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En una labor que exige carácter, preparación y una profunda vocación de servicio, Catalina Mejía ha construido durante 15 años su trayectoria en la Secretaría de Mo...
En una labor que exige carácter, preparación y una profunda vocación de servicio, Catalina Mejía ha construido durante 15 años su trayectoria en la Secretaría de Movilidad de Medellín. Hoy es la mujer que lidera el grupo de Policía Judicial, conformado por más de 30 agentes que se distribuyen en tres turnos para garantizar atención permanente frente a algunos de los momentos más complejos que se presentan en las vías de la ciudad.
Catalina Andrea Mejía Zapata es abogada de la Universidad de Antioquia, tecnóloga en investigación judicial, cuenta con formación en atención prehospitalaria y es técnica en tránsito y transporte. Sin embargo, más allá de su formación académica, lo que realmente ha marcado su trayectoria es la pasión y determinación con la que, desde muy joven, decidió ir tras sus sueños.
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Nació en Tuluá, pero desde muy pequeña vivió entre ese municipio y Medellín. Esa dinámica, cuenta, ayudó a forjar su carácter y su capacidad de adaptarse a los cambios. También reconoce que, a lo largo de su vida, ha tenido que enfrentar muchos momentos que le han exigido fortaleza. Ese carácter fuerte, con el tiempo, encontró su lugar en una labor exigente, en la que tomar decisiones y afrontar situaciones difíciles hace parte del día a día.

Desde el inicio tuvo claro que quería trabajar en el campo de la criminalística, una disciplina que siempre le ha apasionado. Por eso vio en la Secretaría de Movilidad de Medellín una oportunidad para combinar esa vocación con el servicio a la ciudadanía.

“El ingresar a la Alcaldía de Medellín hace 15 años me cambió la vida totalmente. Me abrió un mundo de oportunidades, me dio la posibilidad de servir a la comunidad y ejercer para lo que estudié”, recuerda.
De la regulación a la Policía Judicial
Como muchas personas, Catalina también creía que el trabajo de un agente de tránsito consistía simplemente en estar en una intersección regulando el paso de los vehículos. Esa era la imagen que tenía antes de ingresar. Con el tiempo descubrió que la realidad es muy distinta: detrás del uniforme hay una labor que exige conocimiento técnico, capacidad para tomar decisiones en segundos y una responsabilidad permanente con la seguridad vial y el servicio a la ciudadanía.

Al igual que muchos agentes, Catalina inició su carrera realizando labores de regulación del tránsito. Durante dos años estuvo en las vías organizando la movilidad, orientando a los conductores y siendo un referente para la ciudadanía. Aprovechaba cada oportunidad para acompañar y observar a los agentes de Policía Judicial mientras realizaban diligencias en accidentes con personas fallecidas, soñando con el día en que ella misma pudiera formar parte de ese equipo. Aunque su interés principal siempre estuvo en el trabajo forense, esa etapa inicial también dejó una huella profunda en su trayectoria.
“Me enamoré de la regulación. Es el hecho de saber que puedes ayudar a que la ciudad funcione mejor, que puedes orientar a las personas o intervenir en momentos difíciles”, cuenta.

Con el tiempo, y respaldada por su formación, Catalina logró abrirse camino hasta ingresar al grupo de Policía Judicial, uno de los equipos más especializados dentro del tránsito, encargado de realizar actos urgentes y levantamientos en accidentes fatales. Ese grupo le permitió conectar su trabajo como agente con una de sus mayores pasiones: la criminalística.

Una labor exigente para las mujeres
Cuando Catalina ingresó al tránsito, la presencia femenina era mucho menor que hoy. En varios equipos, especialmente en los más especializados, predominaban ampliamente los hombres. “Es un gremio muy dominado por los hombres. Cuando entré era más difícil para las mujeres, especialmente en grupos como Policía Judicial que eran muy exclusivos”, explica.

Aun así, su insistencia y preparación terminaron abriéndole camino. Hoy reconoce que las condiciones han cambiado y que cada vez más mujeres encuentran oportunidades dentro de la institución, con mayor respaldo por parte de superiores y compañeros. Ese avance también se refleja en la presencia femenina dentro del cuerpo operativo: actualmente, el grupo de agentes de tránsito de Medellín está conformado por 484 hombres y 131 mujeres.
Sin embargo, la labor en la calle sigue teniendo retos particulares. En operativos de control o en procedimientos complejos, las agresiones verbales e incluso físicas pueden aparecer. Y en esos momentos, reconoce, ser mujer también implica enfrentar ciertas vulnerabilidades.

“A veces uno se siente más vulnerable, sobre todo cuando está sola en la calle. Pero la única manera de enfrentarlo es seguir adelante y hacer el trabajo con profesionalismo”, afirma.
El reto de liderar
Después de más de una década de experiencia, Catalina asumió hace tres años uno de los mayores retos de su carrera: convertirse en supervisora del grupo de Policía Judicial. Pasó entonces de ser compañera de equipo a liderar a quienes durante años trabajaron a su lado, una transición que, reconoce, no siempre es sencilla.
“Pasar a ser la jefa de los mismos compañeros implica retos. Uno conoce las fortalezas y también las falencias del equipo, y desde el liderazgo hay que buscar que todo funcione mejor”.
Hoy su responsabilidad no solo es operativa. También debe garantizar que cada procedimiento se realice con rigurosidad, transparencia y conforme a la ley, pues los actos que realiza este grupo tienen implicaciones judiciales. “Tratamos de que el trabajo sea limpio, profesional y que el grupo de Policía Judicial de Medellín sea un referente en el país”.

Los casos que marcan la carrera nunca se olvidan
A lo largo de sus años de servicio, Catalina ha estado presente en algunos de los momentos más duros que ocurren en las vías de la ciudad. Accidentes graves, escenas complejas y el contacto directo con las familias de las víctimas hacen parte de una labor que exige fortaleza emocional y profesionalismo.

Recuerda, por ejemplo, un accidente en el que un abuelo, que además era bombero, llegó hasta el lugar donde su nieta yacía sin vida en la vía. A pesar de su experiencia en emergencias, él sabía que no podía hacer nada para salvarla. Momentos como ese, reconoce, dejan huella.
“El levantamiento de niños, o cuando fallece una mujer embarazada, son situaciones que marcan mucho. Todas las muertes impactan, pero hay unas que se quedan más en la memoria”, dice.

Aun así, Catalina ha aprendido a separar lo laboral de lo personal. Para ella, esa es una condición necesaria para poder continuar en esta profesión. “No me llevo las historias para la casa. Si lo hiciera, no podría seguir trabajando en esto”.
Más que sacrificio, una pasión por servir
El trabajo en Policía Judicial no tiene horarios previsibles. Los turnos pueden extenderse por horas e incluso superar un día completo cuando ocurre un evento de gran magnitud. Ese ritmo implica sacrificios, especialmente en el tiempo con la familia. Catalina es madre de dos hijos y reconoce que esa es una de las mayores renuncias que exige su labor.
“El mayor sacrificio es el tiempo con la familia. Sabemos a qué hora entramos, pero nunca a qué hora vamos a terminar”.
Aun así, cada día encuentra una motivación para continuar. Para ella, el tránsito es mucho más que regular vehículos o atender accidentes. Es una forma de servir a la comunidad y de ser un punto de apoyo para quienes atraviesan momentos difíciles.

Por eso, cuando le preguntan cómo resumiría sus 15 años de trayectoria, no duda en responder con una sola palabra: “Pasión”.
Un mensaje para las nuevas generaciones de mujeres
En el marco del Día Internacional de los Derechos de la Mujer, que se conmemora hoy 8 de marzo, Catalina envía un mensaje a las niñas y jóvenes que sueñan con ejercer profesiones que históricamente han sido ocupadas principalmente por hombres. Para ella, el camino puede tener retos, pero también grandes satisfacciones, y es la prueba de que las mujeres pueden abrirse paso y liderar en cualquier escenario cuando hay preparación, carácter y vocación.

“Es una labor maravillosa. Servir a la comunidad y que las personas te vean como alguien que puede ayudarlas es algo muy especial, las invito a que no se rindan”.
Quince años después de haber ingresado a la Secretaría de Movilidad de Medellín, Catalina Mejía sigue convencida de que eligió el lugar correcto para ejercer su vocación. Una profesión que, entre la dureza de la vía y el compromiso con la ciudad, sigue moviéndose cada día con la misma pasión con la que empezó.
