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Candelario, el guía de Coolturízate que invita a redescubrir el Centro de Medellín

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Gerencia del Centro y Territorios Estratégicos | Medellín en Historias
Por: Deicy Johana Pareja M. Fotos: Harol Smith Henao y Laura Patiño. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

Este personaje propone recorrer el Centro de la ciudad sin prisa y a detenerse en los lugares por donde muchos pasan de largo. A través de Coolturízate, una estrategia ...

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  • Este personaje propone recorrer el Centro de la ciudad sin prisa y a detenerse en los lugares por donde muchos pasan de largo. A través de Coolturízate, una estrategia de la Alcaldía de Medellín, que convierte cada caminata en una experiencia que conecta historias, cultura y ciudad.

    Candelario parece un personaje del cine, como si viniera de una máquina del tiempo. Brilla en la mitad de un grupo de personas que lo escuchan con la misma atención con la que se observa un truco de magia. Tiene una mirada encendida, amplia, curiosa, como si todavía le sorprendiera todo, incluso lo que ya ha vivido o contado docenas de veces.

    Su rostro es afinado, de cejas marcadas y ojos grandes que parecen sostener historias antiguas. Lleva maquillaje en sus ojos, barba corta, bien cuidada, y en las orejas unos pequeños expansores que le dan un aire contemporáneo, casi como un puente entre distintas épocas.

    Lleva puesta una pava de explorador color tierra y unos lentes antiguos que no usa para ver, sino para recordar. Porque Candelario no necesita enfocar: él ya lo ha visto todo. Viste como quien se prepara para caminar sin prisa: una camisa de tonos neutros, de manga larga, donada por un historiador del Centro, y un overol que recoge el polvo de cada calle recorrida. A veces, lleva bermudas o “mochos” y botas. Siempre listo para recorrer el Centro de Medellín y contar historias.

    Pero lo que realmente lo define no es su vestuario, sino su manera de mirar. Candelario no observa el Centro: lo lee, lo escucha y lo olfatea. Se detiene donde otros pasan de largo. Señala una esquina como si fuera un umbral, una fachada como si fuera un libro abierto. Se asombra —de verdad— y, en ese asombro, arrastra a quienes lo rodean.

    Un viajero de épocas

    Mi nombre es Candelario… no Calendario”, dice, como quien juega con el tiempo y el lenguaje. “Yo no cuento los días, ni los meses ni los años… yo viajo”. Y en esa frase cabe todo su misterio. Porque Candelario es, ante todo, un viajero. No de distancias, sino de épocas.

    Cuenta que viene de 1541, cuando Jerónimo Luis Tejelo pisó por primera vez el Valle de Aburrá, y de 1616, cuando Francisco Herrera Campuzano estableció el primer asentamiento español en San Lorenzo de Aburrá, en lo que hoy es el barrio El Poblado. Luego habla de ese traslado hacia el sitio de Aná, donde empezó a tomar forma la ciudad que más tarde sería la Villa de la Candelaria.

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    De ahí su nombre. De ahí su raíz. Dice que lleva más de tres siglos caminando estas mismas calles, viendo cómo el agua de la quebrada Aná reunía a los primeros habitantes y cómo se levantaban las primeras casas y quintas. Aunque mucho ha cambiado, aún quedan huellas de ese pasado: en el Centro de Medellín persisten referentes como la Casa Barrientos, ubicada en la avenida La Playa, reconocida como Patrimonio Arquitectónico y construida a finales del siglo XIX, que conserva rasgos de la arquitectura tradicional de la época.

    Candelario no cuenta la historia: la encarna. Camina y habla, se detiene y pregunta. Levanta la mano casi como un gesto natural y entonces aparece un relato: una casa que ya no existe, una fachada antigua, un café que aún resiste, la voz de un escritor, de un artista o de un poeta. En medio de la ciudad, bajo el sol o la lluvia, con un micrófono en la mano, se convierte en un puente entre quienes pisaron estas calles y quienes hoy la habitan.

    Así nació, casi sin proponérselo, en una caminata navideña de 2024 por la avenida La Playa, organizada por la Gerencia del Centro y Territorios Estratégicos de la Alcaldía de Medellín. Entre luces, villancicos y conversaciones espontáneas, empezó a tomar forma este personaje que no solo guía recorridos, sino que también provoca encuentros. Porque eso es lo que hace: reúne. “No era solo ver alumbrados… era ver todo lo que había alrededor, todo lo que la gente no estaba mirando”, recuerda.

    El Centro como experiencia compartida

    Ese impulso inicial hoy toma forma en Coolturízate, una estrategia del Distrito,  que nació en febrero de 2026 para proponer algo sencillo pero potente: volver a caminar el Centro de Medellín desde el disfrute y la curiosidad, a través de recorridos guiados y abiertos al público.

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    La iniciativa busca reconocer el patrimonio, la arquitectura, la historia y las expresiones artísticas que habitan este territorio. Pero en la práctica, ocurre algo más profundo: el Centro deja de ser un lugar de paso para convertirse en una experiencia compartida.

    En ese proceso, Candelario se volvió el hilo que conecta los lugares con las personas. Ya son tres recorridos realizados de Coolturízate y más de 500 personas que han participado, no solo como asistentes, sino como parte activa de un ejercicio colectivo donde cada quien aporta su mirada. “Esto no es solo que yo cuente la historia —dice—cada persona trae un relato, una memoria. Es caminar juntos”.

    Más que mostrar lugares, Coolturízate abre puertas y conecta con agendas culturales, religiosas, gastronómicas y artísticas que muchas veces pasan desapercibidas. En ese ejercicio, el Centro deja de ser un espacio de tránsito y se convierte en un territorio que se vive con otros, donde detenerse también es parte del recorrido.

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    Los relatos de Candelario no nacen de un libreto, sino de experiencias en el territorio, del trabajo con comunidades y de una relación cercana con la ciudad. Por eso, cada recorrido se transforma en un espacio de empatía, donde quienes participan también cuentan, recuerdan y resignifican.

    Emanuel y Candelario

    Detrás del personaje está Emanuel Rivera, de 32 años, artista escénico, teatral y circense de Medellín, pero en Candelario no hay distancia evidente entre quien es y quien interpreta. “Soy un explorador: me gusta el arte, el teatro, contar historias. Pero lo que más disfruto es caminar la ciudad, conversar con la gente, tomar café”, dice.

    Su raíz, explica, está en lo social: en recorrer territorios, en escuchar y en compartir. Por eso sus relatos no se sienten aprendidos, sino vividos. “Son historias de la gente, de lo que hemos recogido en el camino”, resalta.

    Escenas de un Centro vivo

    Cuando habla del Centro, no lo describe: lo provoca. Lo nombra como un lugar para detenerse. Recomienda caminar sin prisa, sentarse a tomar un café, elegir entre múltiples sabores, acentos y formas de habitar la ciudad. Para él, el Centro no es solo un punto en el mapa, sino una experiencia que se despliega a distintas horas del día, según el ritmo y el gusto de quien lo recorre.

    En ese caminar aparecen lugares que no son solo referentes, sino escenas vivas. En La Playa, el Teatro Pablo Tobón Uribe marca uno de esos puntos desde donde el Centro empieza a sentirse distinto. Con casi seis décadas de historia, conecta con otras expresiones artísticas y con corredores culturales que atraviesan esta parte de la ciudad. Para Candelario, es una puerta que abre la experiencia: un lugar donde el arte no se queda en el escenario, sino que se desborda hacia la calle.

    Desde ahí, el paso sigue con naturalidad hacia Junín. “No es solo una calle: es juniniar, caminar sin afán, mirar vitrinas, detenerse. Es encontrarse con el arte a cielo abierto, con artistas como el pintor Javier, conocido como ‘Zavier, y entender que el Centro también se construye en lo cotidiano. Más adelante, el pasaje La Bastilla propone otro ritmo: parar, sentarse, quedarse un rato. En la librería La Hojarasca, doña Bárbara —librera y anfitriona de ese espacio— aparece como uno de esos personajes que le dan vida al sector, donde un café se mezcla con historias que siguen circulando”, describe.

    Y en ese mismo hilo, Versalles recuerda que el Centro es también sabor vivo: la huella de Gardel sigue ahí, pero convive con quienes llegan todos los días. Para Candelario, Medellín es una ciudad que no se queda quieta, donde el pasado y el presente no se separan, sino que se encuentran mientras se camina.

    Hacia el parque de Bolívar, la Catedral Metropolitana de Medellín se convierte en un punto clave. No solo por su valor arquitectónico e histórico, sino también porque ha sido punto de encuentro en los recorridos de Coolturízate, reafirmando su papel como espacio vivo de reunión y permanencia. Y, entre todo eso, lo inesperado: un Sanalejo, un sábado, que irrumpe con música, oficios y encuentros, recordando —como insiste Candelario— que incluso quienes creen conocer el Centro siempre encuentran algo nuevo.

    También está Carabobo y el parque de las Luces, que marcan ese ritmo de paso y de pausa en medio de la ciudad. Y, al llegar a la plaza Botero, el recorrido se detiene frente a un museo al aire libre: las 23 esculturas del maestro Fernando Botero convierten este espacio en uno de los referentes artísticos más importantes del país, donde el arte se vive en la calle y no detrás de los muros.

    Frente a ese mismo entorno aparece el Museo de Antioquia, otro de los espacios que Candelario sugiere recorrer sin afán, para dejarse llevar por lo que propone. Y, en contraste, hacia el parque de Berrío, la huella de otro gran referente artístico como Rodrigo Arenas Betancourt  sigue marcando el paisaje urbano. También están lugares como el Instituto de Cultura Rafael Uribe Uribe o el Palacio Nacional, que invitan a entrar y a descubrir historias.

    Además, aparece el Hotel Nutibara, no solo por su historia, sino también por su cava recuperada: un antiguo espacio subterráneo donde se almacenaban vinos y provisiones, que hoy funciona como un bar que conserva ese aire íntimo y se revela como uno de esos rincones poco conocidos del Centro.

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    En el fondo, esa forma de mirar también habla de lo que lo mueve. A Candelario lo hacen feliz las cosas simples: un café, un helado, el campo, los animales, la salsa. Bailar y caminar la ciudad —como una forma de mantener viva su esencia—, perderse entre montañas o dejarse llevar por una historia. De Coolturízate, dice, se lleva algo que sigue transitando: la posibilidad de existir sin perder la capacidad de asombro. No solo la suya, sino la de quienes lo acompañan. Porque en cada recorrido, incluso en los más conocidos, siempre aparece alguien que enseña algo nuevo.

    Al final, todo regresa a una idea que lo atraviesa: entender que incluso en lo que creemos conocido siempre hay algo más por descubrir. Eso es lo que pasa en cada recorrido; eso es lo que propone Coolturízate: volver a mirar, volver a caminar, volver a habitar el Centro.

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    Y en todo ese recorrido, Candelario no impone la historia: la abre y la deja en manos de quienes la caminan. Porque el Centro no es un relato único: cambia con cada mirada, con cada paso y con cada memoria que se activa. Al final, nadie se lleva la misma historia; cada quien termina encontrando la suya.


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