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“Mientras muchos miran una flor por su color, él aprendió a preguntarse quién la sembró, quién la cargó sobre una silleta y por qué esa flor llegó a convertirse...
“Mientras muchos miran una flor por su color, él aprendió a preguntarse quién la sembró, quién la cargó sobre una silleta y por qué esa flor llegó a convertirse en parte de la historia de Medellín.”
Cada agosto miles de personas aplauden el Desfile de Silleteros, se maravillan con los colores, toman fotografías y celebran una de las tradiciones más queridas de la ciudad. Pero cuando este termina y las flores vuelven a casa, pocas veces alguien se pregunta qué historias esconden esos caminos de Santa Elena.
Historias de campesinos que caminaron kilómetros con una silleta al hombro. De mujeres que lavaban ropa en aguas heladas mientras criaban a sus hijos. De niños que crecieron creyendo que en el monte habitaban espantos. De árboles que eran considerados sagrados porque anunciaban dónde nacía el agua.
Esas historias estuvieron durante décadas guardadas únicamente en la memoria de quienes las vivieron. Hasta que un niño decidió aprender a leer. Ese niño era Óscar Javier Zapata Hincapié, historiador, investigador, escritor, quién vive en Santa Elena y que hoy dedica su vida a rescatar la memoria cultural de Santa Elena para que nunca desaparezca. “No me gustaba leer”, recuerda entre risas.
Su historia

Su infancia transcurrió como la de muchos niños campesinos, jugando en el monte, ayudando en la finca y escuchando conversaciones alrededor de un fogón de leña. Los libros no eran precisamente su mayor interés. Todo cambió cuando cursaba tercero de primaria.
Su papá insistía en que debía leer de corrido una fábula, La liebre y la tortuga. Lo que para cualquier niño podía parecer una tarea más, terminó convirtiéndose en el comienzo de una pasión que transformaría su vida.
“Ahí empezó mi historia con los libros”. Desde entonces descubrió que detrás de cada relato existía un mundo por explorar. Pero el verdadero tesoro no estaba únicamente en las bibliotecas. También estaba en las voces de sus abuelos, de sus padres y de todos los campesinos que, sin saberlo, eran guardianes de la historia de Medellín.

Un historiador nacido entre flores
Óscar no llegó a investigar la cultura silletera desde la distancia, la vivió. Nació en una familia de tradición silletera, creció entre cultivos y muy joven tuvo que asumir grandes responsabilidades.
A los 21 años ya era padre y todavía estudiaba historia. Para sostener a su familia trabajó junto a su papá cultivando grandes extensiones de cartucho amarillo. Mientras sembraba flores también sembraba preguntas. ¿Por qué algunas flores eran más apreciadas que otras?, ¿por qué los campesinos llamaban “monte” al bosque?, ¿por qué una simple estrella de Belén había cambiado la economía de Santa Elena? Esas preguntas lo llevaron a recorrer archivos históricos, bibliotecas y documentos que llevaban siglos guardados.

Mientras otros buscaban respuestas en Internet, él las encontraba entre expedientes de hace más de 300 años. Las historias que nadie había contado. Hay quienes investigan para confirmar lo que ya se sabe, pero Óscar decidió hacer exactamente lo contrario.
Su labor
Su trabajo consiste en encontrar historias que jamás habían sido narradas. Por eso pasó años revisando archivos históricos de Medellín, Antioquia, Guarne, la Universidad Nacional e incluso el Archivo Arquidiocesano, allí encontró relatos que parecían olvidados.
Como el de una lavandera que, después de pasar toda una mañana lavando ropa en una quebrada, fue a misa y al regresar descubrió que le habían robado toda la ropa que había dejado secando al sol o el de un campesino que recorrió kilómetros para denunciar que las hormigas de la finca vecina estaban destruyendo su cultivo o la del hombre que perdió una ruana y movilizó una investigación judicial con más de veinte testigos para encontrarla.

Desfile de Silleteros
Historias sencillas, pero profundamente humanas. “Antes las personas también se relacionaban a través de los conflictos”, explica. Y justamente allí está la riqueza de su trabajo: entender que la historia no solamente está hecha de grandes héroes, sino también de personas comunes.
El monte también habla
Hay una palabra que Óscar repite durante toda la conversación. No dice bosque, dice monte. Y hace una pausa para explicar por qué. “Si dejamos de llamarlo monte, dejamos de entender cómo pensaban nuestros abuelos”. Para él, conservar la cultura silletera también significa conservar las palabras con las que generaciones enteras aprendieron a relacionarse con la naturaleza.

Feria de las Flores
Porque el monte no era solamente un lugar. Era donde aparecían los espantos, donde crecían los árboles que protegían el agua, donde los niños recogían arrayanes, donde nacían las historias que luego se contaban alrededor del fogón. Por eso insiste en que preservar el patrimonio también implica cuidar el lenguaje.
Porque cuando desaparecen las palabras, también se esfuma una parte de la memoria.
Mucho más que un desfile
Para Óscar, reducir la cultura silletera al Desfile de Silleteros es quedarse con apenas una página de una historia mucho más grande, porque detrás de cada silleta existe una relación profunda entre el ser humano y la naturaleza.
Entre las montañas y Medellín, entre las flores y quienes las cultivaron, recuerda por ejemplo, que mucho antes de que Santa Elena fuera reconocida por sus flores, fueron la leña y el carbón los que permitieron el crecimiento de Medellín.
“Medellín se desarrolló gracias a estas montañas”. Después llegaron la floricultura, la comercialización de especies como la estrella de Belén y las clavellinas, y finalmente el turismo cultural que hoy atrae a miles de visitantes. Todo hace parte de una misma historia, escribir para que la memoria no desaparezca.
Su legado
Y con toda esta información después de años de investigación nacieron sus libros. Primero fue Gente del Monte, donde reconstruye la relación entre los campesinos, la naturaleza y la vida cotidiana en Santa Elena. Más recientemente publicó Entre la felicidad y la pena, una obra que viaja hasta el siglo XVII para contar historias inéditas de los corregimientos de Medellín.

No son novelas. Son años de archivo, caminatas, entrevistas y documentos convertidos en relatos que permiten comprender de dónde venimos. “Espero ser ese puente entre la oralidad y la escritura”.
La memoria también necesita quien la cuide
La Administración Distrital trabaja permanentemente por fortalecer y visibilizar el patrimonio cultural de Medellín, reconociendo que la identidad de la ciudad también se construye a partir de las historias de sus corregimientos, de sus campesinos y de las tradiciones que han pasado de generación en generación.
Investigadores como Óscar Zapata complementan ese propósito al rescatar relatos que, de otra manera, podrían perderse con el paso del tiempo. Su trabajo demuestra que preservar la memoria no es únicamente conservar documentos, sino mantener vivo el vínculo entre las personas, el territorio y la naturaleza.
Porque cada libro que escribe es una invitación a mirar Santa Elena con otros ojos, no solo como la tierra de los silleteros, sino como un territorio donde cada camino, cada árbol y cada flor guardan una historia que merece seguir siendo contada.
Y quizá esa sea la mayor enseñanza de Óscar, que las flores más importantes no siempre son las que desfilan en agosto, sino aquellas que permanecen vivas en la memoria de quienes deciden contarlas.