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Mujeres silleteras: voces que florecieron en el Desfile de Silleteros de la Feria de las Flores de Medellín 2026

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Por: Texto, fotos y videos: Luisa Fernanda Ríos Suárez |

Las mujeres silleteras convirtieron sus silletas en una herramienta para alzar la voz durante el Desfile de Silleteros de la Feria de las Flores 2026 en Medellín. Entre ...

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  • Las mujeres silleteras convirtieron sus silletas en una herramienta para alzar la voz durante el Desfile de Silleteros de la Feria de las Flores 2026 en Medellín. Entre flores, tradición y esfuerzo físico, llevaron mensajes sobre feminicidio, cuidado, empatía e igualdad, transformando una de las expresiones culturales más representativas de la ciudad en un espacio para hablar de sus realidades, defender sus derechos y mantener viva la tradición.

    En esta edición, sus historias no solo se vieron en las silletas, sino también en las decisiones, los recuerdos familiares y las convicciones que llevaron sobre los hombros. Cada una, desde su experiencia, transformó la tradición en un lenguajeitulo de la propio para hablar de lo que les atraviesa la vida cotidiana.

    Las mujeres sostienen la vida

    Daniela Londoño Vélez lloró al conocer el resultado de la categoría Emblemática del Desfile de Silleteros. Había quedado entre las 10 finalistas y ocupó el quinto puesto, pero el llanto no era de derrota. Era la emoción de ver su silleta, su mensaje y una causa que la apasiona entre las protagonistas de la jornada.

    Daniela Londoño Vélez

    Daniela es de la vereda Barro Blanco y pertenece a la cuarta generación de la familia Londoño Londoño. Lleva 12 años participando en el desfile y, desde hace cinco o seis años, decidió que sus silletas también serían una manera de visibilizar a personas y grupos históricamente discriminados. Este año volvió a hablar de las mujeres. “Yo podría seguramente ganar si intento hablar de otras temáticas. Pero este año volví a hablar de las mujeres, un tema que me apasiona”, contó.

    Daniela Londoño Vélez, mujer silletera

    Daniela Londoño Vélez, mujer silletera

    Su silleta, “Las mujeres sostienen la vida”, puso en el centro el cuidado y las transformaciones de las familias en Colombia. Daniela habló de las familias monoparentales y de las jefaturas femeninas de hogar, donde esta responsabilidad suele recaer casi exclusivamente sobre las mujeres.

    “Yo espero que, en un futuro muy próximo, el cuidado no sea una carga exclusivamente sobre las mujeres y que deje de ser algo exclusivo que se nos dice desde que nacemos: ‘no, es que usted es mujer y usted aprendió a cuidar’. Nadie, nadie nació sabiendo cuidar”, dijo.

    Para ella, los hombres también deben asumirlo: “Eso es algo que se aprende y los hombres también pueden ejercerlo y también pueden ayudar a que nuestra estabilidad física y mental mejore si también se apropian del cuidado”.

    Su reflexión también alcanza los espacios de decisión, donde considera que aún persisten barreras para las mujeres. “Aunque hay ciertas acciones afirmativas como esa cuota de género del 30%, todavía nos queda una brecha muy grande para poder intentar por lo menos esa igualdad”, afirmó. Añadió que espera que las mujeres participen realmente en las decisiones que definen las políticas públicas y que las conquistas alcanzadas no se pierdan.

    Detrás de esa convicción hay una historia familiar. Daniela llamó Cielo a la mujer que representa en su silleta: su bisabuela, quien vivió 103 años, abandonó a un esposo que la violentaba desde muy joven y crio sola a sus tres hijos. “Ese ejemplo de que tal vez uno no necesita a un hombre a su lado para tener la felicidad y para encontrar la plenitud”, explicó.

    La historia de su bisabuela no quedó guardada en una fotografía familiar: Daniela la convirtió en flores y la puso a caminar por las calles de Medellín. Quizá por eso, cuando conoció el resultado y las lágrimas aparecieron, no lloraba solamente por un quinto puesto, sino también por haber insistido una vez más.

    Para Daniela, hablar de las mujeres no es una estrategia para ganar una competencia: es una forma de contar de dónde viene, reconocer a las mujeres que estuvieron antes y defender a las que todavía buscan que su voz sea escuchada.

    El feminicidio no empieza con la muerte

    Astrid Lorena Velázquez Rodríguez tiene 26 años y lleva cinco participando en el Desfile de Silleteros. Este año llegó a la Avenida Regional junto a su mamá, Sandra Milena Rodríguez Grajales, con quien comparte una tradición familiar que viene de generaciones atrás: su abuela ha participado en cerca de 50 desfiles y también hay tías y un tío que han mantenido vivo este legado. Pero esta vez, madre e hija llevaron además un mensaje sobre la violencia contra las mujeres que empieza mucho antes de la muerte.

    Astrid Lorena Velázquez Rodríguez, mujer silletera

    Astrid Lorena Velázquez Rodríguez, mujer silletera

    “El feminicidio no empieza con la muerte”, decía su silleta. Alrededor de esa frase aparecían palabras como voz, libertad, amigas, familia, autoestima, esperanza, identidad y sueños. Lorena quiso representar aquello que una mujer puede empezar a perder mucho antes del desenlace fatal: su voz, sus vínculos, sus sueños, su confianza y su libertad.

    “Muchas veces antes de que pase la muerte, perdemos la voz, la libertad, las amistades, las familias, los sueños, la autoestima y la esperanza”, explicó.

    La idea nació después de conocer varios casos de feminicidio ocurridos en Medellín. Entonces comenzó un proceso que llevó del dolor a la creación: pensar el concepto, hacer bocetos y encontrar una manera de convertir una problemática tan compleja en una composición de flores. El trabajo comenzó semanas antes del desfile y terminó prácticamente hasta el último momento. La noche anterior se acostó pasada la medianoche y a las 3 de la mañana ya estaba nuevamente de pie para llegar a la jornada.

    Astrid Lorena Velázquez Rodríguez, mujer silletera

    Astrid Lorena Velázquez Rodríguez, mujer silletera

    En la categoría artística, donde participaron 54 silleteros, solo tres eran mujeres; Lorena y Sandra estaban entre ellas. En ese escenario, para Lorena ser mujer silletera es ser “berraca”: tener fuerza para cargar una silleta, pero también para defender una idea. “Somos personas fuertes físicamente y fuertes mentalmente”, dijo.

    Por eso, su silleta fue también un llamado a reconocer las alertas antes de que sea demasiado tarde. “La parte fundamental somos nosotras, las mujeres, que somos las que tenemos que alzar la voz, levantar alertas”, afirmó. Mientras caminaba junto a su mamá con el peso de las flores sobre los hombros, Lorena llevaba un mensaje para reconocer las señales antes de que una vida termine.

    Astrid Lorena Velázquez Rodríguez

    La empatía como mensaje

    Sandra Milena Rodríguez Grajales, de la vereda Piedra Gorda de Santa Elena, tiene 47 años y lleva 17 participando en el Desfile de Silleteros. Es la mayor de seis hermanos y recibió de su padre el legado que hoy comparte con su hija, Lorena.

    Recuerda que la primera vez que cargó una silleta lloró. No era por el peso, sino por la emoción de representar a su familia y su territorio. Desde entonces, cada desfile ha sido una manera de mantener viva una tradición que espera seguir llevando mientras tenga vida y salud.

    Sandra Milena Rodríguez Grajales, mujer silletera

    Sandra Milena Rodríguez Grajales, mujer silletera

    Este año, su silleta llevaba un mensaje sobre la humanidad: “Se ahoga la humanidad”. Inspirada en el caso de Alexander Avendaño, el joven que murió ahogado en Guatapé, Sandra quiso representar ese momento en el que una mano pide ayuda mientras alguien prefiere sacar el celular para grabar. El agua, la mano, los emojis y el teléfono componían una escena que buscaba hacer pensar en aquello que, como sociedad, estamos dejando perder.

    “Mi mensaje es la invitación a que no perdamos la empatía, nuestros valores, de querer ayudar a los demás, porque preferimos esperar que él se ahogara para poder sacar el video”, explicó.

    Sandra Milena Rodríguez Grajales, mujer silletera

    Sandra Milena Rodríguez Grajales, mujer silletera

    Para Sandra, recuperar esa capacidad de ayudar al otro también es una forma de cuidar la vida. Y esa idea atraviesa su propia historia: ha visto cómo las mujeres de su familia han recibido y entregado el legado silletero, y cómo su hija ocupa hoy un espacio que durante mucho tiempo estuvo asociado principalmente a los hombres.

    “Las mujeres también mostramos berraquera, somos muy pujantes”, afirmó. Mientras camina con su silleta sobre los hombros, Sandra no solo representa una tradición: también demuestra que las mujeres pueden cargarla, transformarla y dejarla como herencia a quienes vienen detrás.

    La mirada de una nueva generación

    Guadalupe Yepes Grajales tiene 10 años y este año participó por primera vez en el Desfile de Silleteros. Su familia ya tenía una larga relación con la tradición, con tíos, primas y su abuelo fallecido que hicieron parte de ella. Ahora fue su turno de integrarse a esa historia.

    Guadalupe Yepes Grajales, mujer silletera

    Guadalupe Yepes Grajales, mujer silletera

    Su silleta fue construida con la ayuda de su familia, que participó en el diseño y la elaboración. Para Guadalupe, la experiencia estuvo marcada por la mezcla de miedo y felicidad al enfrentarse por primera vez a un desfile de esta magnitud.

    Su mensaje fue sencillo pero significativo: las niñas también pueden desfilar, incluso cuando las silletas son pesadas. Aunque aún no sabe cuánto tiempo seguirá en esta tradición, expresa el deseo de continuar y de seguir aprendiendo, especialmente a través del dibujo, una de sus pasiones.

    Mujeres y niñas que transforman la tradición

    Las silletas de este año fueron más que arreglos florales. Se convirtieron en espacios de expresión donde mujeres y niñas hablaron de violencia, cuidado, empatía, igualdad y de la continuidad de una tradición que también se transforma con ellas. Cada mensaje reflejó una experiencia distinta, pero todos encontraron un punto de encuentro: la manera en que las mujeres sostienen, cuestionan y renuevan la cultura silletera.

    Daniela habló del cuidado como una responsabilidad compartida y de la necesidad de que las mujeres tengan una participación real en los espacios donde se toman decisiones. Lorena convirtió las flores en una alerta frente al feminicidio. Sandra invitó a recuperar la empatía en la vida cotidiana. Guadalupe, con apenas 10 años y en su primer desfile, representó a una nueva generación de niñas que empieza a construir su propio vínculo con la tradición y a reconocer que también puede ocupar un lugar en ella.

    Para Daniela, ese llamado a defender los derechos de las mujeres también encuentra respaldo en el trabajo institucional. “En Medellín tenemos muchas ayudas. Tenemos la Secretaría de las Mujeres, que creería yo que es una parte fundamental”, afirmó. Su admiración por esta labor se conecta con una convicción que también quiso llevar en su silleta: las herramientas y las instituciones son importantes, pero las mujeres deben conocerlas, acercarse a ellas y, sobre todo, “alzar la voz, levantar alertas” cuando atraviesan situaciones de violencia o desigualdad.

    Sus historias muestran que la tradición silletera no es estática: se renueva con cada generación, desde las mujeres que han aprendido a cargarla y transformarla hasta las niñas que comienzan a descubrir su propio lugar dentro de ella. Este año, mujeres y niñas no solo cargaron silletas; llevaron sus realidades, sus preocupaciones y sus formas de entender el mundo. Entre flores, mensajes y memoria, demostraron que preservar una tradición también puede significar transformarla.


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