Alcaldía
Contenido asociado a:
La patrona de los conductores, como suelen llamarla con cariño, es una figura que para muchos simboliza la protección divina frente a los riesgos del camino. Así como ...
La patrona de los conductores, como suelen llamarla con cariño, es una figura que para muchos simboliza la protección divina frente a los riesgos del camino. Así como los marineros le rezan para resistir las inclemencias del mar y los militares y policías le encomiendan su protección en medio de las confrontaciones que enfrentan en el cumplimiento de su deber, los conductores del transporte intermunicipal depositan su fe en la Virgen del Carmen cada vez que emprenden un viaje, confiándole su seguridad y la de sus pasajeros.
Jefferson Isaza es uno de esos conductores que, año tras año, decora su vehículo para honrar a la Virgen del Carmen, a la que se encomienda antes de cada recorrido y en quien deposita una fe tan profunda que conserva, con especial cariño, un pequeño altar en su casa, en el municipio de Don Matías, donde la acompaña con otras imágenes religiosas, como la del Sagrado Corazón de Jesús.
Cada 16 de julio, decenas de vehículos participan en Medellín y en los pueblos de Antioquia en las caravanas organizadas por los conductores, una tradición que refleja la devoción de quienes agradecen a la Virgen por acompañarlos y protegerlos en las carreteras. En las Terminales de Transporte de Medellín esta celebración también ocupa un lugar especial. Más que un recorrido, la caravana es una celebración que une a las personas, conectando con la fe, la pasión y el amor de cada uno de los conductores hacia su profesión y a la seguridad otorgada por la Virgen del Carmen, creando momentos memorables y convirtiéndose en uno de los eventos más destacados del año. «Es una emoción que usted siente al ver varios carros decorados, al escuchar sus pitos y observar la Virgen», expresa Jefferson con entusiasmo.
Su pasión por los vehículos nació desde muy pequeño. Recuerda que, a los diez años, ya sentía fascinación por los automotores de gran tamaño. A los dieciocho obtuvo su licencia de conducción y comenzó a trabajar como alistador. Poco tiempo después ya estaba detrás del volante.
La preparación para la caravana comienza desde el día anterior. Muy temprano, en la mañana de la celebración, inicia los últimos arreglos al vehículo, una actividad que comparte con toda su familia. «Me apoyan mucho cuando viene el día de la Virgen del Carmen. Todos se unen, todos aportan cualquier cosita. Hacemos entre todos para sacar en el desfile el carro reluciente», explicó Jefferson con aires de orgullo y agradecimiento.
Sus dos hijos, su compañera, sus padres y sus hermanos participan activamente en la decoración que él mismo diseña. Ningún detalle queda al azar. Cada adorno tiene un significado especial.
«Las flores son una remuneración de amor a cada petición que le he hecho, principalmente por llevarme y traerme bien«, menciona mientras observa, analiza y planea, casi inconscientemente, la decoración que utilizará este año.

Su devoción por la Virgen del Carmen tiene raíces familiares. Incluso conserva un agüero que gira alrededor de un gran velón blanco que permanece encendido todos los días. «En mi familia, sobre todo en mi casa, le prendemos un velón grande blanco. Eso, más que una Virgen o un monumento, es la fe. Es algo que mi familia siempre ha tenido como agüero, porque cuando la vela tiene la llama grande, todo está normal. Cuando la vela está para apagarse o se apaga, alguna cosa, cualquier inconveniente, está por pasarme a mí», revela Jefferson, mientras que recuerda una conversación que tuvo con un alistador que acompañaba alguna vez.

Eran las 4:30 de la madrugada, descendía por la loma de Matasanos hacia Medellín, mientras conversaba con el alistador que le colaboró ese día, sobre lo complicado que resultaba laborar el Jueves Santo. Jefferson opina -desde su creencia religiosa- que no deberían trabajar en una época dedicada al fervor religioso, por otro lado, el chico criticaba su devoción y entrega, considerando que lo realmente difícil era madrugar, no lo religioso. En medio del camino, en uno de aquellos tramos complicados donde la visibilidad de la madrugada no permite distinguir a gusto la carretera, un camión cisterna lo adelantó por la izquierda. Jefferson, junto a sus pasajeros, resultaron arrinconados en la orilla de la carretera, él tuvo que maniobrar en cuestión de segundos para reducir la velocidad lo más pronto posible y evitar un accidente que pudo costarle la vida a él y a todos sus pasajeros.
Diez minutos después, cuando pudo detenerse un momento, en uno de aquellos puntos acordados para que los pasajeros coman y descansen, Jefferson recibió una llamada de su madre. Quería saber cómo se encontraba, y, con la intención de no preocuparla, respondió que todo estaba bien. Entonces ella le contó que el velón se había apagado y que, por más que intentó encenderlo nuevamente, no lo había conseguido.

Jefferson se considera un hombre afortunado. Dice sentir la protección de la Virgen cada vez que sale a carretera, especialmente cuando recuerda aquellos incidentes que, según él mismo, pudieron terminar en tragedia. Uno de ellos ocurrió mientras transportaba una carga de pollos por la vereda de La Comba, hace poco más de una década, donde, por las difíciles condiciones del terreno y la poca visibilidad con una neblina espesa. Un pequeño desprendimiento de tierra volcó por completo el vehículo en el que se transportaba, haciéndolo caer por una pendiente.
Al poco tiempo de ocurrido el hecho llegaron los rescatistas, Jefferson, sorprendentemente, salió totalmente ileso. Según dice, sintió la protección de la Virgen durante el accidente, como si lo cubriera con sus manos y protegiera la cabina. Todas esas historias han logrado fortalecer su compromiso con la religiosidad, y la caravana del 16 de julio, es, tal y como lo comentó “un acto amor, agradecimiento y empeño por su profesión”.
Como hombre creyente, agradece cada oportunidad que ha recibido y recuerda con afecto a quienes confiaron en él desde el comienzo. Menciona especialmente a Walter Osorno, la primera persona que le enseñó a conducir y quien le dejó un consejo que aún conserva: «En esta vida, lo que usted quiera, es porque lo quiere luchar. Pídale mucho a la Virgen del Carmen, que ella se lo va a dar de diferentes maneras», palabras que Jefferson conserva como estandarte.

Cada año vuelve a decorar su vehículo con un camino de flores que atraviesa la carrocería de lado a lado. En el centro sobresale la imagen de la Virgen del Carmen, protagonista silenciosa de una tradición que para él va mucho más allá de una celebración, gratitud y fe que demuestra cada vez que puede, resumida en la última frase que soltó durante la durante la entrevista: “Hasta el momento, en los doce años que llevo como conductor, nunca nada me ha faltado gracias a la Virgen del Carmen”.