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Dos hermanos “repetidos”, con una ruta que los une en Terminales Medellín

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Medellín en Historias | Secretaría Privada
Por: Lorena Monsalve Valencia. Fotos: Santiago González Quintana. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

¿Los has visto? Quizás alguna vez los confundiste o los llamaste por un nombre que no era, y ellos, entre carcajadas, siguieron la broma. Son conocidos como “los repe...

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  • ¿Los has visto? Quizás alguna vez los confundiste o los llamaste por un nombre que no era, y ellos, entre carcajadas, siguieron la broma. Son conocidos como “los repetidos”, aunque también les dicen gemelos o igualitos. Se trata de Hernán Albeiro y José Luis Torres Tamayo, nacidos en 1974 con apenas minutos de diferencia. Hoy tienen 51 años, aunque crecieron rodeados de más hermanos, Entre ellos existe un lazo irrompible que la vida y la Terminal del Norte se encargaron de consolidar.

    Su infancia transcurrió en Apartadó, entre el sol ardiente y las plataneras que pintaban el paisaje de Urabá. Sin embargo, mientras ellos daban sus primeros pasos, la violencia se expandía en la región, con los enfrentamientos entre grupos al margen de la ley, las disputas por la tierra y la presión sobre los campesinos, hechos que fueron arrebatando la tranquilidad de su familia.

    Ante esa realidad, su madre tomó una decisión que fue tan dolorosa, como valiente: “vender todas sus pertenencias, a muy bajo precio”, confirma Hernán Albeiro, para iniciar una nueva vida en Medellín y buscar allí, mejores oportunidades para sus hijos.

    Su historia en Medellín

    Puente de Moravia

    Desde entonces, esta ciudad los recibió inicialmente en el barrio Moravia, un lugar que se convirtió en símbolo de lucha y resiliencia para quienes llegaron en busca de un futuro distinto, allí crecieron entre calles estrechas y rodeados por las montañas verdes que le dan a Medellín su característico colorido, fresco y lleno de contrastes. Años más tarde, lograron tener un hogar propio en Robledo, sector La Aurora, donde encontraron la estabilidad que tanto habían esperado y pudieron empezar a construir una vida distinta.

    Su relación con las terminales

    Su vínculo con las terminales, a través de las empresas transportadoras, nació en 1984, cuando la operación del transporte apenas iniciaba en Medellín. Siendo todavía muy jóvenes, comenzaron a colaborar en los despachos y a vivir de cerca cómo el transporte intermunicipal encontraba en este lugar un punto de organización y encuentro para ese entonces, un aproximado de 10 000 viajeros por día viajaban hacia los diferentes municipios que cubría Terminales Medellín. Entre esas experiencias, la ruta Medellín–Urabá se convirtió en una de las más frecuentes y exigentes, pues durante años la recorrieron en múltiples ocasiones, haciéndola parte esencial de su vida.

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    Foto. compartida por Hernán Albeiro Torres Tamayo

    El tránsito hacia el occidente y el Urabá antioqueño estaba marcado por el paso de ‘La Llorona’, un trayecto complejo, temido por su geografía y condiciones de seguridad. Se trata del cañón que atraviesa el río Sucio, entre Dabeiba y Mutatá, por donde pasaba la vía que conectaba a nuestra ciudad con la zona costera de Antioquia. Albeiro recuerda que “era demasiado complejo transitar por allí, pues constantemente se volcaban carros, se varaban o la misma carretera impedía el paso”, complicando aún más la ruta. Don Luis cuenta que “juntos vivimos muchas de esas anécdotas, pues en nuestros recorridos de hace años, entre Medellín y Urabá, debíamos transitar por aquellas trochas difíciles y peligrosas”.

    Llegar a Urabá en los años 80 y 90 desde Medellín no era tarea sencilla, la única conexión posible era el temido y ya mencionado paso de “la Llorona”, un corredor angosto que se volvió sinónimo de respeto. Por allí circulaban buses llenos de pasajeros, chivas y camiones que apenas lograban vencer el trayecto. Cada curva era una amenaza, porque un error mínimo podría convertirse en tragedia.

    Vía al Mar

    Albeiro todavía recuerda uno de los viajes más angustiantes, aunque el paso de los años le haya borrado la fecha exacta del acontecimiento. “Iba en un bus de Sotraurabá, de esos antiguos trompones”, continúa el relato mencionando que el panorama no era alentador. Era de noche, llovía intensamente, la neblina cubría la carretera y en el vehículo viajaban alrededor de cincuenta personas, algunas de pie en el pasillo y con maletas apiladas hasta en la parrilla. En uno de los tramos, Albeiro notó que estaban muy cerca del abismo; la llanta trasera empezó a arrastrarse peligrosamente hacia el vacío. Al percatarse, le advirtió al conductor, conocido como Mayuca, y así lograron evitar la tragedia. “Ese ha sido uno de los momentos más angustiantes de mi vida”, confiesa. Aunque fueron apenas segundos o quizá minutos, la sensación fue tan desgarradora que parecía que había pasado mucho más tiempo. Está convencido de que, de no ser por ese aviso, él y muchos más habrían perdido la vida en aquel viaje.

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    Foto. compartida por José Luis Torres Tamayo, paso de la Llorona años 90.

    La familia como soporte

    Tras años enfrentando rutas desafiantes, Albeiro y José Luis aprendieron que la dedicación y el compañerismo forman la base de su vida y su trabajo, pero hoy para ellos la familia es el eje que sostiene sus vidas, sus padres aún viven y son el pilar que sostiene su núcleo, sin embargo ellos a su vez, formaron la suya: Hernan Albeiro es padre de una joven que, inspirada en su ejemplo, decidió entrar al gremio, con apenas un año de experiencia, ha pasado de conducir en servicios especiales a manejar buses de las líneas alimentadoras del Metro, un logro que para él se convierte en motivo de orgullo y satisfacción.

    Desde entonces, ellos han sido testigos del crecimiento y consolidación de Terminales Medellín como nodo fundamental de conexión y movilidad para Antioquia, porque hoy, 41 años después de su inauguración, siguen siendo parte del alma que la mantiene en movimiento con más de 21 000 000 de viajeros anuales.

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    José Luis, por su parte, tiene dos hijos a quienes ama con la misma entrega que dedica a su trabajo. Hablar de ellos les ilumina el rostro, porque en cada palabra se nota que, más allá del transporte o el despacho de buses, su mayor motor siempre ha sido la familia.

    Para ambos, el humor ha sido su sello. Su parecido no solo ha generado confusiones, también les ha permitido sacar sonrisas a quienes los rodean. “A veces me vienen a cobrar deudas”, cuenta José Luis, entre risas y “yo les digo que no, que busquen al otro”. Fue solo una broma del momento, pero refleja esa manera tan particular que tienen de convertir cualquier situación en un motivo de risa. Ellos disfrutan generar momentos divertidos para sus compañeros y para quienes los conocen, porque saben que la alegría también hace parte del viaje.

    Cuando caminan juntos por la terminal, es común ver a otros conductores detenerse a saludarlos, charlar o incluso a molestarlos un poco, con ese afecto que solo se tiene por quienes se ganan el cariño de todos. Y es que Albeiro y José Luis tienen chispa, y esa chispa se ha vuelto una marca que a “los repetidos”, los hace inconfundibles dentro de la Terminal.

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    El futuro

    A futuro no sueñan con grandes cambios. Su deseo es permanecer tranquilos, seguir compartiendo con sus compañeros y ser parte de la memoria de un lugar que los vio crecer. Hoy, cuando en Terminales Medellín se movilizan más de 43 000 personas al día, se sienten orgullosos de seguir siendo parte de esa dinámica que, con el paso de los años, crece y se transforma. Cuando se dirigen a las nuevas generaciones, dan un mensaje sencillo pero contundente: “Que sigan adelante, que se motiven. Nosotros ya sabemos lo que es este camino; ahora les toca a ellos aprenderlo y disfrutarlo”, dice con seguridad José Luis.

    Así son Albeiro y José Luis: dos hermanos que parecen uno solo, dos hombres que han dedicado su vida al transporte y que hoy representan la complicidad, el humor y la memoria viva de la Terminal del Norte. Los repetidos que confunden a todos, pero que nadie podría olvidar.


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