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Hay mañanas en San Sebastián de Palmitas en las que llegar al colegio no depende solo de alistar el uniforme, tomar el morral y salir de casa. Para muchos estudiantes de este corregimiento, el camino a la institución educativa sin transporte escolar, podría tomar mucho más tiempo o representar un gasto diario difícil de asumir para sus familias.
Cuando la ruta escolar llega a la puerta o al punto de encuentro, no solo recoge estudiantes. También acerca la escuela a quienes viven en zonas donde la distancia puede convertirse en una barrera para estudiar.
Juliana Cano, estudiante de la Institución Educativa Héctor Rogelio Montoya, lo cuenta desde su experiencia. Vive en San Sebastián de Palmitas y, aunque su casa no está tan lejos del colegio, sabe que para otros compañeros el recorrido es distinto.

“Realmente es muy importante porque por el transporte y por los beneficios que nos da, llegamos temprano a clase. Hay personas que viven demasiado lejos y no les daría para venir o para pagar un transporte todos los días para poder estudiar”, dice Juliana.
En este corregimiento, donde gran parte del territorio es rural y las viviendas están distribuidas entre diferentes veredas, el transporte escolar se convierte en una estrategia de permanencia educativa. Su propósito es que niñas, niños y jóvenes puedan asistir a clase de manera organizada, segura y puntual, incluso cuando viven lejos de la centralidad.
La Institución Educativa Héctor Rogelio Montoya atiende a estudiantes de las ocho veredas de San Sebastián de Palmitas. Allí, la ruta escolar hace parte de la rutina diaria de la comunidad educativa. Según la coordinadora de la institución, Eustaquia Palacios Heredia, la docente Adriana Isabel Restrepo Pérez y la estudiante Juliana Cano, hablan de este beneficio que actualmente reciben 480 estudiantes, en donde destacan el mejoramiento de la calidad de vida para los estudiantes y las familias, garantizar el acceso a la educación a quienes viven en veredas o territorios alejados de la centralidad, para que todos puedan venir al colegio a estudiar de manera organizada y puntual, por lo cual expresan su gratitud con la Alcaldía de Medellín
En ejercicios realizados con padres de familia, algunos acudientes que también estudiaron en la institución han contado cómo eran los recorridos años atrás. Salían de sus casas desde muy temprano y, en algunos casos, podían tardar varias horas caminando para llegar a clase. Hoy, de acuerdo con la institución, incluso las rutas más largas pueden tomar cerca de 25 minutos.
Para la docente Adriana Isabel Restrepo Pérez, el transporte escolar tiene un efecto directo en la permanencia educativa. Ella también destaca un aspecto que también hace parte de la vida comunitaria y es que los conductores y monitoras son personas del territorio, lo que genera confianza en las familias y aporta al empleo local.
“Las familias se sienten seguras y pueden mandar a sus hijos con tranquilidad al colegio. Además, el transporte escolar también es un espacio de integración social”, afirma.

La Alcaldía de Medellín, a través de la Secretaría de Educación y la Gerencia de Corregimientos, fortalece el transporte escolar como una estrategia para garantizar el acceso y la permanencia de estudiantes de instituciones educativas oficiales que enfrentan dificultades en su desplazamiento diario.
En 2026, el servicio en modalidad contratada beneficia a 10 809 estudiantes de 48 instituciones educativas oficiales, con cobertura en comunas y corregimientos del Distrito. La estrategia prioriza zonas rurales y sectores con menor oferta educativa y cuenta con una inversión superior a los $59 000 millones.

En los corregimientos, donde se registran alrededor de 4300 beneficiarios, esta estrategia tiene un papel clave. Allí, las condiciones geográficas, la dispersión de las viviendas y las distancias entre las veredas y las instituciones educativas hacen necesario un trabajo articulado para responder a las necesidades de cada territorio.
Cada mañana, cuando los buses llegan a la Institución Educativa Héctor Rogelio Montoya, también llega una parte de la historia de sus veredas. Llegan estudiantes que se levantaron temprano, familias que confiaron el traslado de sus hijos y una comunidad educativa que entiende que la permanencia escolar se construye con apoyos concretos.

Para Juliana, la ruta tiene un significado sencillo y directo: le permite llegar a tiempo, estudiar y cumplir con sus responsabilidades. “Muchas gracias a la Alcaldía de Medellín, porque gracias al transporte escolar puedo llegar temprano a clases y puedo cumplir mis tareas y mis responsabilidades”, dice.
En San Sebastián de Palmitas, el transporte escolar hace parte de ese camino diario hacia la educación. Un camino que no siempre es corto, pero que, con esta estrategia, se vuelve más posible para quienes viven en la ruralidad de Medellín.