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En el ajetreo constante del Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, entre maletas, viajeros y despedidas se encuentra Óscar Darío Estrada Torres, un hombre cuya vida ha ...
En el ajetreo constante del Aeropuerto Olaya Herrera de Medellín, entre maletas, viajeros y despedidas se encuentra Óscar Darío Estrada Torres, un hombre cuya vida ha estado marcada por el trabajo como equipajero.
A sus 81 años, Óscar lleva más de medio siglo dedicado a este oficio: 28 años han sido en el Olaya Herrera y 27, en el José María Córdova de Rionegro. Su rostro refleja la dedicación de alguien que, pese al tiempo, sigue viendo en su trabajo una fuente de vitalidad y orgullo.
No siempre fue equipajero. Su carrera comenzó con una labor diferente: pintor de fachadas y habitaciones. Sin embargo, la vida lo llevó por otros caminos. Hace 55 años, de manera insistente y con el apoyo de su madre, quien personalmente fue presentada al gerente del aeropuerto, logró conseguir la oportunidad de convertirse en parte de la familia aeroportuaria. Desde entonces, su vida ha girado en torno a maletas y pasajeros.
Esposo dedicado y padre de dos hijos, ha visto en su trabajo no solo una forma de sustento, sino una manera de sacar adelante a su familia. Día tras día, con la puntualidad que lo caracteriza, se levanta a las cinco de la mañana. Su rutina comienza con algunas flexiones, para luego organizarse y disfrutar del café que su esposa le prepara con cariño. Vive cerca del Olaya Herrera, en el barrio Santa Fe, lo que le permite recibir a mediodía su almuerzo, siempre recién preparado, para seguir con sus labores en el aeropuerto.
Anécdotas y hechos dolorosos
A lo largo de los años, Óscar ha vivido incontables anécdotas, algunas cómicas y otras llenas de orgullo. Entre las más destacadas, recuerda cuando atendió a figuras nacionales, como el expresidente Álvaro Uribe, el famoso ciclista Ramón Hoyos, el músico Fruko y muchos otros personajes ilustres, nacionales e internacionales. Lo que más le ha causado gracia es la variedad de “equipajes” que le han llegado: desde gallos de pelea hasta bicicletas y mascotas, todo un repertorio de historias que contar.
Su trabajo no se limita a cargar maletas; también tiene la responsabilidad de asistir a personas con discapacidad, trasladándolas en sillas de ruedas. A pesar del esfuerzo físico que esto implica, siempre lo hace con una sonrisa y un saludo cálido, tratando a cada pasajero con respeto y cordialidad. “Muy buenos días, ¿en qué le puedo servir?”, es su frase habitual, mientras abre las puertas y se asegura de que cada maleta llegue a su destino.
Hace 18 años sufrió un accidente mientras viajaba en un bus cerca de la glorieta del Aeropuerto José María Córdova y el vehículo se precipitó a un abismo en el sector de Sajonia. Fue un accidente trágico que cobró la vida de nueve personas, pero Óscar logró sobrevivir. Ese hecho lo marcó y, lejos de desanimarlo, lo impulsó a continuar trabajando con más ahínco.
A lo largo de sus años de servicio ha visto cómo su vestimenta de trabajo ha evolucionado. Ahora hace parte de la Corporación Sintra de Equipajeros, una organización que regula su labor y les proporciona un vestuario adecuado para el oficio: tres camisas azules, dos corbatas y tres pantalones. En sus bolsillos nunca faltan su carnet institucional, una peinilla, cortaúñas, gafas y una fotocopia de la cédula. Curiosamente, no usa celular; prefiere la comunicación cara a cara.
La música
La jornada laboral termina para él alrededor de las cuatro y media de la tarde y su vida no se detiene. Aficionado al tango, la milonga y la música bailable de los años treinta, Óscar encuentra en la música una forma de desconectarse del ajetreo diario. Es un amante del vinilo y del sonido nostálgico que lo transporta a otra época.
Óscar Darío Estrada Torres es un hombre que ha encontrado en el aeropuerto un trabajo y una pasión. Su dedicación y cariño por lo que hace lo mantienen activo y con ánimos de continuar, a pesar de que ya está cotizando para su pensión. Al igual que los silleteros, los equipajeros de Rionegro, como él, heredan su oficio de generación en generación, y aunque él no proviene de una tradición familiar de equipajeros, ha logrado convertir su labor en un legado y ya su sobrino está siguiendo sus pasos.
En medio del movimiento de una terminal aérea como el Olaya Herrera, Óscar sigue adelante, cargando maletas, historias y recuerdos, con la misma energía y dedicación de hace 55 años. Un trabajador incansable, cuya historia refleja la esencia de aquellos que, con esfuerzo silencioso, hacen que el mundo sea más amable.
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