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Debajo del sol que hace brillar los corredores verdes que florecen en cada esquina y entre el murmullo del agua que baja por las quebradas que vuelven a respirar sin basura, hay una ciudad que se transforma cada día sin que muchos lo noten. Son ellos: los que barren, recogen, siembran vida donde antes había abandono y cargan bolsas junto con esperanzas. Quienes devuelven el orden, la belleza y el orgullo a Medellín. Allí, en la tierra, entre raíces nuevas y asfalto que vuelve a respirar, nació hace más de cuarenta años el Comité de Aseo y Ornato, inspirado por una idea tan simple como poderosa: cuidar la ciudad como se cuida la casa.
En los años ochenta, cuando Medellín reafirmaba su vocación de ser una ciudad limpia, organizada y orgullosa de su espacio público, distintas entidades entendieron que el aseo no podría ser tarea de una sola mano. Hacía falta unirse, reconocerse, trabajar hombro a hombro; así surgió el Comité de Aseo y Ornato, formado por servidores públicos y trabajadores que asumieron el reto de mantener la ciudad limpia, ordenada y bella. Hoy, cuatro décadas después, ese espíritu sigue vivo, multiplicado en decenas de jornadas semanales donde se agacha el cuerpo, se suda y se sonríe por amor al territorio.
El tiempo les dio la razón. Lo que empezó con una intervención quincenal hoy son más de diez acciones integrales cada semana en quebradas, parques, deprimidos viales, taludes y rincones donde Medellín respira y se reencuentra consigo misma. Desde 2016 hasta hoy, más de 815 intervenciones han devuelto color, limpieza y dignidad al espacio público. En ese recorrido, la historia del Comité se ha convertido también en la historia de su gente: trabajadores y trabajadoras que ven belleza donde otros solo ven basura.
En el Jardín Botánico, uno de los lugares más simbólicos de la ciudad, 40 delegados del Comité se reunieron recientemente para conmemorar esa historia. Allí estaba Rosa Milena Salas, promotora ambiental desde hace apenas un año, pero con el corazón de quien sirve desde siempre: “Me siento muy orgullosa de esta labor, porque todo queda muy limpio”, dijo mientras mostraba las manos que siembran verde y recogen residuos. Su voz es la de cientos que madrugan con un solo propósito: dejar Medellín más linda de como la encontraron.
Porque el Comité de Aseo y Ornato no solo limpia. Embellece, protege y enseña. Se encarga de planear y coordinar a todas las manos que hacen posible una ciudad en armonía: cuadrillas que siembran vida en los parches de cemento, equipos que atacan puntos críticos donde la basura insiste en quedarse y líderes que promueven cultura ciudadana para que el cuidado no se pierda cuando ellos se van.
Esa capacidad de articular instituciones, oficios y sueños en una sola fuerza es quizás su mayor logro. Allí convergen Emvarias, EPM, la Policía y dependencias como Medio Ambiente, Movilidad e Infraestructura Física, para que cada operativo sea más que una limpieza: sea un acto de amor colectivo en defensa del espacio público y de los recursos naturales que sostienen la vida.
En una urbe que florece sobre su propia historia, ellos son los jardineros del civismo. Bajo la lluvia o bajo el sol, se inclinan sobre la tierra y el concreto para recordar que una ciudad limpia no es la que más se barre, sino la que más se respeta. Cada escoba, cada brocha, cada bolsa llena es también una semilla de conciencia. Y en esas manos que trabajan, hay una certeza: Medellín será siempre la ciudad que cuidan quienes la aman en silencio.
Hoy, Medellín reafirma esa vocación de cuidado con una apuesta hermosa y profunda: Tacita de Plata, una estrategia que reconoce el valor de lo simple, de lo limpio, de lo bien hecho. Más que una campaña, es una declaración de amor por el espacio público y por la gente que lo hace posible. Porque detrás de cada calle brillante y cada parque ordenado hay un mensaje silencioso pero poderoso: la belleza de Medellín está en sus manos, en las que limpian, siembran y cuidan sin pedir aplausos.
Porque no todas las ciudades tienen un comité que vela por su belleza, pero Medellín sí. Y es el único en Colombia. Aquí, donde la montaña abraza y la gente resiste con amor, nació esta fuerza que no deja que el descuido gane terreno. Su labor no es un detalle menor: es la garantía de que cada parque, cada avenida, cada rincón donde alguien juega, sueña o descansa, siga siendo digno. El Comité de Aseo y Ornato es la prueba viva de que cuando una ciudad se respeta, se defiende y mientras exista esta misión colectiva, que agacha el alma para levantar la ciudad, nuestra capital seguirá siendo lo que siempre ha sido: la Tacita de Plata que brilla porque hay manos que nunca dejan de cuidarla.