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En el barrio San Germán, hay una nueva forma de conectarse con Medellín

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Por: Ana Carolina Sánchez Rave. Fotos: equipo técnico del DAP. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

Hay que caminar despacio por el barrio San Germán para entenderlo. Todavía hay algo de pueblo en su parque, en la iglesia, en las casas que parecen reconocerse entre s...

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  • Hay que caminar despacio por el barrio San Germán para entenderlo. Todavía hay algo de pueblo en su parque, en la iglesia, en las casas que parecen reconocerse entre sí y en esa familiaridad de los lugares donde durante años la gente se cruzó, se saludó por el nombre y vio crecer a los hijos de los vecinos.

    Mucho antes de que Medellín llegara hasta aquí con sus edificios y sus grandes avenidas, este territorio hacía parte de la historia rural de la ciudad. Por estos lados estuvo el antiguo Tambo de Aná y, durante buena parte de su historia, San Germán conservó caminos, fincas y actividad agrícola. En 1938, el sector pasó a formar parte del área urbana de Medellín.

    Desde entonces, la ciudad fue llegando poco a poco. Primero las calles y las viviendas; después, las universidades, las unidades residenciales y nuevas maneras de habitar el territorio. Y mientras Medellín crecía alrededor, el cerro El Volador permanecía allí, como una frontera verde y silenciosa.

    La nueva transformación

    Imagen mapa PP San Germán

    Ahora llega otra transformación: el Metro de la 80, nuevas viviendas, espacios públicos y conexiones. El barrio San Germán está a punto de cambiar otra vez, pero la pregunta es cómo hacerlo sin perder esa memoria de barrio que todavía se siente al caminarlo y sin darle la espalda al paisaje que lo ha acompañado desde siempre.

    Hoy, cuando el barrio comienza a redefinirse con la segunda etapa del polígono de San Germán, comienza también una historia sobre una de las herramientas más importantes para hacer ciudad: el plan parcial.

    María Clara Castrillón, profesional de la Subdirección de Planeación Territorial, conoce el origen de esta historia. Explica que San Germán no fue pensado como un territorio para desarrollar de manera aislada. Desde la formulación del Macroproyecto de Transversalidad La Iguaná se establecieron los determinantes y lineamientos necesarios para formular el instrumento de tercer nivel en tres etapas que responden a las diversas condiciones del territorio y a las posibilidades de gestión desde la iniciativa privada y pública.

    La primera etapa ya tenía una iniciativa privada en marcha. La segunda quedó asociada al desarrollo de la estación del Metro de la 80 y la tercera, ubicada en la parte más oriental del polígono, junto al cerro habría de movilizar la voluntad pública para que de manera conjunta se promoviera el desarrollo en este sector.

    Imagen Render Barrio San Germán (1)

    Esta iniciativa de planificar esta etapa, según María Clara: “No se trata simplemente de ordenar el suelo disponible. Se trata de concretar un modelo de ocupación capaz de responder a varias necesidades al mismo y direccionar acciones que permitan el desarrollo del  área de influencia de la quebrada La Iguaná,  la protección del cerro, la generación de la vivienda social y no social, la generación y cualificación del espacio público, la articulación con los equipamientos educativos, la generación y cualificación de las vías y sus conexiones con el sistema de transporte como un elemento estructurante de este territorio”.

    La ubicación hace que la oportunidad sea todavía más significativa. San Germán estará cerca de una nueva estación del Metro de la 80 y de las universidades, en un sector estratégico para el desarrollo de vivienda y para mejorar las conexiones de la ciudad.

    Este territorio tiene un vecino que no puede ignorarse: el cerro El Volador. Los polígonos ubicados alrededor del cerro tienen una condición paisajística, patrimonial y ambiental particular. Por eso, explica María Clara, que la formulación de esta etapa en el marco de la  revisión del Plan de Ordenamiento Territorial -POT- permitirá reconocer esa condición de proximidad que tendrá incidencia en las acciones que se planteen desde lo público y las actuaciones y desarrollos que se promuevan desde los privados al establecer las alturas, los aprovechamientos específicos y las condiciones de ocupación.

    El Plan Parcial

    El Plan Parcial permitirá llevar esas determinaciones a una escala mucho más precisa. Porque un plan parcial es mucho más que una norma sobre dónde se puede construir. Es una herramienta para organizar las relaciones entre las distintas piezas de la ciudad.

    Un proyecto inmobiliario necesita espacios públicos para encontrarse, equipamientos para atender a quienes la habitan y transporte para conectarse con el resto de Medellín. Por eso, la posibilidad de desarrollarse y crecer cerca de una nueva estación del Metro no consiste solamente en poner edificios alrededor. Consiste en pensar en qué acciones públicas y privadas responderán a las necesidades y vocaciones de los territorios.

    Según la encuesta origen-destino, los recorridos y el reconocimiento de los que las personas hacen para conectarse con el sistema, la formulación del plan parcial constituye una oportunidad para que la ciudad que se dibuja en los planos se parezca a la ciudad que la gente necesita.

    Además de la quebrada La Iguaná y el cerro El Volador, lo que hará particular a San Germán será la presencia de la estación del Metro Ligero de la 80, única estación soterrada de un sistema férreo de transporte masivo en Colombia.

    Para Juan David Barrios Henao, profesional del Metro de Medellín, la importancia de esta infraestructura va mucho más allá de la estación. “La confluencia entre el ordenamiento del territorio y el desarrollo de la infraestructura de transporte deben obedecer a las mismas lógicas de planificación, llevando a que ambos fenómenos persigan un mismo objetivo: la transformación integral del territorio para el beneficio de la población”.

    En San Germán, esa idea empieza a tomar una forma concreta. El Metro y el Plan Parcial no avanzan como dos historias independientes. La estación llega acompañada de nuevas posibilidades para la vivienda, el espacio público, los equipamientos, el comercio y los servicios. La estación deja de ser solamente un lugar al que se llega para convertirse en una puerta de entrada a un territorio que también se está transformando.

    Y esa transformación tiene otra condición que obliga a pensar antes de construir: el paisaje.

    El cerro El Volador no es simplemente el telón de fondo de las nuevas edificaciones. Es parte de la estructura ambiental y paisajística del territorio y, por eso, también determina cómo debe crecer la ciudad a su alrededor.

    Lo que significa la revisión del POT 

    Imagen Barrio San Germán

    La revisión del POT permite establecer esas condiciones y el Plan Parcial tiene la tarea de llevarlas al terreno concreto. Eso significa que la transformación no podrá medirse únicamente en metros cuadrados construidos. También deberá medirse en lo que permanece: en el paisaje que se protege, en el espacio público que se incorpora, en las conexiones que se crean, en la vivienda que se localiza cerca de las oportunidades y en la manera como una nueva estación de Metro puede convertirse en una puerta de entrada y no simplemente en una infraestructura más.

    Quizás esa sea la verdadera virtud de los planes parciales: permiten pensar primero en el lugar y después en las construcciones. Obligan a mirar el territorio como un conjunto y no como una suma de lotes.

    En San Germán, esa mirada resulta especialmente importante porque varias transformaciones están ocurriendo al mismo tiempo. Una etapa ya tiene su propia historia. Otra avanza con el Metro. Y la tercera comienza ahora a encontrar la posibilidad de completar esa visión territorial.

    Imagen panorámica del Barrio San Germán

    María Clara lo resume desde la perspectiva de quien ha seguido el proceso: “La oportunidad es formular un modelo de ocupación que responda a las necesidades de vivienda de la zona, aproveche su cercanía con el transporte y las universidades, genere espacios públicos y equipamientos y, al mismo tiempo, respete las condiciones paisajísticas y ambientales que existen alrededor del cerro”.

    En el papel pueden parecer decisiones técnicas. En la vida cotidiana serán otras cosas. Una persona que pueda vivir cerca de una estación. Un niño que encuentre un parque a pocos pasos de su casa. Una familia que tenga un equipamiento cerca. Un recorrido que antes era difícil y que ahora puede hacerse caminando. Y un cerro que seguirá formando parte del paisaje.

    Eso es lo que ocurre cuando la planeación logra convertirse en ciudad. Por ahora, San Germán está en ese momento previo, cuando todavía todo cabe en un plano y las posibilidades están abiertas. El Metro de la 80 avanza, el cerro permanece, la necesidad de vivienda crece y una nueva etapa comienza a ser pensada.

    Quizás dentro de algunos años nadie recuerde los nombres técnicos de los instrumentos que hicieron posible esta transformación. Nadie hablará de determinantes ni de instrumentos de tercer nivel cuando camine por sus calles. La gente simplemente vivirá allí.

    Y esa será, finalmente, la mejor manera de saber si la planeación cumplió su propósito: si todas esas decisiones que hoy parecen técnicas consiguieron convertirse en algo tan sencillo e importante como un buen lugar para vivir.


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