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Gustavo de Jesús Rojas Vanegas

La volqueta de Gustavo: una vida entera conduciendo por Medellín

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Secretaría de Medio Ambiente
Por: Hernán Muñoz. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

Por más de tres décadas, Gustavo de Jesús Rojas Vanegas ha conducido mucho más que vehículos: ha manejado historias, ha transportado el pulso de una ciudad y ha apre...

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  • Por más de tres décadas, Gustavo de Jesús Rojas Vanegas ha conducido mucho más que vehículos: ha manejado historias, ha transportado el pulso de una ciudad y ha aprendido que la vida, como la carretera, se recorre con paciencia, destreza y cuidado. Tiene 62 años, pero su energía y su mirada conservan el brillo de quien aún disfruta lo que hace. “Voy para 36 años en la Alcaldía de Medellín, dice, y todo ha sido detrás de un volante”.

    Su historia empezó de forma humilde: “Comencé siendo un obrero de coberturas, duré apenas 20 días ahí, de ahí para adelante, conductor”. Desde entonces, las llaves y los motores se convirtieron en su herramienta diaria. Pasó por varias dependencias: fue conductor escolta del exalcalde Sergio Naranjo, trabajó para el Concejo de Medellín, recorrió distintos rincones de la ciudad y hace unos 13 o14 años, llegó a la Secretaría de Medio Ambiente, donde aún trabaja.

    Su labor

    Hoy conduce “una volquetica”, como él la llama, aunque sabe que la responsabilidad es enorme. “Me toca en las periferias de Medellín. No es solamente la volqueta, muchas veces tengo que andar con un vehículo pesado atrás, una máquina amarilla, transportar materiales, evacuar las cosas de las quebradas y lo que mis compañeros necesitan”. No son simples recorridos: cada viaje es parte de las labores que permiten que la ciudad funcione, que las emergencias se atiendan y que las quebradas fluyan libres y seguras.

    Su memoria guarda un catálogo de momentos intensos, pero hay uno que no logra borrar. Fue en San Antonio de Prado, junto a los bomberos: “Me tocó ver sacar a una señora con dos niñas abrazadas… ya fallecidas las tres. Eso nunca… nunca se olvida”. No recuerda con exactitud el año porque “el tiempo aquí pasa muy ligero”, pero lo que sí olvida es la sensación que le dejó: un peso que aún siente en el pecho.

    Gustavo de Jesús Rojas Vanegas

    Gustavo de Jesús Rojas Vanegas

    Más allá de su labor como conductor, Gustavo es mecánico industrial, formado en el Pascual Bravo. Su habilidad para maniobrar ha despertado admiración entre sus compañeros. “Acá me dicen La PirañaY todo el mundo me admira por eso”, cuenta con una mezcla de orgullo y humor. Esa destreza le ha permitido sortear terrenos difíciles y cumplir con su trabajo en condiciones que a muchos les parecerían imposibles.

    Cuando se le pregunta qué ha significado para él la Alcaldía, no duda en responder: “La Alcaldía es lo mejor de la vida… todo me lo entregó”. Su voz no es solo de gratitud, es la voz de alguien que ha visto su vida construirse gracias a un trabajo estable, a una institución que le ha permitido sostener y educar a su familia. “Tengo cinco hijos, todos con estudio y con vida propia… No me hace falta nada. Y nada es nada”, dice, subrayando cada palabra.

    Testigo de varios cambios

    Gustavo de Jesús Rojas Vanegas

    Gustavo de Jesús Rojas Vanegas

    No todo ha sido fácil. Ha vivido separaciones, ha tenido que reinventarse más de una vez y adaptarse a los cambios en la ciudad y en su trabajo. Pero en todo momento, la volqueta ha estado ahí, como un símbolo de constancia. “Es una pelea de vida diaria, pero son circunstancias muy bonitas todas”, afirma.

    En sus casi 36 años de servicio, Gustavo ha sido testigo de cómo Medellín se ha transformado. Ha recorrido barrios y corregimientos, ha entrado a zonas que pocos conocen, ha visto nacer obras, abrirse caminos y crecer parques. Su labor es silenciosa, lejos de las cámaras y los reflectores, pero esencial. Porque cada carga de escombros retirada, cada material transportado, es parte de un engranaje mayor que sostiene el bienestar de la ciudad.

    Quizás por eso, cada vez que enciende su volqueta, sabe que no solo está iniciando otro día de trabajo: está sumando una página más a su propia historia y a la de Medellín. Una historia que comenzó por casualidad. “Mi papá me ayudó a entrar, me prestaron un vehículo liviano y de ahí en adelante la vida se me abrió” y que, con cada kilómetro recorrido, ha reforzado su sentido de pertenencia.

    Su gratitud con la Alcaldía

    “Todo me lo dio la Alcaldía: mi superación, mi vida y mi tranquilidad… no tengo nada de qué quejarme”, repite, como si quisiera que quedara claro. Y mientras lo dice, su mirada se ilumina: la de alguien que, desde la cabina de una volqueta, ha encontrado no solo un empleo, sino una forma de vivir, servir y dejar huella en la ciudad que ha sido su ruta y su destino.

    En la Secretaría de Medio Ambiente reconocemos el trabajo de todos nuestros conductores, hombres y mujeres que, como Gustavo, recorren la ciudad entera llevando herramientas, materiales y soluciones a donde más se necesitan. Su labor, muchas veces silenciosa, es clave para que los proyectos ambientales avancen y para que Medellín siga respirando, creciendo y transformándose.


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