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La vejez debe ser una exhortación a la reflexión, una búsqueda insaciable a la sabiduría, una actitud frente a la realidad cargada de estoicismo y del valor para sobr...
La vejez debe ser una exhortación a la reflexión, una búsqueda insaciable a la sabiduría, una actitud frente a la realidad cargada de estoicismo y del valor para sobrellevar la vida.
Dalia Marín de Berrío tiene 85 años y muchas historias por contar. En su rostro se refleja la alegría de una vida bien vivida, bien llevada, una vida en la que la búsqueda de la felicidad ha sido la brújula que la ha llevado a lugares donde el movimiento y la actividad son esenciales para mantener un ánimo jovial, como el que la ha caracterizado.
Así, como por azares de la vida, llegó a los Clubes de Vida un día del 2021, la pandemia la había condenado a la quietud y su cuerpo se estaba acostumbrando a permanecer en una silla recordando el pasado mientras la vida transcurría en ese mismo instante. Una tarde mientras se sumía en memorias, el milagro llegó en forma de invitación. Su hermana, quién goza de esta actividad desde hace varios años, le dijo que la acompañara y ensayara…y así fue, ese mensaje le llegó como un llamado al movimiento, como una absolución a ese sedentarismo que se le había asentado en el alma y ya hacía que le pesara el cuerpo.

…Y tanto le gustó que ya son cuatro años desde que se armó de valentía y se lanzó a una aventura diferente, con 85 años, porque lo único imperdonable en esta vida es no intentarlo y quedarse divagando entre preguntas. Su espíritu juvenil y su facilidad para hacer amigos le permitieron adaptarse fácilmente y comenzar una rutina que poco a poco aprendería y le salvaría de la quietud que la había acompañado los últimos años.
El movimiento le devolvió las ganas de vivir y de disfrutar al máximo de cada día de su vida, le dio propósito aun cuando creía que el final se acercaba, le demostró que en la recta final también hay belleza, vitalidad y disciplina. Los Clubes de Vida de la Alcaldía de Medellín le dieron una lección y así mismo, ella se convirtió en un referente, en uno que no se deja de los años, sino que sabe anteponerse con altura a lo inevitable.

La historia de Dalia es solo un factor común en medio de una situación que acontece con frecuencia en los barrios de Medellín, en parques que parecen consagrados a la vejez, donde día tras día se reúnen en una cita inaplazable con la espera en medio de bancas dispuestas para contemplar el pasado, para recordar lo que fue y a sumirse en el “hubiera”, un subjuntivo en que todos se complacen para luego dejarse caer por un golpe de realidad.
El cambio demográfico en Medellín ha traído consigo grandes retos, uno de ellos es atender a una parte de la población que cada vez se constituye como un alto porcentaje de la sociedad. Este cambio en las estructuras obedece a un envejecimiento poblacional y a una expectativa de vida más alta, y por ende unas demandas más significativas en el sistema.
En Medellín leímos esa necesidad desde hace años y entendimos que nuestros adultos mayores necesitan espacios donde puedan vivir esa tercera edad en condiciones favorables, con una red de apoyo que les sostenga, con toda la institucionalidad de respaldo, acompañando y retribuyendo la entrega a la construcción de la sociedad.
Porque la vejez debe ser redefinida, deben atribuírsele otras calificativos y así tener un mejor pronóstico para los años venideros, a ese punto se debe llegar con la esperanza intacta, así en el camino se pierdan los ánimos, de que el final queda todo lo entregado, todo lo vivido, un misterio por descubrir y, es mejor llegar con la bondad como carta de presentación, con la inocencia conservada, a pesar de todos los pesares que hacen la vida.
Desde el Distrito de Medellín, con Amautta, acompañamos a los adultos mayores y les brindamos diversos programas como: Días de Sol, Formación en Manualidades, Asambleas Gerontológicas, Centro Vida Gerontológico, Dormitorio Social, Larga Estancia, Familias Cuidadoras y Servicio Exequial. Estos servicios hacen más llevadero el paso de los años y representan una ayuda económica a las familias de escasos recursos.
Dentro de todo el abanico de servicios ofrecidos por la Alcaldía de Medellín, por intermedio de la Secretaría de Inclusión Social y Familia, está también el suministro de uniformes, una bendición para los abuelitos que hacen deporte en los Clubes de Vida y que muchas veces no tienen los recursos para comprar ropa deportiva; por eso, desde marzo del presente año comenzó la repartición del nuevo uniforme, un diseño renovado con la imagen de Medellín de fondo, con una tela mucho más apropiada para el ejercicio y sobre todo un regalo que se entrega desde el amor por los mayores, esos que forjaron el camino que hoy se recorre.
Los beneficiarios de este nuevo uniforme serán los integrantes de los 652 Clubes de Vida de la ciudad, pertenecientes a las 16 comunas y 5 corregimientos, un total de 37 751 adultos mayores que estrenarán nuevamente después de cuatro años.

Durante la entrega de los uniformes, el alcalde Federico Gutiérrez enfatizó en la importancia de cuidar a los adultos mayores y retribuirles todo el esfuerzo que han invertido en este presente que trae desafíos pero también alegrías y grandes avances en todas las materias del desarrollo, el disfrute de hoy bebe de un pasado cultivado con esfuerzo, dedicación y un amor inmenso hacia el trabajo: un legado que ahora hace parte de la identidad de los paisas.
El encuentro fue un festín de alegría y regalos, pues todos los adultos mayores celebraban con agradecimiento la entrega de los uniformes, tan esperados y necesitados por todos, por la exigencia de sus horarios: tres veces a la semana de 5:00 p. m. a 6:00 p. m. en Flores del Ocaso.
Don Raúl Antonio Sánchez Paniagua, tiene 75 años y es el presidente de la Junta de Acción Comunal desde hace tres años, él es testigo de cómo los Clubes de Vida le han devuelto la vitalidad a los adultos mayores y han unido a la comunidad en torno al ejercicio.

Él mismo cuenta cómo es el cambio de las personas que ingresan a los Clubes de Vida, muchas veces sin poder caminar bien y a los pocos meses son otros, rejuvenecidos, enérgicos y con la esperanza de vencer muchos dolores que les aquejan.
Y como la fe lo puede todo, ha visto diagnósticos médicos revertidos por la disciplina del ejercicio, por la compañía de nuevos amigos que hacen más llevadero el camino de la vida. Don Raúl recalca la constancia de los 40 alumnos que tres veces a la semana bailan al ritmo de la música y vuelven a sentir la juventud.
Celebramos que en Medellín existan estos espacios dedicados al florecimiento de la población mayor, porque en la senectud también hay misterios que develar, aprendizajes que descubrir y muchos amigos por conocer.
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