Alcaldía Sala de Prensa Noticias “No tenemos que esperar a que se nos pare la mitad del rostro para reconocernos”: la historia de Mariana Yepes, una joven de Medellín que asumió el cuidado como propósito de vida

“No tenemos que esperar a que se nos pare la mitad del rostro para reconocernos”: la historia de Mariana Yepes, una joven de Medellín que asumió el cuidado como propósito de vida

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Medellín en Historias | Secretaría de las Mujeres
Por: Por: Tatiana Blavín. Fotos: Tatiana Balvin y Secretaría de las Mujeres. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo |

En 2020, Mariana Yepes se graduó del pregrado en Comunicaciones. Y años más tarde fue reconocida como Mujer Talento 2025 por la Alcaldía de Medellín, gracias a su pr...

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  • En 2020, Mariana Yepes se graduó del pregrado en Comunicaciones. Y años más tarde fue reconocida como Mujer Talento 2025 por la Alcaldía de Medellín, gracias a su proyecto Alas Púrpuras. A Mariana Yepes la vida no le pidió permiso. Le cambió el ritmo, el cuerpo y las certezas.

    A Mariana Yepes la cotidianidad la obligó a detenerse. No por elección, sino por el peso de un diagnóstico que llegó cuando apenas comenzaba a construir su camino. Tenía 18 años cuando una enfermedad llamada porfiria intermitente aguda apareció en su vida, -que se caracteriza por la no producción de una enzima en el cuerpo, que hace que se acumulen sustancias químicas tóxicas  en el organismo llamadas porfirinas- lo que no solo afectó su salud, sino que transformó su manera de habitar el mundo.

    Hubo un momento en el que su cuerpo dejó de responder. Cuatro meses hospitalizada, un mes en cuidados intensivos y un año entero de rehabilitación para volver a moverse. Pero más allá del dolor físico, lo que marcó su historia fue otra cosa: entender que no tenía que tocar fondo para empezar a cuidarse.

    “Tuve que aprender a priorizarme, a entender que no tengo que perder la movilidad de mi cuerpo para darme cuenta de que soy importante. Muchas personas viven sin reconocerse hasta que algo muy fuerte pasa”, cuenta Mariana.

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    De ese proceso nació Alas Púrpuras, un proyecto que comenzó como un espacio de acompañamiento para pacientes con porfiria, pero que con el tiempo se transformó en algo mucho más amplio: una apuesta por la medicina preventiva, el bienestar y el cuidado cotidiano.

    Lo que empezó con talleres de arteterapia y comunicación para resignificar el diagnóstico, hoy es una comunidad que invita a hacerse preguntas simples, pero profundas: ¿ya te cuidaste hoy?, ¿ya te diste las gracias por estar bien?, ¿qué acto de cuidado hiciste por ti? “Siempre hacemos esa pregunta: ¿qué acto de cuidado has hecho por ti? Son pequeños pasos que generan grandes cambios. A veces se nos olvida que cuidarnos también es una prioridad”, explica.

    Su proyecto también tomó forma en objetos concretos: imanes que se pegan en la nevera, ese lugar donde están los recordatorios más importantes del hogar. Pero esta vez, no para anotar pendientes, sino para recordar algo distinto: que una también es importante.

    De profesión Mariana es comunicadora social egresada de la Universidad de Antioquia y lideresa social. Su trayectoria combina el trabajo social con el desarrollo profesional en el campo de la comunicación. Además de liderar Alas Púrpuras, Mariana ha consolidado la agencia Los Parceros de la Publicidad, desde donde acompaña a organizaciones en sus procesos comunicativos.

    Pero más allá de lo que estudió y a lo que se dedica laboralmente, Mariana entiende su historia como un punto de quiebre que le permitió encontrar su propósito. “Siento que, sin la porfiria en mi vida, no hubiera encontrado lo que vine a hacer. Es un regalo mal envuelto que me enseñó a vivir desde el cuidado”, afirma.

    En 2025, su trayectoria fue reconocida en la convocatoria Estímulos a los Talentos y Liderazgos de las Mujeres de Medellín, en la categoría de liderazgo social, político y comunitario de Mujeres Jóvenes Talento. Más allá del reconocimiento, el proceso fue, para ella, un espacio de aprendizaje y conexión. “Yo ya me sentía ganadora antes de escuchar mi nombre. Conocí mujeres increíbles, aprendí cosas maravillosas y entendí que lo que estamos haciendo tiene sentido. Ese reconocimiento no es solo mío, es de todas las mujeres que han aprendido a ponerse de primeras”, recuerda.

    El estímulo económico que recibió no fue un punto de llegada, sino una herramienta para seguir avanzando. Lo invirtió en fortalecer su proyecto, mejorar sus procesos y amplificar un mensaje que considera urgente: el cuidado no puede seguir siendo lo último en la lista.

    Historias como la de Mariana son las que hoy busca visibilizar la convocatoria Estímulos a los Talentos y Liderazgos de las Mujeres de Medellín 2026, una iniciativa de la Secretaría de las Mujeres en alianza con la Fundación Grupo EPM, que abre un nuevo llamado para reconocer trayectorias que transforman la ciudad desde distintos ámbitos.

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    La convocatoria estará abierta hasta este 5 de junio y contempla dos líneas: Mujeres Jóvenes Talento (de 14 a 28 años) y el Reconocimiento al Liderazgo de las Mujeres (mayores de 29 años), con categorías que abarcan desde el liderazgo social y comunitario hasta la ciencia, el arte, el deporte y el emprendimiento.

    Cada categoría contará con un estímulo de $9.500.000, además de procesos formativos como el Seminario de Igualdad de Género, que busca fortalecer las capacidades y proyectar los liderazgos participantes.

    En su edición anterior, la convocatoria alcanzó un récord de 638 inscritas, reflejando una ciudad donde cada vez más mujeres deciden contar sus historias, reconocer su valor y transformar sus realidades.

    Para Mariana, el mensaje es claro: “No se trata solo de ganar un reconocimiento. Se trata de creer en lo que estás haciendo, de entender que tu historia puede ayudar a otras personas y de darte el lugar que mereces. A veces estamos esperando demasiado para priorizarnos”.

    Tuvo que asimilar muchos procesos para que ahora su testimonio ya no se identifique desde el dolor, sino desde la conciencia. Desde ese lugar donde el cuidado deja de ser una reacción ante la crisis y se convierte en una decisión diaria. Ahora, Alas Púrpuras sigue creciendo. Con talleres, con encuentros, con conversaciones. Con mujeres que llegan buscando respuestas y encuentran, en cambio, nuevas preguntas.

    Ella confirma que sí es posible volver a empezar. “Hay vida después del dolor”, afirma. Y por esto, desde esa convicción, está convencida de que seguirá acompañando a quienes atraviesan situaciones difíciles, utilizando la comunicación, la educación y la salud como herramientas para inspirar, sanar y construir nuevas formas de habitar la vida.

    Porque, como ella misma lo dice: “No debería ser necesario tocar fondo para empezar a reconocerse”. 


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