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En la Institución Educativa Gilberto Alzate Avendaño, ubicada en la comuna 4–Aranjuez, un espacio que durante años fue silencio, polvo y objetos olvidados, hoy vibra con acordes, voces y sueños que empiezan a tomar forma. Donde antes se apilaban sillas viejas y mesas dañadas, hoy se afinan guitarras, se ensayan canciones y se construyen futuros posibles.
Este auditorio dejó de ser una bodega. Hoy es un escenario. Pero, sobre todo, es una oportunidad. “Esto antes era como una bodega donde ponían las sillas, las cosas viejas del colegio que ya prácticamente no servían”, recuerda Sofía Taborda, estudiante de la Institución Educativa. Hoy, en cambio, lo nombra desde otro lugar: “la verdad lo veo demasiado bonito… es algo que nos funciona muy bien”. Y aunque sus palabras parecen sencillas, lo que habita detrás es profundo: ahora tienen un lugar donde sí caben.

La transformación hace parte de una intervención integral que recibió la institución y que fue entregada a satisfacción en el primer trimestre de 2026, con una inversión superior a los 11 900 millones de pesos. Las obras incluyeron mejoras en zonas recreodeportivas, adecuaciones en el restaurante escolar, redes eléctricas y de gas, entre otros espacios. Pero hay un lugar donde todo esto cobra sentido: el auditorio. Allí no solo hubo cambios físicos. Hubo una posibilidad nueva.
Un escenario en madera, pisos renovados, cabina de sonido modernizada, iluminación, ventanería… cada detalle fue pensado para algo más que funcionar: para invitar a quedarse, a expresarse, a atreverse. Y quedarse, en este caso, significa crear. Significa ser visto. Significa creer que sí es posible.
La renovación del auditorio se conecta con la apuesta del Distrito de Medellín por la Escuela Inteligente, donde la infraestructura no es solo soporte, sino una herramienta para potenciar talentos, ampliar horizontes y transformar trayectorias de vida. Aquí, esa apuesta toma forma en la media técnica de Interpretación de Instrumentos Musicales, con énfasis en guitarra y piano. Un proceso articulado con el Servicio Nacional de aprendizaje -SENA- que permite a los estudiantes graduarse con doble titulación.
“La media técnica tiene una articulación con el SENA, donde los estudiantes se gradúan como bachilleres y como técnicos en música”, explica el docente Andrés Correa Mena. Pero más allá del título, hay algo que no se mide en certificados: la posibilidad de imaginar un futuro distinto. En ese proceso, el auditorio no es un lujo. Es el lugar donde todo empieza a volverse real.
“La gran ventaja que tiene un espacio como este es precisamente proyectar todos estos talentos… es vital para que los estudiantes puedan seguir su proceso musical”, señala el docente. Después de más de dos décadas sin una intervención de fondo, este escenario vuelve a abrir sus puertas justo a tiempo para una nueva generación que no solo aprende música, sino que empieza a creer en sí misma.
“Siempre me ha llamado la atención aprender música… el piano también me ha llamado la atención desde pequeña”, dice Sofía.
Hoy, además de aprender, hace parte de una banda. Ensaya en un lugar que antes no existía para ellos. Un lugar donde su sueño ya no es lejano. Es cotidiano.
“Gracias a la Alcaldía de Medellín por haber renovado este auditorio que la verdad nos sirve mucho”, expresa.
La diferencia también se vive en lo cotidiano. Antes, las presentaciones eran en el patio, con dificultades de sonido y logística. “Bajar la batería era muy complicado… acá prácticamente no nos toca bajar nada, solo es cruzar y entrar”, cuenta Sofía. Pero lo más importante no es la facilidad. Es lo que eso permite: ensayar en el mismo lugar donde se presentarán, habitar el escenario antes del día final, perder el miedo, ganar confianza, reconocerse capaces.
Ese cambio, aunque parezca simple, transforma la experiencia educativa. Porque ahora el auditorio no es solo un espacio renovado. Es un lugar donde los talentos encuentran su voz. Donde la infraestructura se convierte en oportunidad. Donde la educación se escucha en forma de acordes. Y donde, por fin, el arte tiene un lugar para quedarse.