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1 El hombre que le pinta el alma al Parque Norte

Arte silencioso: El hombre que le pinta el alma al Parque Norte

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Por: Por, Verónica Vélez Alzate|Fotografías: Verónica Vélez Alzate |

De la rudeza de la plomería a los trazos que le devolvieron el color al Parque Norte de Medellín En el Parque Norte, entre la riqueza de la vegetación nativa y la adre...

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  • De la rudeza de la plomería a los trazos que le devolvieron el color al Parque Norte de Medellín

    En el Parque Norte, entre la riqueza de la vegetación nativa y la adrenalina de las atracciones mecánicas, camina un hombre de 61 años, que lleva un universo entero en su mente y la paciencia del artesano en sus manos. Viste un uniforme azul oscuro, el distintivo oficial de su labor, aunque salpicado y matizado por una constelación de colores que narran, mejor que cualquier documento, la cotidianidad de su esfuerzo. Es John Wilson Quirama, el artista empírico que desde 2011 ha transformado la identidad visual de Metroparques.

    De la tierra húmeda al pincel: El origen de un artista

    Nacido en el frío paisaje de Santa Bárbara, Antioquia, el destino de “Quirama”, como es bien conocido en su lugar de trabajo, se trazó mucho antes de saber el significado de la palabra: artista. Su primer lienzo fue el barro. En la vereda de su infancia, con la naturalidad de un niño que juega, mojaba el piso de tierra de su casa y con una simple rama de árbol, dibujaba trazos efímeros que el viento o el sol secaban, pero que quedaron grabados de manera eterna en su memoria.

    2 El hombre que le pinta el alma al Parque Norte

    Ese talento innato no tardó en brotar con fuerza en su vida escolar. En la secundaria, los profesores se lo prestaban de salón en salón para que ilustrara los tableros. Era el reconocimiento temprano de una vocación inquebrantable. Con los años, la familia emigró a la ciudad. Allí, a sus 20 años, decidió perfeccionar aquel don empírico, ingresando a la Escuela de Artes Eladio Vélez, de Itagüí. Durante tres años no solo pulió su técnica de dibujo, sino que aprendió el secreto que define su obra: el poder de los matices y cómo la ilusión cambia la perspectiva de una obra.

    «Para mí, el arte es algo que no todos disfrutamos, porque la gente por lo general no se detiene a ver. En el oficio que sea, hay arte. Si uno se pone a buscarle forma a una sombra o a una mancha, ahí va a encontrar un significado. Esa es la diferencia de quien se fija en las cosas simples y efímeras del diario vivir. La gente de por sí no ve, pero uno sí.», expresa John Wilson Quirama.

    El plomero que guardaba un pintor en el alma

    Antes de pintar las fantasías de miles de visitantes en Medellín, la vida de John Wilson transcurría entre la plomería, oficio pesado al que dedicó más de dos décadas. Sin embargo, el pincel nunca se soltó del todo de sus dedos; alternaba la rudeza de los tubos y las redes hidráulicas con el lienzo doméstico en sus noches libres.

    El año 2011 le abrió un camino inesperado. Mientras realizaba trabajos de instalación de redes en el parque Tulio Ospina de Bello, un ingeniero que conocía su destreza le propuso un reto ajeno a su labor: pintar un mural infantil con temática marina. Entre tiburones, pulpos y peces, Quirama se mimetizó con la pintura. Fue en ese preciso instante cuando un funcionario de Metroparques vio su obra y le ofreció probar suerte en el Parque Norte para pintar otro mural.

    3 El hombre que le pinta el alma al Parque Norte

    Lo que inicialmente se pactó como un contrato temporal de dos meses, para un solo proyecto, se convirtió en su hogar laboral. Al caminar por el Parque Norte, comprendió que había un territorio inmenso por intervenir y rescatar del gris del tiempo. Decidió quedarse. Desde entonces, ha integrado el equipo de mantenimiento por más de quince años. En sus jornadas diarias, ver su silueta portando el uniforme azul oscuro —salpicado alegremente de múltiples tonos debido al roce constante con los óleos y acrílicos— se ha convertido en una firma viviente de su entrega incondicional, equilibrando las tareas generales con su verdadero aporte de valor: la transformación estética del espacio.

    El color de la adrenalina: El pulso detrás de cada atracción

    En el ámbito de la gestión pública y de entidades recreativas como el Parque Norte, la infraestructura no se reduce a máquinas seguras; el verdadero servicio al ciudadano radica también en la experiencia estética. Quirama lo comprende a la perfección. Para él, una atracción mecánica no es solo metal que gira; su valor visual y su entorno decorativo son los que verdaderamente transportan al visitante a un estado de asombro y felicidad. Su meticulosidad es característica dentro del parque: “Yo no pinto para mí, pinto para el público”, afirma con convicción.

    Bajo su brocha han cobrado vida hitos del Parque Norte, como el Viaje al Centro de la Tierra, El Tren Mítico, La Jungla y el color bizarro de las banderas en el Crash, la cual reconoce como su obra más compleja y desafiante; una labor que le tomó tres meses de pulso continuo y milimétrico con pinceles diminutos para dar vida a su composición.

    Pero quizás, sus obras más entrañables sean sus murales con arraigo social. El mural del restaurante del parque es un homenaje sincero a la tierra: pintó campesinos y mercados, recordando a los comensales que el alimento no llega mágicamente a la mesa, sino a través de las manos trabajadoras del campo. Asimismo, el mural de la entrada principal rinde tributo a la tradición de los silleteros, un regalo visual para los turistas que buscan capturar la esencia de la antioqueñidad.

    4 El hombre que le pinta el alma al Parque Norte

    Su mente trabaja sin descanso. Confiesa que incluso en su casa continúa maquinando y planificando los trazos del día siguiente, pues prefiere pintar sin plantillas ni muestras, confiando plenamente en la proyección mental que luego traslada a sus manos. Sueña con intervenir la atracción de Los Conejos, inspirándose en Alicia en el País de las Maravillas, de Lewis Carroll, y pintar un mural en las calles de Medellín, demostrando que su ambición artística sigue tan joven como el primer día.

    El impacto de su labor se mide en las sonrisas espontáneas. Refiere con emoción indescriptible —con la piel de gallina— los momentos en que, al voltear mientras trabaja en un andamio, descubre a un grupo de niños observándolo con asombro, llamándolo con naturalidad: artista. Esa conexión con la infancia lo conmueve profundamente.

    Como padre, comparte su pasión con su hija menor, de 19 años, con quien desarrolla actualmente un proyecto familiar de decoración de materos para jardines, asegurando la transmisión del legado artístico. Su hija mayor, por otro lado, se dedica a la enfermería, demostrando que el cuidado de los demás también se hereda en el hogar Quirama.

    Al preguntarle por el color que define a Metroparques y su labor, no duda: el verde. No solo por la imponente naturaleza que adorna el Parque Norte —al que llama con cariño “el abuelo de los parques”, debido a su historia y su vegetación protectora—, sino porque el verde representa la esperanza. Esperanza de que la entidad siga creciendo, que el arte continúe a la vanguardia de los proyectos de ciudad y el público siga apropiándose de este pulmón verde con alegría.

    5 El hombre que le pinta el alma al Parque Norte

    John Wilson Quirama, a sus 61 años, es el vivo ejemplo de cómo la gestión de una entidad pública se humaniza y cobra sentido a través del talento de sus trabajadores. Su arte no es una labor aislada; es la piel del parque, la bienvenida de color que recibe a miles de familias antioqueñas y el testimonio de un hombre que decidió hacer de la belleza cotidiana su profesión de vida.


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