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Mejorar el barrio es mejorar la vida

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DAP | Medellín en Historias
Por: Textos y fotos: Ana Carolina Sánchez Rave. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

La revisión del POT de Medellín fortalece el Mejoramiento Integral de Barrios (MIB) para conectar vivienda, espacio público, equipamientos, movilidad, servicios públi...

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  • La revisión del POT de Medellín fortalece el Mejoramiento Integral de Barrios (MIB) para conectar vivienda, espacio público, equipamientos, movilidad, servicios públicos y gestión del riesgo. La apuesta reconoce, además, un activo construido durante décadas: el conocimiento de las comunidades sobre los territorios que habitan.

    En las laderas de Medellín, los barrios no comenzaron con una línea trazada sobre un mapa. Muchos crecieron al ritmo de las familias que levantaron sus casas, abrieron caminos, gestionaron servicios, hicieron convites y convirtieron terrenos difíciles en lugares para vivir.

    Por eso, mejorar un barrio es mucho más que intervenir una vivienda. Es poder llegar a casa por una vía segura, tener agua y saneamiento, contar con un parque o un equipamiento cercano, reducir las condiciones de riesgo y tener oportunidades para permanecer en el territorio. Es, en últimas, mejorar las condiciones de vida de quienes lo habitan.

    Esa mirada está en el centro de una de las apuestas de la revisión de mediano plazo del Plan de Ordenamiento Territorial (POT): fortalecer el Mejoramiento Integral de Barrios (MIB) para articular las distintas necesidades del hábitat y acercar la planeación a la realidad de cada territorio.

    Un territorio que nunca dejó de planearse

    Arlex López, de la Corporación Con-Vivamos, conoce esa historia desde la zona Nororiental. Allí ha participado con sus vecinos en procesos de planeación, estudios de riesgo, iniciativas de autoconstrucción, gestión de servicios, convites y propuestas nacidas desde los propios barrios. “Hay un acumulado de la comunidad que ha venido aportando y se requiere articular todos los planes, recoger todos los insumos, todos los estudios que hay desde las instituciones y avanzar sobre el mejoramiento integral de barrios”, dice.

    El Acuerdo 48 del 2014 estableció instrumentos para intervenir territorios con desarrollos incompletos o inadecuados, pero no todos avanzaron al ritmo esperado. La revisión identifica, por ejemplo, que, de cerca de 30 planes de legalización y regularización identificados, solo cuatro habían sido adoptados y todos eran anteriores a 2014. En los bordes Nororiental y Noroccidental, los macroproyectos se encuentran hoy en etapa de diagnóstico.

    Mientras los instrumentos enfrentaban dificultades para avanzar, los barrios siguieron andando. Las comunidades continuaron organizándose, produciendo conocimiento y buscando soluciones. Ese acumulado representa hoy una oportunidad: conectar la experiencia de quienes viven el territorio con la responsabilidad técnica e institucional de planearlo y generar las condiciones para transformarlo.

    La casa y todo lo que ocurre alrededor

    La revisión del POT recoge una lección fundamental: mejorar una vivienda no es suficiente si no mejora también su entorno. El Mejoramiento Integral de Barrios propone, justamente, pasar de lo privado a lo común: de la casa al barrio, de la vivienda a todo aquello que hace posible la vida cotidiana. Por eso, la revisión propone consolidar este programa y fortalecer los instrumentos para intervenir territorios que requieren legalización, regularización y mejoramiento del hábitat.

    La apuesta es entender que la transformación no termina en la puerta de la casa. Continúa en la calle por la que se camina, en el parque donde se encuentran los vecinos, en el equipamiento que presta un servicio, en las redes de agua y saneamiento, en la movilidad, en la gestión del riesgo y en las condiciones ambientales. Mejorar el barrio implica conectar lo que ocurre dentro de la vivienda con el entorno que se comparte.

    Imagen Reunión Mejoramiento Integral de Barrios

    Esa visión encuentra puntos de encuentro con el trabajo comunitario. Desde el MIB con enfoque de paz, organizaciones sociales y actores académicos han planteado una mirada que integra vivienda, hábitat y dimensión social y económica. La revisión del POT, desde su competencia, aporta instrumentos y condiciones técnicas para orientar la transformación.

    El punto de encuentro es sencillo y poderoso: mejorar integralmente un barrio es mejorar la casa, su entorno y la vida que ocurre entre ambos.

    De planear a transformar

    Ahí está otro de los desafíos que aborda la revisión: conseguir que la planeación pueda traducirse en intervenciones concretas.

    Los Planes de Legalización, Regularización y Mejoramiento del Hábitat (PLRMH) buscan reconocer las condiciones particulares de los asentamientos y articular acciones relacionadas con gestión del riesgo, sistemas públicos y colectivos y formalización de edificaciones.

    La ciudad avanza en la formulación de instrumentos de este tipo en sectores priorizados, mientras continúa el diagnóstico de los macroproyectos de los bordes Nororiental y Noroccidental. El propósito es conectar las distintas escalas de planeación y, al mismo tiempo, coordinar la acción institucional, porque mejorar integralmente un barrio exige que vivienda dialogue con infraestructura; riesgo, con servicios públicos; y movilidad, con espacio público, ambiente y participación. El territorio es uno, aunque las responsabilidades institucionales sean muchas.

    Planear con la gente

    Arlex López lo resume desde el barrio: “Nosotros creemos mucho en la planeación a pequeña escala”. En la zona Nororiental, esa forma de entender el territorio ha permitido reconocer lugares de encuentro y de memoria, construir propuestas barriales y pensar nuevas centralidades desde espacios que ya tienen significado para sus habitantes.

    La apuesta es que esa participación acompañe el proceso de planificación desde el comienzo: que el conocimiento de las comunidades aporte al diagnóstico del territorio y que, durante la formulación, contribuya a identificar y concretar proyectos que respondan a sus necesidades. Para lograrlo, se requiere articular los instrumentos de planificación, los instrumentos para el desarrollo y la oferta programática de las distintas entidades.

    Para Planeación reconocer ese conocimiento no significa trasladar a las comunidades responsabilidades que corresponden al Estado. Significa entender que una decisión técnica puede ser más pertinente cuando dialoga con quienes conocen las calles, las pendientes, las quebradas, las dificultades y las posibilidades de su barrio.

    Imagen del barrió cielo azul

    Allí se encuentran dos capacidades de Medellín: la institucional, con sus instrumentos, información técnica y responsabilidad sobre el ordenamiento; y la comunitaria, con su historia, organización y conocimiento territorial.

    Mejorar el barrio es hacer que la planeación se traduzca en mejores condiciones para la vida, porque ordenar el territorio también es cuidar a la gente que lo habita.


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