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Mural en el INEM

El mural pintado por 300 estudiantes del INEM que frenó una década de vandalismo en el parque El Poblado de Medellín

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Gerencia del Centro | Medellín en Historias | Secretaría de Cultura Ciudadana
Por: Deicy Johana Pareja M. Fotos: Laura Andrea Patiño Quiñones. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

Lo que durante diez años fue sinónimo de grafitis no artísticos, basura y deterioro, hoy es un símbolo de identidad, gracias a una alianza con la institución y la Al...

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  • Lo que durante diez años fue sinónimo de grafitis no artísticos, basura y deterioro, hoy es un símbolo de identidad, gracias a una alianza con la institución y la Alcaldía de Medellín.

    En el INEM José Félix de Restrepo, ubicado en el parque El Poblado, hay un muro blanco cubierto de manos de colores. No son solo huellas de niños y niñas plasmadas en la pared: son una declaración silenciosa que, por primera vez en más de una década, le ganó la batalla al vandalismo.

    A cualquier hora del día, quienes pasan por la calle 10 se detienen a leer los mensajes: “Nuestra escuela se respeta”, “todos queremos un lugar limpio”, “cuida nuestra escuela”. Las manos -azules, verdes, amarillas, rojas y moradas- cubren tanto el costado que da al parque, como la parte posterior de la escuela. Lo que antes fue superficie disponible para afiches y grafitis no autorizados, hoy es un lienzo colectivo de corresponsabilidad.

    La historia del mural

    Sandra Rúa y su nieta, Salomé Yepes

    Sandra Rúa y su nieta, Salomé Yepes

    Sandra Rúa camina despacio frente al muro y, entre decenas de colores, busca una huella ya borrosa pero que reconoce de memoria. Cuando la encuentra, sonríe: es la mano de su nieta, Salomé Yepes, estudiante de cuarto grado. Esa marca se suma a las de 299 alumnos de primaria, que salieron a apropiarse simbólicamente de su escuela, el 22 de enero de 2025.

    Salomé Yepes

    Salomé Yepes

    Esa mañana no fue un hecho aislado, sino el resultado de varios meses de trabajo articulado. Después de la limpieza y la pintura del muro, la comunidad educativa, la Mesa Intersectorial de El Poblado y la Alcaldía de Medellín, a través de la Gerencia del Centro y Territorios Estratégicos, unieron esfuerzos para transformar la intervención en una toma artística y cultural del espacio, pensada no solo para embellecer, sino también para fomentar apropiación y cuidado colectivo.

    Hubo expectativa en los salones y después formación de estudiantes en el patio. “Nos invitaron a salir, pintaron todo de blanco y después empezamos a poner las huellas, grupo por grupo”, recuerda Salomé, de nueve años. Con las manos bañadas de pintura, los estudiantes mezclaban colores, creando nuevas tonalidades en una explosión de combinaciones que terminaban convertidas en huellas únicas sobre el muro.

    Las huellas fueron cubriendo precisamente los costados que durante años habían sido blanco de vandalismo. Lo que nació como una actividad simbólica terminó sellando un mensaje colectivo: este espacio tiene dueños y se respeta.

    Una década de deterioro

    Por más de 10 años hubo una batalla simbólica. Había esfuerzos constantes: la institución pintaba, el Comité de Ornato y Aseo de la Alcaldía de Medellín hacía jornadas de limpieza, los padres y docentes apoyaban, pero el daño regresaba en cuestión de días y hasta horas. Afiches pegados sin autorización se superponían hasta borrar el nombre de la institución. Grafitis y rayones aparecían sin sentido, poco después de cada intervención. Papel sobre papel. Pintura sobre pintura, hasta ocultar la historia y desdibujar la identidad de una institución que lleva más de medio siglo formando generaciones.

    Más se demoraban en pintar que en volver a dañar”, resume Sandra. A pesar de que el INEM, con 55 años de historia, es uno de los referentes más antiguos del sector -junto con la iglesia del parque-, hubo momentos en que muchos transeúntes ni siquiera sabían que allí funcionaba una escuela.

    Durante años, un grupo de padres decidió no resignarse. Se citaban en vacaciones, fines de semana o días antes del regreso a clases para lavar muros y andenes; se unían voluntariamente a jornadas de aseo de la Administración. Querían que los estudiantes encontraran un lugar digno al volver. Pero el esfuerzo no bastaba: lo restauraban y lo volvían a dañar.

    Nos tocaba venir con cepillos, baldes, límpido, lo que hubiera. Restregábamos pared por pared y pisos, para que los niños no entraran viendo basura ni suciedad. Era la forma de decirles que su escuela vale”, cuenta Sandra.

    Ella, de 53 años, vive desde hace más de tres décadas en el barrio El Poblado y es representante del comité de padres. Ha visto cómo el crecimiento hotelero, comercial y turístico transformó el entorno del INEM. La apertura de más bares y hoteles incrementó el flujo de visitantes y también los problemas: más residuos, más ruido, más deterioro. La esquina comenzó a convertirse en punto de encuentro para borrachos, consumidores y habitantes de calle que permanecían frente al colegio.

    Los fines de semana eran los más críticos. El muro y los alrededores de la institución terminaban convertidos en un sanitario público. Cada lunes encontraban botellas de cerveza, basura y rastros de personas que habían pasado la noche bebiendo o fumando en el lugar. La pared dejó de ser solo un problema estético: era una señal de que la escuela había perdido presencia en su propio entorno.

    Una alianza que se mantiene

    El punto de quiebre llegó, previo a ese 22 de enero de 2025, cuando la comunidad educativa, la Mesa Intersectorial de El Poblado y la Alcaldía de Medellín estructuraron una estrategia integral que no se limitó a pintar el muro. Hubo limpieza profunda, retiro de publicidad no autorizada, eliminación de grafitis vandálicos, mantenimiento de jardines y jornadas periódicas de aseo.

    Pero, sobre todo, hubo presencia constante. Se realizaron jornadas de sensibilización con comerciantes y visitantes liderados por la Gerencia del Centro y Territorios Estratégicos, y se incrementó la presencia de las secretarías de Seguridad, Inclusión Social y Medio Ambiente. No se trataba solo de intervenir una pared, sino de cambiar la relación del entorno con la escuela.

    “La diferencia esta vez fue que no nos quedamos en la pintura. Nos quedamos en el territorio”, explica el jefe de núcleo del INEM, César Augusto González. “Aquí hay seguimiento, hay articulación y hay comunidad. Cuando los niños ponen su mano, están diciendo: ‘yo estoy aquí’. Y cuando el entorno entiende que es una escuela, el comportamiento cambia”, agrega.

    Mural en el INEM

    Mural en el INEM

    Las manitos hicieron algo que ningún mural anterior había logrado: devolvieron identidad. Hoy, quien pasa reconoce de inmediato que allí funciona una primaria. El muro dejó de ser anónimo. La escuela recuperó su nombre y su lugar en la ciudad.

    Ha pasado más de un año y la pared sigue intacta. No hay grafitis encima, no hay afiches cubriendo los mensajes. “Este muro resistió porque dejó de ser de nadie. Ahora es de todos. Y cuando algo es de todos, se cuida”, concluye Sandra.

    Salomé Yepes y el Mural en el INEM

    Salomé Yepes y el Mural en el INEM

    Tras más de una década de vandalismo, el muro del INEM en el parque El Poblado permanece intacto gracias a una alianza entre la comunidad y la Alcaldía de Medellín. Las huellas de 300 niños sellaron una transformación que hoy es símbolo de respeto.


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