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A sus 56 años, cuando la sociedad suele empujar a las personas hacia la quietud y la contemplación de lo ya vivido, Rosa Angélica Vahos decidió hacer exactamente lo contrario: encender una revolución personal.
Para Rosa, la vida siempre ha sido un aula sin paredes. Se auto declara profesional en el arte de la cocina; sus morcillas son famosas en el sector y la calidez de su sazón ha alimentado a decenas de vecinos en el barrio Betania de la Comuna 13 de Medellín. Sin embargo, en su interior siempre habitó un anhelo silencioso: el deseo de obtener un título, de un reconocimiento formal que abrazara todo su esfuerzo. Por eso, con la determinación intacta, decidió regresar a las aulas para terminar su bachillerato.
Fue allí donde se abrió una puerta que cambiaría su destino. Sapiencia, a través de su programa Estud-IA, llegó con una propuesta transformadora: la oportunidad de realizar una técnica laboral de manera gratuita.
“Yo estaba terminando mi bachillerato y allá nos dieron la oportunidad de hacer la técnica con Sapiencia. El mercadeo siempre me llamó la atención”, recuerda Rosa con una sonrisa que borra cualquier rastro de duda.

A sus 56 años, el 29 de mayo de 2026 se convirtió en un hito imborrable. Con el birrete bien puesto y el corazón latiendo con la fuerza de una adolescente, Rosa se graduó como Técnica Laboral en Auxiliar de Mercadeo Digital y Marketing Digital en el Poliandino.
El regreso a estudiar no solo fue un reto académico, sino un viaje de profunda calidez humana. Frente a las pantallas y los nuevos conceptos digitales, Rosa nunca se sintió sola.
“Durante el estudio me sentí muy bien, la gente muy cercana, mucho acompañamiento de Sapiencia, los profes y las clases muy importantes para la parte laboral y personal”, relata.

Aprender marketing digital no solo transformó su mente, sino que sacudió la dinámica de su hogar, convirtiéndose en un puente de unión familiar. Su esposo, testigo de sus largas jornadas de estudio, empezó a mirar de reojo la pantalla del computador y, poco a poco, se contagió del entusiasmo de su compañera. En un hogar donde la tecnología parecía un idioma lejano, hoy se comparten herramientas que antes ni imaginaban que existían.
Incluso su nieta, quien actualmente estudia una técnica en el SENA, encuentra en su abuela un referente de superación y una fuente de consulta constante. El conocimiento de Rosa se volvió comunitario, una llama que abriga y enseña a los suyos.

La verdadera prueba de fuego llegó con las prácticas profesionales. Justo al frente del convento de la Madre Laura, en Belencito, queda una zapatería tradicional con dos décadas de historia. Rosa, vecina y compradora habitual de aquel negocio, tocó la puerta con una propuesta clara, armada de valentía y de los conceptos frescos que sus profesores le habían enseñado.
Marta, la dueña del local, confiesa que al principio fue una sorpresa, pero el impacto no tardó en notarse:
“Ella vino y pidió una cita para hacer las prácticas, nos explicó y al final resultó ser algo que nos favoreció mucho y que valió la pena. El negocio tuvo un cambio positivo y hemos aprendido mucho de lo que ella nos aporta. La verdad ha sido un intercambio de conocimientos y experiencias que ha beneficiado al negocio”.
Rosa reorganizó las repisas, le dio un nuevo orden visual a los productos, renovó el diseño de los empaques, recuperó a clientes que se habían alejado y logró rotar mercancías que llevaban meses estancadas. El marketing digital y las estrategias de mercado cobraron vida entre cajas de zapatos y vitrinas.

El éxito fue tan rotundo que los dueños no la dejaron ir; hoy, Rosa trabaja formalmente allí, aportando su vitalidad diaria a un negocio que aprendió a valorar que el talento y la experiencia de vida valen más que cualquier prejuicio sobre la edad.
Hoy, Rosa mira las repisas de la zapatería donde trabaja con orgullo, pero no olvida su otra gran pasión. En su cocina, las herramientas digitales también han entrado a jugar: ahora piensa en el comportamiento de sus clientes, cuida cada detalle de la calidad y busca innovar constantemente para que sus famosas morcillas sigan enamorando paladares.
Rosa es el rostro de más de 1300 personas mayores de 50 años en Medellín que han decidido, de la mano de Sapiencia, demostrar que los límites solo existen en el papel. Siente los nervios de quien empieza de cero, pero tiene la certeza absoluta de que la voluntad jamás debe ser frenada.

“La edad no importa, tengo 56 años y me encanta aprender. Tengo mucho tiempo para mí”, concluye Rosa, con la mirada puesta en el futuro y la firme convicción de que nunca es tarde para reinventarse, para aportar y para brillar.