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Un nido de águila crestada de montaña detectado por el equipo profesional y técnico del proyecto Guardabosques de la Secretaría de Medio Ambiente de Medellín, es el fruto de un trabajo largo de seguimiento y observación y abre la esperanza sobre el buen estado de la biodiversidad de los bosques de nuestra ciudad.
El hallazgo de un nido de águila crestada de montaña es el resultado de años de seguimiento y observación constante de esta especie en el territorio. Gracias a las acciones de conservación impulsadas y al compromiso del equipo técnico y profesional de la Secretaría de Medio ambiente de Medellín, se desarrolló un proceso exhaustivo de reconocimiento del bosque, que implicó largas jornadas de recorrido, análisis del comportamiento del ave y monitoreo permanente de su entorno.
Este proceso refleja la determinación de un grupo humano profundamente comprometido con la protección del territorio. Gran parte del equipo está conformado por personas del mismo contexto local, quienes fortalecieron sus conocimientos mediante procesos de formación, autogestión y aprendizaje continuo durante su permanencia en el proyecto.

Varios de sus integrantes, antes de vincularse a las labores de conservación, desarrollaban actividades económicas asociadas a prácticas que impactaban el ecosistema, como la tala de madera, la ganadería o la extracción de material de arrastre en el río. Hoy, con orgullo, se desempeñan como guardianes del territorio, liderando acciones de protección ambiental y compartiendo sus conocimientos con comunidades cercanas y visitantes que recorren diariamente las áreas que custodian.
El grupo de guardabosques que encabezó este proceso de investigación está compuesto por: Juan David Montoya Rodríguez, Carlos Arturo Montoya Yepes, José Luis Betancur Castañeda, Jesús Alberto Molina Rojas y Yojan Esteban López.
Colombia es uno de los países más megadiversos del mundo; eso lo sabemos bien. Desde pequeños nos enseñan que vivimos en un territorio privilegiado, con condiciones excepcionales que permiten la confluencia de diferentes ecosistemas y, con ellos, una asombrosa variedad de especies. Sin duda, todo un privilegio natural.
No obstante, esta gran diversidad se encuentra cada vez más amenazada. Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (Resolución 0126 de 2024), en el país existen más de 2100 especies (entre plantas, hongos, artrópodos y vertebrados) con algún grado de amenaza. Es una cifra alarmante para un territorio tan exuberante, donde la acción humana lamentablemente es la principal causa de esta situación.
Entre esas especies se encuentra el águila crestada (Spizaetus isidori), una de las rapaces más imponentes de los Andes. Con cerca de 80 centímetros de altura y una envergadura en sus alas de casi dos metros; esta ave es tan majestuosa como escasa. Actualmente está catalogada como En Peligro de Extinción (EN) según la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), pues se estima que sobreviven menos de 1000 individuos en toda su área de distribución, y en Colombia no superarían los 250 ejemplares.
Sus principales amenazas son la pérdida de hábitat y la expansión de la frontera agrícola, ya que requiere bosques bien conservados para refugiarse y alimentarse. En muchas zonas andinas, la apertura de terrenos para ganadería y/o cría de aves de corral ha generado conflictos con las comunidades rurales, pues el águila al encontrar presas fáciles y desprotegidas es cazada por retaliación.

Aguila Crestada
El águila crestada se distribuye entre Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia y el norte de Argentina. En Colombia habita las tres cordilleras entre los 1600 y los 2800 metros de altitud, en bosques montanos bien conservados, y necesita amplias extensiones de territorio, por lo que es muy sensible a las perturbaciones del hábitat.
Debido a su escaso número, es considerada una especie rara y con pocos registros, en algunas localidades incluso se presume extinta o drásticamente disminuida. Sin embargo, en el año 2018 se obtuvo el primer registro de esta especie para el Valle de Aburrá, en una de las áreas protegidas del distrito. El registro correspondió a un individuo juvenil observado por el equipo técnico de la Secretaría de Ambiente de Medellín. Posteriormente, se realizaron observaciones de una sola ocasión en los años 2020, 2021, 2023 y 2024, usualmente de individuos juveniles; solo en 2021 se registró un adulto.
No obstante, en octubre de 2025 la dinámica de esta especie cambió notablemente. Desde el 2 de octubre del 2025, tanto el equipo técnico como los guardabosques comenzaron a registrar un adulto y un juvenil sobrevolando la reserva, siendo la primera vez que se observaban dos individuos simultáneamente. Desde entonces, los guardabosques realizaron un seguimiento diario, en especial Juan David Montoya Rodríguez quien ha llevado un monitoreo juicioso con registros de hora, número de individuos, estadio, localidad y evidencia fotográfica. El 10 de octubre se observaron cuatro individuos (dos adultos y dos juveniles), un hecho sin precedentes para la reserva y un dato relevante para la biología de la especie, pues en la literatura se señala que suelen poner solo un huevo por nidada.
La presencia del águila crestada en nuestras áreas protegidas, además, de ser un excelente indicador del buen estado del bosque, ya que esta especie exige hábitats bien conservados; es también la recompensa a más de tres décadas de esfuerzos de conservación en este lugar, adquirido por la Alcaldía de Medellín en 1992. Gracias a estas acciones, especies amenazadas como el águila crestada, el puma (Puma concolor), el tigrillo lanudo (Leopardus pardinoides) o el cacique candela (Hypopyrrhus pyrohypogaster), entre otras, encuentran refugios seguros y corredores biológicos que les permiten completar sus ciclos de vida. Todo ello representa una verdadera esperanza para la persistencia de la vida silvestre.