uno ni se imagina”.
Emilia, además de entrenadora, es madre, docente, fundadora de la Liga de Natación del Amazonas e hija de una líder indígena: “Mi mamá es la última princesa, ahora señora, de la etnia Bora”. Su historia personal está profundamente ligada al territorio, a la educación y a la defensa del deporte como herramienta de transformación social.
Entrenar donde el río lo enseña todo
En Leticia, la natación no se aprende como en otras ciudades. Allí, el escenario principal es el río Amazonas, uno de los más grandes y caudalosos del mundo. Un lugar imponente, hermoso y, al mismo tiempo, peligroso.
“Tratamos de ir una o dos veces al mes al río, y también entrenamos en piscina. Hay que tener mucho cuidado, manejar la seguridad, pero aprovechamos la fuerza que da nadar allí”, explica Alonso.
Los entrenamientos exigen mayor concentración, disciplina y acompañamiento constante, pero también fortalecen habilidades únicas. “Los chicos crecen sin miedo al agua. Eso se nota”, añade Emilia.
Sin embargo, el cambio no siempre es sencillo. Pasar de la tranquilidad del Amazonas a escenarios deportivos llenos de ruido, gritos y pitos puede ser abrumador. “Venimos de un entorno muy tranquilo, muy verde, muy calmado. Aquí todo es pavimento y bulla, y eso al principio agobia a los niños, pero hemos trabajado mucho ese proceso, también somos como sus psicólogos”, cuenta Emilia con orgullo.
Un viaje posible gracias al apoyo institucional

Llegar a Medellín no fue fácil. El trayecto es largo, los recursos son limitados y las oportunidades pocas. Por eso, esta participación tiene un valor aún mayor. “Es la primera vez que estamos en esta competencia y estamos muy contentos. El nivel es bastante bueno y la verdad nos ha ido muy bien”, expresa Alonso.
El viaje fue posible gracias al apoyo de la nueva administración del Amazonas, que patrocinó el desplazamiento y permitió realizar un proceso de selección justo y transparente. “De más de 60 niños hicimos un selectivo y solo cuatro lograron venir. Esperamos que el próximo año sean más”, cuenta el entrenador, resaltando que detrás de cada cupo hay esfuerzo, compromiso y sueños compartidos por toda una comunidad.
La competencia como escenario de aprendizaje
En el agua, los niños demostraron no solo talento, sino carácter. Cada prueba es una oportunidad para aprender, mejorar marcas y enfrentar nuevos retos.
Uno de los protagonistas es Andrés Felipe Rodríguez López, un niño de 10 años que llegó primero en su serie, mejorando sus tiempos y demostrando seguridad en el agua.

“Me he sentido muy bien, he superado unas marcas y hay mucha competencia acá”, cuenta Andrés con serenidad. Para él, el viaje también fue un sueño cumplido: “Yo quería viajar a Medellín, no había venido. Me siento bien acá, la ciudad es muy chévere y no hace tanto calor como en Leticia”.
Sobre el complejo acuático, su respuesta es clara y sincera: “Es un lugar muy bonito”. Y cuando se le pregunta qué consejo le daría a otros niños, no duda en decir: “Que lo intenten. Es muy divertido. A veces uno sale muy cansado, pero es un reto muy chévere y un gran logro”.
Más que nadadores, formadores de vida
Emilia lo resume con claridad: “Este tipo de eventos son una cantera de proyecciones competitivas. Aquí empiezan las selecciones de los departamentos”.
Por eso, para ellos no se trata solo de ganar, sino de sembrar. De mostrarles a los niños que pueden aspirar a más, que su origen no limita su futuro y que el deporte puede ser un puente hacia la educación, los viajes y nuevas oportunidades.
“De 200 chicos que querían venir, solo cuatro pudieron hacerlo. Fue un proceso difícil, pero justo. Llegaron niños de todas las comunidades, de todos los clubes, y sabían que solo cuatro iban a sonar”, explica Emilia.
Medellín, una ciudad que recibe con los brazos abiertos
Para Alonso, volver a Medellín fue especial: “Es una ciudad hermosa, con un clima espectacular. Me gusta mucho la atención y la amabilidad de su gente”.
El complejo acuático César Zapata de la unidad deportiva Atanasio Girardot de nuestra ciudad, remodelado el año pasado por la Alcaldía de Medellín, fue una inspiración para soñar en grande: “Es maravilloso poder nadar en un espacio así. Eso nos motiva a que, con lo poquito que tenemos allá, empecemos a crear con mayor proyección”.
Historias como las de Alonso, Emilia y los niños del Amazonas demuestran que el deporte es mucho más que competencia. Es amor, esfuerzo, disciplina y oportunidad. Es una forma de construir futuro y de creer que los sueños, como el agua, siempre encuentran su camino.
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