Alcaldía Sala de Prensa Noticias Cuando el barrio se cuenta a sí mismo: Manrique se convierte una experiencia turística

Imagen panorámica de Manrique

Cuando el barrio se cuenta a sí mismo: Manrique se convierte una experiencia turística

Contenido asociado a:

Pertenece a las secretarías:

Secretaría de Turismo y Entretenimiento
Por: Secretaría de Turismo y Entretenimiento - Paula Andrea Yepes Gómez |

En Manrique, el turismo no empieza con una maleta, empieza mucho antes: en una calle conocida por sus vecinos, en una conversación en la esquina, en el sonido de un tang...

Compartir en:
  • En Manrique, el turismo no empieza con una maleta, empieza mucho antes: en una calle conocida por sus vecinos, en una conversación en la esquina, en el sonido de un tango que se escapa de una ventana, en los sabores que sobreviven de generación en generación y en las historias que han construido la memoria de un barrio.

    También empieza cuando la comunidad decide qué quiere mostrar de su territorio. Ese es, quizás, uno de los sentidos más visibles del Presupuesto Participativo: convertir las decisiones de la ciudadanía en acciones que permanecen en los barrios. En la Comuna 3-Manrique, esa decisión tomó forma a través de una apuesta por el turismo cultural y comunitario que hoy se materializa en “Vive Manrique”, un producto turístico que busca que la carrera 45 y sus alrededores sean reconocidos no solo por quienes viven allí, sino también por quienes llegan a Medellín con ganas de conocer otras historias de la ciudad.

    La iniciativa fue priorizada por la comunidad mediante recursos de Presupuesto Participativo y ejecutada por la Secretaría de Turismo y Entretenimiento de Medellín, cuyo propósito fue desarrollar estrategias de desarrollo turístico para el corredor de la carrera 45 y fortalecer allí el arte y la cultura.

    Pero antes de diseñar una ruta, había que mirar el territorio con otros ojos. Por eso, la primera gran tarea fue conocer quiénes ya estaban haciendo turismo, cultura, gastronomía y entretenimiento en Manrique.

    La Secretaría de Turismo y Entretenimiento caracterizó y georreferenció a 100 actores turísticos de la comuna, construyendo una base de información que permitió reconocer establecimientos, capacidades y oportunidades de articulación. El ejercicio incluyó restaurantes, establecimientos nocturnos, guías de turismo, sitios de interés cultural, agencias de viajes, empresas de transporte y hoteles.

    Imagen interior de la Casa Gardeliana

    Ese inventario era mucho más que un directorio, era una manera de decir que el turismo no llegó a Manrique desde afuera: ya existía en las personas, negocios, expresiones culturales y espacios que forman parte de la vida cotidiana del barrio.

    Con ese diagnóstico se construyó, además, un estudio de competitividad y estrategias de desarrollo turístico, acompañado de una hoja de ruta para orientar el posicionamiento del corredor de la 45.

    Ponerle nombre a lo propio

    En un proceso de estas características también era necesario construir una identidad, por eso nació el sello “Vive Manrique”, una estrategia para que la identidad no fuera simplemente una marca institucional, sino un símbolo apropiado por la propia comunidad: “un sello del barrio para el barrio”.

    Así, una de las acciones más importantes del proyecto fue transformar aquello que para un habitante puede parecer cotidiano en un relato capaz de despertar curiosidad en un visitante.

    Porque una pared pintada puede ser simplemente una pared, pero también puede ser arte urbano. Una esquina puede ser una esquina, o puede ser el lugar donde una historia familiar se convirtió en memoria colectiva. Un restaurante puede alimentar, o puede contar, a través de sus sabores, una parte de la identidad del barrio.

    Los caminos para descubrir Manrique

    El resultado más visible de este proceso es “Vive Manrique”, la cuarta guía turística de Medellín, que propone recorrer la comuna a través de cinco recorridos turísticos. La guía invita a descubrir el territorio desde el arte urbano, la música, la gastronomía local y los espacios de memoria.

    La propuesta entiende el turismo como una experiencia de inmersión. El propio proyecto lo define como un producto turístico cultural de base comunitaria que articula rutas interpretativas para caminar, ver, escuchar, probar y sentir Manrique desde adentro. Allí confluyen el arte urbano, el tango, los sabores del barrio, los relatos de memoria y la noche como escenario de encuentro y expresión cultural.

    Esa mirada cambia la pregunta tradicional sobre qué puede ofrecer un barrio al turista. Ya no se trata solamente de mostrar lugares, se trata de permitir que el visitante comprenda por qué esos lugares importan.

    Imagen de personas caminando cerca a un mural

    El turismo también se aprende

    La transformación tampoco podía quedarse en una guía, por eso una de las apuestas centrales de la Secretaría de Turismo y Entretenimiento fue fortalecer las capacidades de quienes hacen parte del ecosistema turístico local: se desarrollaron 8 módulos formativos en los que participaron 94 personas vinculadas a 59 empresas y actores locales, mientras 33 personas fueron certificadas.

    El proyecto también contempló un portafolio de operadores para facilitar la comercialización de la oferta y mejorar la visibilidad del territorio. Es una tarea silenciosa, pero fundamental: preparar a quienes recibirán al visitante.

    Porque el turismo comunitario no se sostiene solamente con una ruta atractiva, necesita anfitriones, operadores, comerciantes y actores locales capaces de contar el territorio, prestar servicios de calidad y entender que la llegada de visitantes debe traducirse también en oportunidades para quienes habitan el barrio.

    De la guía a la calle

    La estrategia salió del papel y llegó al territorio, pues se realizaron 5 activaciones promocionales en el corredor de la carrera 45, además de dos Fam Trips: uno dirigido a periodistas y otro a operadores turísticos. Estas acciones buscaron poner a circular la nueva narrativa de Manrique y conectar la oferta local con públicos capaces de amplificarla.

    También hubo activaciones culturales en el corredor de la 45 y experiencias con públicos estratégicos, llevando música y baile a las calles y fortaleciendo el sentido de pertenencia y el cuidado del entorno.

    Es allí donde el Presupuesto Participativo adquiere una dimensión distinta: el recurso deja de ser una partida en un presupuesto y se convierte en una acción que puede verse, caminarse y vivirse. Se convierte en un camino que llega a las manos de un comerciante, en una ruta que puede recorrer un visitante, en una capacitación que fortalece a un prestador de servicios o en una identidad que la comunidad empieza a reconocer como propia.

    La entrega de materiales a la Junta Administradora Local y a la comunidad buscó garantizar que los resultados no quedaran únicamente en las instituciones.

    Se distribuyeron 200 guías turísticas “Vive Manrique” en español e inglés para la JAL, 200 para la Red de Turismo y 200 para comerciantes. También se entregaron ejemplares del estudio de competitividad y de los documentos relacionados con los íconos representativos, la estrategia de adopción del sello y el producto turístico.

    El propósito es que la promoción del territorio tenga muchos narradores y que cuando alguien pregunte qué hay para conocer en Manrique, la respuesta no salga solamente de una oficina pública.

    El resultado es “Vive Manrique”, pero el verdadero alcance está en lo que queda detrás de la guía: una comunidad reconocida como protagonista, un ecosistema turístico identificado, capacidades fortalecidas y una narrativa que pone en valor aquello que durante mucho tiempo estuvo allí, a la vista de todos, pero que ahora tiene nuevas maneras de ser contado.

    Manrique no necesitó inventarse otra historia, necesitó reconocerse en la que ya tenía.


    Acércate a la Alcaldía de Medellín

    Ir al contenido