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La Sapiencia de la “Tata”: un hogar en Medellín donde el amor se convirtió en becas

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Conglomerado público - Entes descentralizados | Medellín en Historias
Por: Ricardo Monsalve. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

En una pequeña sala del barrio Manrique Central, el silencio no es ausencia de ruido, sino señal de concentración. Sobre la mesa, textos de ingeniería mecatrónica se...

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  • En una pequeña sala del barrio Manrique Central, el silencio no es ausencia de ruido, sino señal de concentración. Sobre la mesa, textos de ingeniería mecatrónica se mezclan con los de economía, y ahí, muy de cerca con ojos llenos de lágrimas, pero de esas de orgullo, Gloria Margarita Gallego: madre y abuela, la arquitecta silenciosa de un milagro académico que desafía las estadísticas.

    Su vida, marcada por una compleja cirugía de columna que la alejó del trabajo físico, encontró un nuevo propósito entre las paredes de su casa. Tras vender su negocio de toda la vida para asegurar el sustento diario, Gloria se enfrentó a una realidad que para muchos sería un muro impenetrable: ¿Cómo sostener el sueño universitario de dos mentes brillantes sin la capacidad económica? La respuesta no estaba en su bolso, sino en una convicción de vida: la educación es la única puerta capaz de abrir oportunidades infinitas.

    Su historia

    En el centro de su mundo están Juan Pablo Agudelo, su hijo menor de 22 años, y Valentina Cáceres, su nieta de 16. Dos jóvenes que han crecido viendo a Gloria luchar contra el dolor físico y las dificultades familiares para ofrecerles un refugio de paz. Para Valentina, ese refugio fue una salvación.

    «Yo a Valentina la cuidé desde el vientre«, recuerda Gloria con la mirada puesta en ella. Tras años de tensiones familiares y mudanzas, la niña que a los ocho años suplicaba que la llevaran donde “la Tata», finalmente encontró en casa de su abuela el suelo firme para sembrar sus sueños. «Ella es mi mamá y mi papá al mismo tiempo», confiesa Valentina con una madurez que asombra. «Sin ella no sería lo que soy hoy en día».

    Esa gratitud se transformó en disciplina. Valentina no solo es hoy una excelente estudiante; es una joven que ha logrado lo impensable: obtener tres becas. Aceptó dos y actualmente cursa Economía en la Universidad EAFIT y, gracias a su puntaje excepcional en las pruebas Saber 11, ha sido preseleccionada por el programa Sapiencia de la Alcaldía de Medellín para el estímulo Mejores Bachilleres, lo que le permitirá cumplir su sueño de estudiar Ingeniería Química en la UPB con el 100 % de la matrícula cubierta.

    A su lado, Juan Pablo representa la otra mitad del orgullo de Gloria. Él, también beneficiario de Sapiencia, pero esta vez con el programa Matricula Cero, está a solo unos pasos de recibir su título como Ingeniero Mecatrónico del ITM y es el fiel reflejo para Valentina de estudiar toda una carrera sin preocuparse por la factura semestral de la matrícula.

    Yo con mi mamá vivo agradecido por cada uno de esos días en los que me apoyó y se preocupó por mí. Aunque no entienda mucho lo que estudio, igualmente estuvo presente para ver mis logros. Hubo momentos en los que tenía dudas y ella no dejó de creer. Yo no estudio por mí, también lo hago porque quiero que ella se sienta orgullosa, entonces todo el esfuerzo también lleva su nombre”, dice Juan Pablo.

    Verlo salir cada mañana, con la maleta cargada de diagramas, códigos y números, es para Gloria la prueba de que el esfuerzo ha valido la pena.

    Imagen La Sapiencia de la “Tata FotoAbuela, hijo y nieta

    «Siempre les he dicho: siempre, siempre adelante», repite Gloria como un mantra. Su sabiduría no viene de los libros, sino de la vida. A Valentina, que ahora enfrenta el reto de dos carreras, le aconseja con ternura: «No se eche cargas que no crea que pueda cargar, sepa llevarlas y sáquele provecho a todo«. Es el consejo de quien sabe que la excelencia no es una carrera de velocidad, sino de resistencia.

    Para esta familia, Sapiencia no ha sido solo un fondo de becas, sino el aliado que permitió que el talento de Juan y Valentina no se quedara guardado en un cajón por falta de dinero. Es la herramienta que convirtió la disciplina inculcada por Gloria en una realidad profesional.

    Imagen Sede Sapiencia (2)

    Hoy, cuando Gloria ve a su hijo ad portas de la ingeniería y a su nieta perfilándose como una profesional íntegra, las lágrimas que brotan no son de tristeza, sino de triunfo. Sabe que aún falta camino, que el apoyo debe continuar, pero siente que su misión principal está cumplida.


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