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La mujer que le enseñó a la Comuna 13 a contar su propia historia

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Adriana María Restrepo lleva años transformando historias de estigma en experiencias de turismo, arte y resiliencia en la Comuna 13. En la ladera occidental de Medellí...

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  • Adriana María Restrepo lleva años transformando historias de estigma en experiencias de turismo, arte y resiliencia en la Comuna 13.

    En la ladera occidental de Medellín, donde hoy suben y bajan las escalas eléctricas, Adriana María Restrepo creció escuchando que ese barrio no era un lugar del que se pudiera estar orgulloso. Su madre llegó entre las primeras familias que poblaron el sector. Adriana, en cambio, lleva años haciendo justamente lo contrario, paso de estar escondiéndose a estar contando, con su propia voz, lo que la Comuna 13 tiene para mostrarle al mundo.

    Todo comenzó mucho antes de que existieran un sendero turístico o unas escaleras eléctricas. La historia empezó en los comités de obra, junto a su hija y a un grupo de jóvenes que hacían parte del club juvenil Escalando Vida.

    Uno de los momentos más significativos ocurrió cuando su hija recibió en el barrio al entonces gobernador de Río de Janeiro, Sergio Cabral. Sin que nadie le enseñara un guion, la niña le dijo con orgullo que en su comunidad había “bandoleros de la música, el arte y el hiphop”.

    Aquella frase, pronunciada desde la inocencia y el amor por su territorio, trascendió fronteras y le dio la vuelta al mundo. Con el tiempo, la niña se convirtió en embajadora de un proyecto comunitario que continúa creciendo y transformando vidas.

    “Mi hija me enseñó que, como mujeres, no teníamos que seguir reproduciendo frases heredadas como ‘no te juntes con ese personaje’, sino aprender a reconocer a las personas, acercarnos a ellas y comprender sus historias”.

    Para Adriana, aquella frase resume buena parte de lo que ha significado su trabajo: desmontar el estigma desde el interior del territorio. El turismo no llegó a la Comuna 13 de la mano de grandes operadores ni de campañas publicitarias. Surgió gracias a jóvenes que decidieron rebelarse contra la violencia y la invisibilidad a través de la música, el arte y la danza urbana.

    Lo que para muchos era una zona marcada por el conflicto, para ellos era el lugar donde todavía era posible construir una historia diferente.

    Con el tiempo, ese mismo impulso llevó a Adriana a fundar Contadoras de Historia, una asociación que nació para responder a una realidad concreta. Cuando el turismo comenzó a crecer de manera acelerada, algunas niñas madrugaban para buscar visitantes en la estación del metro y ofrecerles recorridos por el barrio. Adriana comprendió que allí convivían un riesgo y una oportunidad, y decidió transformar aquella iniciativa espontánea en un proceso organizado, seguro y con propósito.

    Así comenzó un proyecto con niñas en situaciones de alta vulnerabilidad que, con los años, se convirtió en una red de mujeres integrada por madres, abuelas y lideresas de la comunidad. Con el acompañamiento de la Alcaldía de Medellín, muchas de ellas se han formado como guías turísticas y hoy son quienes reciben a los visitantes y narran la historia de su propio territorio.

    Algunas no habían tenido la oportunidad de aprender a leer o escribir. Hoy lo hacen mientras comparten sus conocimientos, sus memorias y su manera de comprender la Comuna 13.

    “Yo no puedo excluir a una mujer porque estaría excluyendo a mi país. Hoy mis mujeres leen, escriben y guían”.

    La misma comunidad que aprendió a contar su historia también encontró nuevas maneras de mostrarla. Caminar hoy por la Comuna 13 es encontrarse con artistas que alguna vez pintaron sus primeros murales a escondidas y que ahora exponen sus obras en diferentes países; con esculturas monumentales que dialogan con el arte urbano; y con una identidad cultural que continúa creciendo sin perder su origen.

    Pero, sobre todo, es encontrarse con una comunidad que decidió no competir entre sí, sino reconocerse y trabajar como un solo equipo.

    Adriana lo explica con la claridad que le ha dado la experiencia: lo que distingue a este destino de cualquier intento de réplica es que no se trata de una atracción creada para el turismo, sino de una comunidad real que decidió abrirse al mundo desde su propia esencia.

    Por eso, quien llega a la Comuna 13 no encuentra únicamente un recorrido para tomar fotografías. Encuentra una invitación a escuchar, comprender y sentirse parte de una historia colectiva.

    “El extranjero no viene solo a vivir el turismo comunitario. Viene a integrarse a un recorrido comunitario, a sentirse como en casa”.

    Imagen Comuna 13 (9)

    Esa es, quizás, la transformación más profunda que ha vivido la Comuna 13: pasar de ser un territorio que durante años la ciudad prefirió no mirar a convertirse en uno de los lugares donde mejor se comprende lo que significa Medellín.

    Una ciudad que, como dice Adriana, aprendió a conocerse, respetarse y amarse desde adentro antes de mostrarse al mundo.

    Desde la Secretaría de Turismo y Entretenimiento, historias como la de Adriana y las mujeres de Contadoras de Historia representan la razón de ser del trabajo que se realiza cada día: reconocer, acompañar y visibilizar los procesos comunitarios que dan vida, identidad y sentido a la oferta turística de Medellín.


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