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La historia de James, el hombre que construye a Medellín en silencio

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Conglomerado público - Entes descentralizados | Medellín en Historias
Por: Textos y fotos: Empresa de Desarrollo Urbano. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

Son cerca de las 6:30 de la mañana y el movimiento ya comienza en el Gran Parque Medellín. Algunos deportistas cruzan temprano por el sector mientras las máquinas toda...

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  • Son cerca de las 6:30 de la mañana y el movimiento ya comienza en el Gran Parque Medellín. Algunos deportistas cruzan temprano por el sector mientras las máquinas todavía están apagadas. La obra aún no arranca del todo, pero él ya está ahí. Observa el terreno, revisa detalles y espera la llegada de su equipo.

    Minutos después, el lugar cambia por completo. Empiezan los llamados entre trabajadores, se encienden las máquinas y el ruido ocupa cada espacio. En medio de ese ambiente agitado, James permanece atento. Tiene 38 años y es oficial de obra en uno de los frentes de construcción de la pista interna de trote de la fase 3 del Gran Parque Medellín. No escucha y tampoco habla, pero eso nunca le ha impedido dirigir el trabajo con precisión y carácter.

    Mientras otros levantan la voz para hacerse entender, él se comunica distinto. Un gesto corto con la mano basta para corregir un detalle. Una mirada fija indica que algo debe ajustarse. Sus compañeros ya aprendieron a leerlo: cuando James señala, algo necesita mejorar; cuando observa en silencio, todos entienden que hay que corregir.

    Las instrucciones las recibe a través de mensajes simples. No lee con facilidad y nunca se interesó por aprender lengua de señas. Con los años construyó su propia forma de comunicarse: directa, práctica y suficiente para desenvolverse en la obra. Cuando intentamos conversar con él, respondió solo lo necesario, usando movimientos básicos de las manos y expresiones que dejaban ver parte de su historia.

    Imagen James con compañeros

    No necesita escuchar para entender lo que ocurre a su alrededor. Tampoco hablar para ganarse el respeto de quienes trabajan con él. En un entorno marcado por el ruido constante, James encontró su manera de liderar.

    La intérprete que acompañó el encuentro logró comprender su relato, no a través de señas tradicionales, sino mediante pequeñas dramatizaciones cargadas de memoria. A los dos años, una convulsión cambió su vida y dejó su mundo en silencio. Desde muy joven comenzó a trabajar. La violencia obligó a su familia a abandonar su hogar y, desde entonces, ha pasado por distintos oficios físicos, incluso en minas de oro.

    Fuera de la obra, su vida transcurre con sencillez. Le gusta bailar, compartir con amigos y tomarse una cerveza de vez en cuando. Estuvo casado, pero hoy vive solo. Lo explica mostrando su mano sin anillo y haciendo un gesto breve que cualquiera entiende: el dinero no alcanza.

    Imagen James trabajando

    Con el paso de las horas, la pista empieza a tomar forma. El terreno se nivela, los bordillos quedan alineados y el tramo que lidera avanza rápidamente. Aunque evita llamar la atención, su experiencia se nota en cada detalle de la obra.

    Sin hacer ruido, James encontró una manera de abrirse camino. Su historia también hace parte de la transformación de Medellín: la de quienes construyen ciudad desde el esfuerzo diario, incluso cuando la vida les puso el mundo en silencio.


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