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En el hogar geriátrico San Cristóbal, en el barrio Boston y en el hospital Concejo de Medellín hubo sendas jornadas en las que el cansancio, la soledad y el silencio parecieron hacerse más pequeños. Bastó que unos perros cruzaran las puertas de estos dos lugares, moviendo su cola, para que algo cambiara en el ambiente. Los ojos de varias personas mayores -en el hogar- y de los niños y niñas -en el hospital- volvieron a brillar, algunas manos temblorosas se extendieron lentamente para acariciarlos y más de uno sonrió como hacía mucho no lo hacía. Hubo abrazos silenciosos, recuerdos que regresaron de golpe y miradas llenas de ternura que parecían encontrar un pequeño descanso en medio de tantos días difíciles. Porque a veces sanar no empieza con medicamentos ni palabras, sino con una presencia noble capaz de recordarnos que todavía existe amor, compañía y esperanza.
Los pasillos, acostumbrados a las rutinas lentas, las caminatas pausadas y los días largos, comenzaron a llenarse de movimiento cuando seis perros entraron moviendo la cola, recorriendo cada rincón como si supieran exactamente a dónde debían ir.
No llevaban batas, no cargaban medicamentos y no pronunciaban una sola palabra. Y aun así, lograron algo que muchas veces es difícil incluso para los humanos: devolver sonrisas.
En el hogar geriátrico San Cristóbal, uno de los abuelos abrazó a uno de los perros y no quiso soltarlo durante varios minutos. Otra mujer comenzó a recordar las mascotas que tuvo en su juventud mientras acariciaba lentamente a una labradora. Algunos simplemente sonrieron en silencio, dejando que el momento hablara por ellos. Ese día, en medio de las caricias, las miradas y las emociones, volvió a confirmarse algo poderoso: el amor también puede sanar.
Perros rescatados, que habitan en La Perla, ayudan a sanar vidas
La jornada hizo parte del programa de Intervenciones Asistidas con Perros (IAP), liderado por la Subsecretaría de Protección y Bienestar Animal de la Secretaría de Medio Ambiente, de la Alcaldía de Medellín, a través del Centro de Bienestar Animal La Perla.
Los protagonistas fueron Chagualo, Candelaria, Manila y otros perros rescatados que hoy acompañan procesos terapéuticos y emocionales en distintos espacios de la ciudad.

Sí, estos peludos que alguna vez fueron abandonados o maltratados, hoy son capaces de acompañar a niños hospitalizados, personas mayores y a quienes están en situaciones vulnerables. Y quizá ahí está la magia más grande de esta historia. Porque quienes un día necesitaron ser salvados, hoy ayudan a salvar emocionalmente a otros.
Cuando la salud también se construye desde el afecto
Durante varias horas, los perros de La Perla recorrieron el hogar geriátrico acercándose lentamente a cada residente. Algunos de los allí presentes reían. Otros lloraban. Muchos simplemente se dejaban acompañar. La directora del refugio, Dora Mejía, lo resumió de una manera profundamente humana: “El afecto para ellos es fundamental y el cariño que los animales les brindan a estas personas mayores, les da un significado a sus vidas”.
La misma magia llegó al Hospital Infantil Concejo de Medellín
Esa capacidad de transformar emociones también ha llegado a otros espacios públicos de la ciudad, como el Hospital Infantil Concejo de Medellín. Allí, en medio de tratamientos médicos, largas esperas y diagnósticos difíciles, las huellas de estos animales también han dejado marca.
Y así fue como en el hospital abrieron sus puertas para cuidar la vida de los niños de la ciudad y su personal, pero quisieron hacerlo de una manera diferente. No fue un procedimiento nuevo ni una medicina distinta. Fue algo más simple, pero profundamente transformador, la llegada de unos pequeños visitantes que no hablan, pero lo dicen todo con la mirada. Eran perros.
Llegaron moviendo la cola, con pasos tranquilos, como si supieran exactamente dónde estaban entrando. Y en cuestión de minutos, lo que antes era silencio, tensión o dolor, empezó a llenarse de sonrisas. Allí comenzó una jornada que, más que una actividad, se convirtió en un recordatorio de lo que puede hacer el amor cuando encuentra el camino correcto.
Así como los perros del Centro de Bienestar Animal La Perla estuvieron en el hogar geriátrico San Cristóbal, del barrio Boston, la fundación Huellitas Sanadoras, llevó sus peludos al Hospital Infantil Concejo de Medellín. Ellos cuentan con perros entrenados que han acompañado a niños hospitalizados, convirtiéndose en una terapia emocional inesperada.
Su presencia en este hospital reafirma el compromiso de la ciudad con una atención en salud más humana, más cercana y más integral.
Una idea que cruzó fronteras para sanar en Medellín
La historia de la fundación Huellitas Sanadoras no empezó en un hospital, sino en un sueño. Así lo cuenta Lina María Ramírez Franco, voluntaria y parte del equipo: “La fundación surgió de una idea de Carolina Escobar, una psicóloga paisa que vive en Estados Unidos. Ella empezó a tocar puertas con su papá, que es médico, y el primer hospital que les abrió fue el San Vicente”.
Desde entonces, lo que empezó como una iniciativa pequeña ha crecido hasta convertirse en una labor constante en hospitales de Medellín, acompañando a niños, adultos y personal médico en momentos donde las palabras muchas veces no alcanzan. Incluso en pandemia, cuando el mundo se detuvo, ellos encontraron la forma de seguir. “Seguimos trabajando con el personal médico, fue un apoyo muy importante para ellos”.
Cuando el dolor se olvida, aunque sea por un momento
Hay algo que se repite en cada historia, en cada sala, en cada paciente y personal médico que recibe a estos amigos de cuatro patas y es que el ambiente cambia. Y no es una forma de decirlo. Es real.
“Ellos llegan a un lugar y es como si llegara la magia, el ambiente cambia totalmente, el dolor se olvida”, dice Lina. En el pabellón de quemados, donde cada paso duele, donde cada movimiento cuesta, los niños encuentran una razón para levantarse. “Muchas veces no quieren caminar, pero por pasear el perro lo hacen. Se les olvida el dolor”. Y ahí, en ese instante, ocurre algo que no se puede medir, pero que lo transforma todo.
Un respiro en medio de lo difícil

Para quienes hacen parte de la fundación, esta labor también nace desde lo personal. Angie Vélez, quien lleva apenas mes y medio como voluntaria, lo explica desde el corazón:
“Siempre me ha gustado aportar un granito de arena y con mi perrita, que también ha sido un apoyo emocional para mí, quise hacer eso para los niños”. Su perrita Alma no solo acompaña, también conecta y se convierte en puente entre el dolor y la calma. Porque a veces, lo único que necesita una persona es sentir que no está sola.
Cuando una huella deja marca para siempre

Hay historias que se quedan, momentos pequeños que terminan siendo enormes. Alejandra Madrigal, médica veterinaria y voluntaria desde hace más de tres años, guarda uno muy especial: “Una niña salió corriendo antes de irse y me entregó un muñequito de plastilina que hizo de un perrito salchicha como ciruela mi perrita para darnos las gracias”, ese muñeco hoy sigue en su escritorio y no es solo un recuerdo, es la prueba de que lo que hacen sí transforma vidas.
Una iniciativa que llegó para quedarse
La jornada en el Hospital Infantil Concejo de Medellín nació con un propósito claro, hacer del Día del Niño algo diferente. Así lo explica Mariana Higuita Monsalve, estudiante de la Universidad de Medellín: “Estábamos buscando algo distinto y vimos que en otros hospitales ya habían trabajado con la fundación. Nos pareció una iniciativa muy linda”.
Y aunque al inicio pensaron que podría ser complicado llevar perros a un hospital, la respuesta fue otra. “Las puertas estaban abiertas”.
Hoy, esa decisión se siente en cada habitación, en cada niño que sonríe, en cada abrazo que se da sin miedo. “Ha sido una experiencia demasiado hermosa, los niños se encariñan con ellos, es una terapia muy sanadora”.
Esta articulación refleja cómo desde la institucionalidad se están abriendo espacios para integrar nuevas formas de cuidado, donde la salud emocional también es prioridad.
De las huellitas al hogar: una invitación a adoptar
Así como Huellitas Sanadoras lleva bienestar a los hospitales, Medellín también cuenta con espacios que trabajan todos los días por la protección y el cuidado de los animales, como el Centro de Bienestar Animal La Perla.
Muchos de los perros que hoy acompañan procesos terapéuticos tuvieron, en algún momento, una historia difícil. Algunos fueron rescatados, otros abandonados y encontraron en el amor de una familia una segunda oportunidad.

Por eso, esta historia también es una invitación: a mirar a los animales con otros ojos, a entender que adoptar no es solo dar un hogar, sino transformar una vida.
Desde la Alcaldía de Medellín se promueven constantemente jornadas de adopción responsable, donde perros y gatos esperan por una familia que los reciba con amor, compromiso y respeto.
Porque tal vez, en uno de esos espacios, esté ese compañero que también puede sanar y te puede ayudar a hacerlo.

Medellín también sana así
Lo que ocurrió en el Hospital Infantil Concejo de Medellín y en el hogar geriátrico San Cristóbal, en el barrio Boston no fue solo una actividad. Ambos eventos son una muestra de cómo la ciudad le apuesta a una salud más humana, a una atención que va más allá de lo clínico y que entiende que el bienestar también se construye desde lo emocional.
Estas dos historias no son solo de una fundación y de un centro público de bienestar animal, son también de una ciudad que abre espacios, que cree en nuevas formas de sanar, que entiende que el bienestar no siempre viene en forma de medicamento.
La Alcaldía de Medellín le apuesta a iniciativas que conectan con lo humano, que transforman desde lo simple, que demuestran que el cuidado también puede venir con patas, con pelaje y con una mirada llena de amor.
Lo que ocurre cuando Huellitas Sanadoras entra a un hospital o cuando un perro o gato de La Perla es adoptado, no se puede explicar del todo. Hay que verlo. Hay que sentirlo. Es entender que el dolor no desaparece, pero sí puede olvidarse por un momento. Y ese momento, para quien lo vive, lo cambia todo.
Una invitación que nace desde el corazón
La invitación es a seguir construyendo una Medellín que cuida, que protege y que entiende el poder de lo simple. A creer en estas iniciativas, a apoyarlas, a abrir espacios para que más personas puedan vivirlas y, por qué no, a sumarse como voluntarios y adoptar. Porque a veces, lo único que necesita alguien para seguir adelante es una huellita peluda de cuatro patas, voliando la cola, que le recuerde que no está solo.
Cómo adoptar

Si usted quiere adoptar un animal de compañía puede comunicarse con el Centro de Bienestar Animal La Perla de la Alcaldía de Medellín por medio de la línea 604 385 55 60 o llamando a la línea de emergencias 123.
Allí seguro encontrará un amigo fiel para toda su vida.