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Por tercer año consecutivo, la Alcaldía de Medellín implementa el proyecto “Oportunidad educativa para la vida”, una iniciativa del Programa Agropecuario Distrital para educar desde edades tempranas en temas como soberanía alimentaria, economía solidaria y sostenibilidad y desarrollo del campo. Más de mil niños y niñas rurales se han beneficiado.
La educación rural y el campo en Medellín siguen fortaleciéndose gracias a iniciativas que conectan el saber con la práctica, como el proyecto “Oportunidad educativa para la vida” en el que participan cientos niños de diferentes instituciones educativas de los cinco corregimientos de la ciudad, quienes desarrollan y mantienen espacios de agricultura vertical, como los cultivos hidropónicos, y lombricultivos.
La Alcaldía de Medellín ha invertido 160 millones de pesos en esta iniciativa, que desde el 2024 se ha implementado en más de nueve instituciones educativas. Cada sede recibe la infraestructura, maquinaria, equipos, insumos y capacitación necesaria para poner en marcha un cultivo hidropónico de lechugas u otras hortalizas o plantas aromáticas, y un lombricultivo para la generación de abono. Además, también reciben acompañamiento constante durante toda la implementación.
“Este proyecto, que hace parte del Programa Agropecuario Distrital 2024–2027, es una apuesta estratégica por el relevo generacional en el campo. Estamos formando a niños, niñas y jóvenes rurales con herramientas prácticas que fortalecen su arraigo al territorio, promueven la sostenibilidad y abren oportunidades reales para que vean en el campo un proyecto de vida viable y digno”, explicó la secretaria de Desarrollo Económico, María Fernanda Galeano Rojo.

La I.E. Héctor Rogelio Montoya, de San Sebastián de Palmitas, es una de las beneficiarias. Un segmento de su zona verde se convirtió desde hace tres años en un laboratorio vivo de innovación y sostenibilidad. Allí está la infraestructura de agricultura vertical eficiente para los cultivos hidropónicos, y justo al lado, en una especie de resguardo artesanal, está el lombricultivo.
Una de las bondades del proyecto es que no es solo teórico, la experiencia de aprendizaje trasciende el aula y se materializa en la cotidianidad de la institución educativa. Hace apenas unas semanas que los estudiantes tuvieron la oportunidad de cosechar cerca de 250 lechugas después de un proceso de cultivo de varias semanas, luego las limpiaron y las empacaron cuidadosamente para vendérselas a los padres de familia de toda la institución. Pronto volverán a sembrar, ya sea más lechugas o plantas aromáticas o medicinales, aún no lo han decidido, por ahora están dedicados a cuidar su lombricultivo.

José David, Isabela y Miranda son estudiantes de quinto de primaria y con el acompañamiento y liderazgo de su profesor Didier David Cataño han trabajado durante todo el año, junto con sus compañeros de grado, en este proyecto. Los tres nos guían en un recorrido en el que nos explican minuciosamente el proceso que han seguido para lograr reproducir a las lombrices, que a su vez producen el abono orgánico que posteriormente van a comercializar. Entre todos lo surten con residuos del restaurante escolar, usan la máquina trituradora, mezclan y humectan el cultivo, organizan las canastas donde lo van multiplicando, limpian y cuidan el lugar. Cada uno tiene un rol y todos saben que deben trabajar en equipo para conseguir los resultados.
“Este tipo de proyectos son transversales y preparan a los estudiantes para el futuro, no solo se integran a la formación en ciencias naturales, sino que les enseñan el valor de la economía solidaria y el impacto positivo que pueden generar en sus propias familias y comunidades al propender por su soberanía alimentaria de forma sostenible y responsable con su entorno”, explica el profesor Didier David Cataño.

Juan Sebastián Agudelo fue uno de los estudiantes más participativos en el cultivo de la lechuga, así que nos explica cómo funciona toda la instalación de tuberías verdes por donde llega el agua y los nutrientes que les dan vida a las semillas, cómo funciona el tanque y cómo distribuían las labores con todos los compañeros de curso. ¿Y qué van a hacer con la plata de las lechugas que vendieron?, les preguntamos, “vamos a guardar una parte porque queremos hacer una ceremonia especial de grados a final de año, y vamos a volver a comprar varias cositas para sembrar para vender más”, dijo sin titubeos.

En total 1.025 niños, niñas y jóvenes se han beneficiado entre 2024 y 2026 con este proyecto pedagógico productivo, una apuesta del Distrito que tiene un impacto significativo en la visión de ruralidad que tiene Medellín.
“Las estrategias que promueven la complementariedad generacional en el campo son cruciales para que podamos avanzar hacia una nueva ruralidad en la que los jóvenes integren prácticas de agricultura, saberes ancestrales y tecnología para mejorar su productividad, su economía y su calidad de vida, a la vez que aportan a la construcción de ciudad, porque los corregimientos son Medellín”, afirmó el gerente de Corregimientos Andrés Felipe López Vergara.