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Isabel María Uriana fue una de las ponentes de Climate Week Biodiversity 2026, encuentro global que se desarrolla en Medellín y, por primera vez, en América Latina. La lideresa wayuu dejó un contundente mensaje sobre la importancia de cuidar el agua.
Desde la tarima del Jardín Botánico de Medellín principal escenario de Climate Week Biodiversity 2026, Isabel María Uriana Uriana, lideresa wayuu, le habla al mundo acerca de la importancia de cuidar el agua. A la mujer de manta blanca y tejido crema la escuchan decenas de espectadores que se congregan en el encuentro global que, por primera vez, se desarrolla en América Latina.
Hasta el sábado 10 de octubre, representantes de gobiernos, organismos internacionales, empresas, academia, organizaciones sociales y ciudadanía se reúnen para analizar y avanzar en soluciones frente al cambio climático y protección de la biodiversidad. El evento es organizado por la Alcaldía de Medellín en alianza con Impact Hub Medellín, Fundación Socya, Climate Week Network y ACI Medellín, y con el apoyo de otras instituciones públicas y privadas.
Las palabras de Isabel resuenan. Los wayuus, el pueblo indígena más numeroso de Colombia – presente también en Venezuela –, sí que conocen el valor del agua, porque históricamente han padecido por la falta de suficiente agua potable en medio de los intensos calores de La Guajira, el territorio que más habitan, con temperaturas de hasta 40 grados centígrados.
“Para nosotros el agua es oro”, dice después de terminar su ponencia y agrega: “Sé lo que es vivir sin agua”. De ahí su autoridad para hablar de seguridad hídrica, tema central de su exposición.
“El agua es todo”
“El agua para nosotros es todo”, afirma luego, en la entrevista. “Desde el momento en que nacemos hasta que morimos, nosotros utilizamos el agua. Y más allá de la muerte, al tercer día después de nuestro entierro, nuestra familia nos lleva agua para que nos acompañe en el largo camino que iniciamos a recorrer hacia Jepirra – lugar donde descansan las almas de los wayuus fallecidos –, ubicado en el Cabo de la Vela, un paraíso terrenal del pueblo wayuu”.

Isabel María Uriana, lideresa wayuu, durante su ponencia en Climate Week Biodiversity 2026, en el Jardín Botánico de Medellín.
Esta morena de 47 años nació en Maicao, La Guajira, en el norte de Colombia. Es parte del clan Uliana y de la comunidad El Ahumao – Arralia, ubicada en el corregimiento Camarones de Riohacha, capital de La Guajira, a orillas del mar Caribe y cerca de la troncal del Caribe, la vía principal que comunica a Riohacha con Santa Marta. Esta comunidad la integran unas 92 familias, 450 personas.
Ella y su esposo, Darisnel Toro, tienen tres hijas: Dariagna Yiseth, de 19 años, estudia quinto semestre de trabajo social en la Universidad de La Guajira, y Darieth, de 14, y Daryanth, de 13, cursan octavo en el Internado Indígena San Antonio de Aremasain, situado en Manaure, La Guajira. “Son mestizas”, aclara Isabel, porque Darisnel es “alijuna”, término usado por los wayuus para referirse a quienes no tienen su misma condición cultural.
Trabajadora social
Isabel habla español y wayuunaiki, el idioma del pueblo wayuu.
_ ¿Cómo aprendió español?
_ En el colegio. Estudié en una escuela tradicional, una institución educativa regular o escuela occidental, donde aprendí principalmente en español. Sin embargo, nunca olvidé mi idioma materno, el wayuunaiki. Siempre lo conservé y lo he hablado perfectamente, porque hace parte de mi identidad, mi cultura y mi vida cotidiana. Actualmente, existen instituciones etnoeducativas que tienen un enfoque intercultural. En estos espacios se busca combinar los conocimientos que exige el Estado con los saberes propios de la comunidad y, al mismo tiempo, fortalecer el uso, la preservación y la lectoescritura del wayuunaiki.

Isabel María Uriana, lideresa wayuu, durante la entrevista que le hicimos en el Jardín Botánico de Medellín.
Es trabajadora social, egresada de la Universidad de La Guajira, y especialista en resolución de conflictos. Trabaja como profesional social de WaterAid Colombia. WaterAid es una organización internacional que se enfoca en que comunidades vulnerables del mundo tengan acceso sostenible al agua potable, saneamiento e higiene. Isabel llegó a Climate Week como parte de esta institución.
Ella y su familia viven en la Baja Guajira. Hace un tiempo, el Gobierno Nacional impulsó unos microacueductos en la zona y uno de ellos fue para El Ahumao, pero el agua no resultó apta para el consumo humano por sus altos niveles de sal.
Ahora, El Ahumao tiene acceso al agua gracias al apoyo de su comunidad vecina, El Estero 2, que le suministra el recurso de un pozo profundo a través de una tubería. “Ahí está la infraestructura de una planta desalinizadora. Todo el sistema y los componentes que están ahí funcionan. Lo único que no estamos utilizando es el pozo de agua, porque está totalmente salado”, apunta la lideresa wayuu.
No obstante, esta no siempre ha sido la realidad de su comunidad: “Cuando tenemos agua, la compartimos con comunidades vecinas. Pero en la Alta Guajira el problema de la sequía se vive muchísimo, porque es una zona dispersa, alejada y donde las ayudas llegan muy poco”.

Isabel María Uriana, lideresa wayuu, exponiendo en Climate Week Biodiversity 2026 acerca de la importancia de cuidar el agua.
_ Entonces, en el día a día, ¿ustedes sí tienen agua para cocinar, para aseo?
_ Sí, sí tenemos agua buena para el consumo humano y las necesidades básicas.
_ Pero han vivido épocas en que no han tenido agua.
—Claro, y conseguirla era una verdadera travesía. Nos tocaba caminar durante horas por el desierto, entre 10 y 15 kilómetros, bajo temperaturas muy altas y en una sequía extrema. Llevábamos las pimpinas sobre la cabeza o la espalda, con la esperanza de regresar a casa con suficiente agua para las necesidades básicas. Dependíamos de jagüeyes, pozos artesanales y molinos de viento, y muchas veces había que madrugar para alcanzar un turno y poder abastecernos. A mi abuela, mi mamá y mis tías las veía sacar el agua a fuerza de brazo. Hace años, el agua se extraía manualmente, con mecates y una polea. La fuerza de nuestros brazos marcaba la cantidad de agua que podíamos llevar a casa. ¿Qué tenemos? Fuentes de agua que son microacueductos, molinos de viento, jagüeyes, más que todo jagüeyes o reservorios a cielo abierto que acumulan agua de lluvia. Suelen ser compartidos con animales y se secan debido a la falta de lluvias prolongadas y al impacto del cambio climático, agravado por fenómenos como el Niño, lo que genera una grave emergencia hídrica para el pueblo wayuu.
_ Allá a veces pasa mucho tiempo sin llover.
_ Sí, y ahorita estamos enfrentando creo que es el fenómeno del Superniño, lo que ha provocado el secamiento de los jagüeyes y muerte de animales por la falta de agua y alimento.

Jardín Botánico de Medellín Joaquín Antonio Uribe, principal escenario de Climate Week Biodiversity 2026.
Además de que en su territorio llueve muy poco, menciona el cambio climático como un fenómeno que empeora la situación de su gente: “Antes nuestros abuelos nos enseñaban a nosotros que las estrellas nos guiaban. Ellas nos decían cuándo empezarían las lluvias, cuándo debíamos iniciar las siembras y cuándo era hora de recogerlas. Pero ahora, con el cambio climático, nosotros hemos vivido el silencio de las estrellas, porque los tiempos han cambiado”.
_ ¿Ya las estrellas no les dan mensajes claros?
_ No, ya no, porque esto ha sido un cambio rotundo en nuestro calendario wayuu.
Su tío es la autoridad tradicional de la comunidad y una prima suya es la lideresa comunitaria. Isabel también ejerce su liderazgo, siempre se ha interesado en el bienestar de la gente y, por eso, estudió trabajo social.
Compartir el agua
Candelaria Lucero es la directora País de WaterAid Colombia. Es uruguaya y lleva 11 años viviendo en Colombia: “Isabel personifica la fuerza, la valentía y la resiliencia de las mujeres wayuus en La Guajira. Si tú les preguntas hoy a las hijas qué quieren ser cuando sean grandes, te dicen: ‘Quiero ser como mi mamá’. Y creo que eso dice mucho de la mujer que Isabel es, una mujer que, si bien a ella le hacen falta ciertas necesidades básicas, trabaja todos los días para que más personas en La Guajira tengan acceso a agua potable. Entonces ella prima lo colectivo sobre lo individual y eso también es muy honroso”.
La directora explica que, con el Gobierno Nacional, en El Ahumao se rehabilitó el sistema que la comunidad tenía desde hace muchos años: “Se capacitó a la comunidad. Hoy hay un fontanero y la gente se organiza a través del cuidado y la operación del sistema”.
_ ¿Ustedes trabajan también haciendo el acueducto?
_ Exacto. WaterAid trabaja desde todos los elementos: recolección del agua, cuidado de las fuentes, distribución, tratamiento, acceso, fortalecemos a los actores del sector. Lo que se hizo en el caso de la comunidad de Isabel es bombear agua del pozo que otra comunidad está compartiendo. Estamos trayendo el agua desde cinco kilómetros de distancia y ya cada comunidad tiene su sistema de tratamiento para poder transformarla en agua potable.
Escuchar a las comunidades
Isabel visita Medellín por primera vez y le parece una ciudad muy bonita: “Mira el recorrido que hice: fui a mi comunidad. Allá, gracias a Dios, empezaron a caer las primeras lluvias. De allá salí descalza, con los pies llenos de barro. Me echo 15 minutos desde la ranchería, que queda cerca de la orilla del mar, hasta la troncal del Caribe. Ahí tomé un carro rumbo al aeropuerto de Riohacha y volé a Bogotá, de Bogotá seguí para Rionegro, tomé un bus y me bajé en Sandiego, agarré un taxi y me trajeron hasta el hotel. Es un recorrido largo, pero estoy feliz de estar aquí”.

La estación Universidad del metro de Medellín queda muy cerca del Jardín Botánico, principal escenario de Climate Week Biodiversity 2026.
En el Jardín Botánico enfatiza en la necesidad de escuchar a las comunidades: “Si tú quieres hacer una inversión tienes que saber qué significa el agua para los wayuus”. Adicionalmente, hace un llamado sobre la urgencia de proteger las fuentes hídricas: “Conservar el agua y que haya muchos aliados para invertirle a La Guajira, para ayudar a muchísimas comunidades que están allá y eso no lo podemos hacer solos. Tenemos que hacerlo con organizaciones, entidades públicas, privadas, cooperación internacional, academias y gobiernos comprometidos. Todos debemos hacer un trabajo conjunto, aunar esfuerzos, construir alianzas capaces de transformar los sistemas que hacen posible que las soluciones permanezcan y que también se puedan conseguir recursos para ayudar a la otra gente que lo está necesitando”.
La de Isabel, mujer de voz tranquila, fue toda una correría que valió la pena. Después de su ponencia, viaja de nuevo hacia su tierra. Deja en Medellín su contundente testimonio sobre el valor supremo de cuidar el agua.