Alcaldía
Desde la calle, bajo el sol, la lluvia o en medio de la congestión, los agentes de tránsito de Medellín cumplen una labor esencial para el funcionamiento de la ciudad. Su trabajo, muchas veces silencioso, combina conocimiento técnico, vocación de servicio y compromiso con la ciudadanía. Esta es la historia de uno de ellos, que representa a muchos.
Servir a la ciudad desde la movilidad ha sido una decisión construida a lo largo del tiempo. Cristian Camilo Peña Franco, agente de tránsito de la Secretaría de Movilidad de Medellín, distinguido con la placa 982, nació en Bello, Antioquia, en 1991, y desde temprana edad mostró interés por los temas relacionados con la investigación, la seguridad vial y el servicio público.
Tras culminar el colegio, inició la Tecnología en Investigación Judicial y, posteriormente, en 2011, comenzó su formación profesional en Criminalística con énfasis en Accidentología Vial, carrera de la cual se graduó en 2017. De manera paralela, cursó la Técnica en Tránsito y Transporte con el propósito de fortalecer su perfil académico y prepararse, algún día, para concursar por el cargo de agente de tránsito en Medellín, un sueño que marcó su proyecto de vida.
Ese propósito lo llevó a enfocar su formación en diversos cursos y diplomados relacionados con el peritaje judicial, la identificación de automotores, la fotografía forense, la Policía Judicial aplicada a hechos de tránsito y la topografía en accidentes viales, entre otros.

El primer acercamiento laboral de Cristian a la seguridad vial se dio en 2015, cuando ingresó al Centro Internacional de Investigaciones Forenses y Criminalísticas, entidad encargada de realizar investigaciones y reconstrucciones de accidentes de tránsito para compañías aseguradoras. Allí trabajó durante seis años, inicialmente como investigador judicial y posteriormente como coordinador regional en Antioquia, liderando equipos de investigadores y dictando cursos y capacitaciones.
Ese recorrido le permitió adquirir una comprensión técnica y rigurosa de la movilidad, conocimiento que posteriormente se articuló de manera más directa con la labor institucional. En 2016, gracias a un convenio entre la Alcaldía de Medellín y Holding VML, apoyó la atención de accidentes con solo daños mediante el uso de drones, trabajando de forma conjunta con los agentes de tránsito y participando en los procedimientos en vía.

Esta experiencia fortaleció su vínculo con la función pública y, en 2021, participó en la convocatoria de 50 agentes temporales, momento en el que, por primera vez, se vistió con el uniforme azul que durante años había anhelado. Desde entonces, su formación técnica y su vocación encontraron un espacio directo al servicio de la ciudadanía.
En la práctica diaria, desde la calle, Cristian reconoce que la labor de los agentes de tránsito no siempre es visible cuando la movilidad fluye sin contratiempos. Sin embargo, en situaciones como accidentes, congestiones o eventos de ciudad, su presencia se vuelve determinante para garantizar el orden y la seguridad vial.
Desde ese lugar, explica que el agente cumple un papel clave no solo para quienes están involucrados directamente en un incidente, sino también para las demás personas que esperan continuar su recorrido, orientando, regulando y facilitando la movilidad en contextos de alta demanda.

Más allá del control, Cristian resalta el componente humano de su labor. En el día a día, muchas personas se acercan a los agentes con preguntas, dudas o situaciones que no saben cómo resolver. Desde explicar una medida de movilidad, hasta orientar un trámite o indicar una ruta, el agente de tránsito se convierte en un apoyo cotidiano. “Se siente muy bacano servirle a las personas, eso es lo mejor de este empleo”, asegura, convencido de que la cercanía con la ciudadanía es una de las mayores riquezas de su trabajo.
Cristian ha pasado por distintas modalidades de vinculación dentro de la entidad, primero como agente temporal y luego como provisional. En cada etapa ha asumido su rol con el mismo nivel de responsabilidad, convencido de que la forma de servir no depende del tipo de contrato, sino del compromiso con el cargo y con la ciudadanía.

En ese recorrido, la convocatoria al concurso de méritos Antioquia 3 representa un reto adicional para alcanzar sus metas laborales. Como muchos servidores públicos, afrontó este proceso a la par que continúa cumpliendo su labor en las calles y se preparó de manera rigurosa, en busca de ese resultado que ha esperado desde que inició su formación académica en temas de movilidad y seguridad vial. Esta exigencia, sumada a la incertidumbre propia del momento, tuvo un impacto en su bienestar hacia finales del año pasado, reflejado en un cuadro de estrés que requirió atención médica.
Aun así, continúa ejerciendo su función con profesionalismo, convencido de que la experiencia, la formación y el criterio técnico fortalecen el servicio público. “Siempre he tratado de hacer las cosas de la mejor manera”, afirma.

Detrás del uniforme, la vida personal y familiar
Hace cinco años, la vida de Cristian cambió con la llegada de su hijo Juan José. La paternidad, cuenta, se convirtió en una motivación profunda y en un motor para seguir creciendo como persona y como servidor público. “Ser papá nos cambia la vida completamente, nos hace ser mejores personas y nos impulsa a enseñar los mejores valores”, expresa. Ese equilibrio entre la vida personal y la vocación institucional refuerza su compromiso diario con el servicio.

Cortesía Cristian Peña
Cuando habla de su labor, Cristian vuelve siempre al mismo símbolo: el uniforme. Dice que lo plancha, lo lava y lo porta con orgullo. Para él, no es solo una prenda de trabajo, sino la representación de años de esfuerzo, estudio y dedicación. Portarlo significa, en sus palabras, poder “tocar el cielo con las manos” al saber que su trabajo contribuye a cuidar la movilidad y a servir a la ciudad que eligió, así como a brindarle una mejor calidad de vida a su esposa, su hijo y sus padres, en especial a su madre, quien lo ha acompañado de manera incondicional en este camino.
Historias como la de Cristian reflejan el compromiso, la preparación y la vocación de las 615 personas que conforman el cuerpo de agentes de tránsito de nuestra capital: 131 mujeres y 484 hombres, que todos los días enfrentan la calle orientando, ordenando y protegiendo la movilidad, incluso sacrificando tiempo con sus familias durante los fines de semana y los días festivos, por estar al servicio de una ciudad que no se detiene.
Reconocer su abnegada labor es también decir gracias por la preparación, por la entrega y por el servicio que cada uno de estos servidores de la Secretaría de Movilidad nos brinda en las calles, con lo cual contribuyen a que Medellín se mueva mejor.
