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Participar en el Cuentódromo de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín fue un sueño hecho realidad para Marcos Román García, un niño de tan solo siete años que ha encontrado en los libros su lugar seguro y una forma diferente de ver el mundo. Su madre, Yanix García Rodríguez, quien comparte la misma pasión por la lectura, lo mira con orgullo mientras descubre que más allá del diagnóstico de autismo que ambos tienen hay un universo de oportunidades que los dos están dispuestos a vivir.
El amor de Marcos por la lectura comenzó desde el vientre de su madre, cuando Yanix le leía sus cuentos infantiles favoritos con la esperanza de heredarle su gusto por la lectura. Y así fue: entre cuento y cuento, el corazón de Marcos aprendió a querer los libros que con el tiempo se convertirían en sus compañeros de vida.
Detrás de un hijo con grandes capacidades hay una madre que acompaña y encamina su talento con paciencia y disciplina. Y más aún cuando existe un vínculo que va más allá del amor de madre e hijo, porque sin duda, la lectura ha entretejido sus vidas y los ha hecho conversar un mismo idioma: el de la sensibilidad que traen las palabras.
Esa sensibilidad que Marcos aprendió ha sido la compañera de viaje de Yanix, quien desde muy temprana edad encontró en la biblioteca un lugar al que pertenecía su alma y del que nunca quería irse. Ese lugar silencioso se convirtió en su lugar seguro, un lugar donde el ruido del mundo no podía traspasar los anaqueles que la mantenían a salvo.

Por fortuna, el día que entró a una biblioteca supo que estudiar bibliotecología sería la mejor opción y que tendría el privilegio de trabajar haciendo lo que amaba. Su Alma Mater, la Universidad de Antioquia, le entregó las herramientas con las que salió al mundo a ganarse la vida de una forma hermosa: haciendo que las personas se enamoraran de la lectura.
Los libros infantiles fueron desde siempre un deleite para su alma. Navegó entre cientos de cuentos, los leyó una y otra vez y se enamoró nuevamente de su profesión. Su ejercicio disciplinado y riguroso la llevó a trabajar en Comfama como promotora de lectura y, luego, en la Universidad Eafit, donde se desempeña actualmente. También adelanta su maestría en Educación Inclusiva e Intercultural, porque quiere ser puente para sus hijos durante su proceso.
Estar rodeada de libros la llevó a leer sobre neurodesarrollo y a encontrar ciertos datos que le hacían notar características en Marcos. Comenzó a analizar su comportamiento y descubrió que los hitos de su desarrollo no eran normales, que su hiperfijación por un tema estaba dentro del espectro autista, que su acento mexicano – sin tener relación con este país – hacía parte de un diagnóstico que más adelante corroboraría un psicólogo.
Un diagnóstico no es el final; es otra forma de empezar

Cuando Marcos recibió su diagnóstico de autismo en nivel 1 de soporte, Yanix sintió que el mundo se le venía encima, no sabía cómo procesarlo. Sin embargo, usó su superpoder de lectura y encontró las herramientas para hacerlo más llevadero con la ayuda adecuada.
Las terapias iniciaron y aquel monstruo que un día fue gigante fue haciéndose cada vez más pequeño. Esas palabras que un día hicieron eco en su mente como algo temeroso se convirtieron en historia. Ella sabe que el presente es complejo por el manejo especial que necesita alguien con ese diagnóstico, pero agradece que poder nombrar la situación de su hijo le ha otorgado las estrategias para saber cómo manejarlo.

Ahora las semanas tienen un ritmo diferente. Entre las terapias cognitivo-conductuales, las de desarrollo y la escuela, la lectura ha sido punto de escape en medio del afán del día a día. Todos agradecen tener un hogar donde la lectura es comunión entre la familia.
¡Soy La Pera!, un libro que cuenta el autismo desde las voces de los niños, ha sido una brújula que le ha permitido a Marcos entender de mejor forma su diagnóstico y darse cuenta de que no hay nada de malo en él. Por el contrario, es una forma maravillosa de ver el mundo, de vivirlo y narrarlo.

En medio del diagnóstico, Yanix notó que muchas de las características del autismo también describían a su hijo mayor, Miguel Ángel, así que decidió consultar. El resultado no tardó en llegar y fue el mismo que recibió Marcos: autismo en nivel 1 de soporte. La noticia, aunque fue tomada con menos miedo y más herramientas para afrontarla, volvió a causar dolor, pero se recordó que nunca nada le ha quedado pequeño y menos cuando se trata de sus hijos.
Luego del diagnóstico de Marcos y Miguel Ángel llegó el de Yanix, quien también fue diagnosticada con autismo nivel 1 de soporte. Las dudas aparecieron y se apoderaron de ella, pero no contaba con que su forma de ver el mundo iba a ser para sus hijos una ventana para que vieran a través de ella que sí es posible habitar este mundo con una etiqueta.
Todos se abrazaron y encontraron belleza donde otros quizás veían rareza. Esta vez no hubo miedo, sabían que ver el mundo de una forma diferente no significaba algo malo. Es una mirada particular que también es capaz de soñar, de trazarse metas y alcanzarlas sin ningún impedimento.

Como familia encontraron formas de hacer de su convivencia un lugar donde se sienten tranquilos, donde pueden sentirse cómodos en su propia piel, sin la necesidad de ponerse máscaras. Saben cuando alguien necesita un espacio para estar solo, cuando hay demasiado ruido y quieren calma, cuando están saturados socialmente y deben retirarse un rato.
Hay una característica que los tres comparten, aunque el espectro del autismo sea muy amplio, y es que algo que en los otros se da de forma tan genuina, como un saludo o una respuesta, para ellos es más complejo, porque no entienden muy bien cómo socializar, les cuesta saber qué sigue y esto se convierte en una acción desgastante a en el ámbito cognitivo, porque todo el tiempo se calcula para encajar.
¿Dónde termina la máscara y dónde empiezo yo? Es la frase que acompaña a las personas con autismo y les cuestiona la existencia. Algo que es tan simple, como una conversación, puede tornarse en un momento de estrés que luego necesitará de un descanso social. Así es el día a día de las personas con autismo, haciendo ver su cotidianidad como si fuera algo simple, adaptándose a espacios donde muchas veces se sienten abrumados, con temor de ser diferentes mientras su mundo está lleno de capacidades excepcionales.

Marcos expresa su amor de una forma única. A las personas que quiere les da datos asombrosos de anatomía y animales, les pide que le cuenten cuentos mientras él los representa. Marcos ya conoció al amor de su vida a su corta edad, Isabella, con quien dice que se quiere casar cuando sea mayor de edad. También ha logrado que sus abuelos, tíos y primos aprendan sobre el autismo y lo perciban con una mirada cálida, amorosa y capaz.

Su primo Oliver, de siete años, admira el talento de Marcos y lo acompaña en la vida entre risas y juegos. Su cercanía le ha permitido explorar el universo de la amistad y desarrollar más habilidades sociales, aun cuando casi siempre prefiere la soledad. Para Marcos, estar consigo mismo no es un problema; disfruta de los libros, el juego autónomo y su manera única de percibir el mundo.

Su primer sueño con la literatura se hizo realidad en el Cuentódromo de la Fiesta del Libro y la Cultura. El año pasado le dijo a su madre que quería participar y leer sus cuentos favoritos en compañía de ella y la guitarra y así fue. Se preparó durante un año y cambió una y otra vez de libros, pero al final dejó la selección que más le gustaba: Vida de perros, Las cosas que pasan, Lo que construiremos y Atrapados.

Su voz y acento particular encantaron tanto al público que hasta las iguanas se hicieron presentes.

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