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En Medellín, donde antes había arenilla, hoy hay sueños que ruedan sobre grama sintética

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Medellín en Historias
Por: Textos y fotos: Katherine Quintero Guzmán. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

Hay lugares que cambian de apariencia y, sin embargo, siguen siendo los mismos. Y hay otros que, cuando se transforman, cambian también la manera en que una comunidad lo...

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  • Hay lugares que cambian de apariencia y, sin embargo, siguen siendo los mismos. Y hay otros que, cuando se transforman, cambian también la manera en que una comunidad los vive.

    Una cancha puede parecer, a simple vista, solo un rectángulo donde se juega fútbol. Pero para quienes crecieron alrededor de ella es mucho más, es el punto de encuentro de los amigos, el lugar donde los niños gastan energía después de clases, donde los jóvenes entrenan pensando en el próximo partido y donde las familias se reúnen para acompañar a quienes encontraron en el deporte una pasión.

    Por eso, cuando una cancha pasa de la arenilla a la grama sintética, el cambio no se queda en el piso. Se siente en los jugadores, en las familias y en cada balón que vuelve a rodar.

    Eso es precisamente lo que está ocurriendo en diferentes barrios de Medellín. A la fecha, la ciudad ya cuenta con 52 canchas entregadas con grama sintética, y siete de ellas tienen una historia particular, fueron transformadas de escenarios en arenilla a espacios renovados, con mejores condiciones para la práctica deportiva. Entre ellas están Caunces de Oriente, en la comuna 9-Buenos Aires; La Nubia, en Belén; La Mansión, en Villa Hermosa; El Triunfo, en Doce de Octubre; Pedregal Bajo y Roblemar, en San Cristóbal, y 20 de Julio, en San Javier.

    Y la transformación no se detiene. 14 canchas más se encuentran actualmente en obra, avanzando hacia ese mismo cambio que ya disfrutan otras comunidades.

    Para entender lo que significa realmente pasar de la arenilla a la grama sintética no hace falta quedarse únicamente con los números. Basta con acercarse a una de esas canchas y escuchar a quienes todos los días hacen de ellas parte de su vida.

    “Me siento muy feliz de que mi hijo y mis vecinos se vean beneficiados”

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    En Caunces de Oriente, en la comuna 9-Buenos Aires, Maritza Gil ha visto de cerca esa transformación. Ella es mamá de uno de los jóvenes que utiliza este escenario deportivo y sabe que una cancha no es solamente un lugar para practicar fútbol.

    Es también el espacio donde su hijo comparte con otros jóvenes, se ejercita, se divierte y encuentra una alternativa para aprovechar su tiempo libre. Por eso, cuando habla del cambio, lo hace desde una mirada que va mucho más allá de la estética.

    “Me siento muy feliz de que mi hijo y mis vecinos se vean beneficiados con este espacio transformado”, cuenta Maritza.

    Antes, cuando la superficie era de arenilla, ella veía cómo los entrenamientos podían terminar convirtiéndose en jornadas más exigentes para los deportistas. “Antes, con la arenilla, yo sentía que mi hijo salía más cansado y se agotaba más jugando”, recuerda.

    Ahora la percepción es diferente. La nueva superficie no solamente transformó la imagen del escenario, sino también la experiencia de quienes lo utilizan. “Ahora con la grama sintética, aparte de que estéticamente se ve mejor, se siente que los deportistas entrenan mucho mejor”, agrega.

    Y quizá una de las mejores maneras de saber si una transformación funciona es preguntarle directamente a quienes pisan la cancha. Alexander González, hijo de Maritza, no necesita muchas palabras para explicar lo que siente cada vez que juega en el nuevo escenario, “Me gusta este cambio, me siento mucho mejor jugando”.

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    Una frase corta, pero que dice mucho. Porque detrás de ese “me siento mucho mejor” está la posibilidad de disfrutar más un entrenamiento, correr detrás del balón, compartir con los compañeros y regresar a casa con la satisfacción de haber hecho lo que más le gusta.

    Una transformación que se siente bajo los pies

    Cambiar la superficie de una cancha puede parecer sencillo cuando se observa únicamente el resultado final. Sin embargo, detrás de cada escenario renovado existe una intervención pensada para mejorar las condiciones en las que se practica deporte.

    Las nuevas canchas incorporan shockpad, una tecnología que mejora la sensación de juego y contribuye a la protección del deportista. Además, facilita la evacuación del agua lluvia y aporta a una mayor durabilidad de la grama sintética.

    Es decir, no se trata solamente de poner una superficie verde para que la cancha se vea más bonita. La intervención busca que el escenario responda mejor a las necesidades de quienes entrenan, juegan y disfrutan de él.

    A esto se suma que los nuevos campos se proyectan bajo estándares FIFA BASIC, fortaleciendo la calidad de los escenarios deportivos de la ciudad. Y aunque todos estos términos pueden sonar técnicos, para un jugador se traducen en algo mucho más sencillo: sentirse cómodo cuando entra a jugar.

    Porque el deporte también se disfruta cuando el escenario invita a quedarse. Cuando un niño llega y quiere correr un poco más, cuando un joven termina un entrenamiento y pregunta cuándo es el próximo, cuando los padres acompañan a sus hijos y sienten que están en un espacio adecuado para que practiquen su deporte favorito, cuando los vecinos dejan de ver una cancha como un espacio más del barrio y comienzan a reconocerla como un lugar de encuentro.

    De la arenilla a un escenario para encontrarse

    En Medellín, las canchas deportivas cumplen un papel que va mucho más allá de la práctica del fútbol. Son espacios donde se construyen vínculos y donde el deporte se convierte en una herramienta para aprovechar el tiempo libre, promover hábitos saludables y fortalecer la vida comunitaria. Por eso, recuperar una cancha también es recuperar una parte de la vida del barrio.

    Las siete transformaciones que ya se han realizado en Caunces de Oriente, La Nubia, La Mansión, El Triunfo, Pedregal Bajo, Roblemar y Veinte de Julio muestran cómo un escenario puede renovarse para ofrecer mejores condiciones a quienes lo utilizan.

    En el caso de Caunces de Oriente, basta escuchar a una mamá y a su hijo para entender que el impacto no se mide solamente en metros cuadrados intervenidos. Se mide en la tranquilidad de Maritza, en la comodidad de Alexander, en las tardes de fútbol de los jóvenes, en los vecinos que vuelven a encontrarse alrededor de un partido, en los niños que pueden descubrir que detrás de un balón también pueden existir disciplina, amistad, esfuerzo y sueños y mientras algunas comunidades ya disfrutan estos espacios, otras esperan la culminación de las obras que permitirán llevar esta transformación a más sectores de Medellín. Son 14 canchas que actualmente se encuentran en obra, ampliando esta apuesta por renovar escenarios deportivos y ofrecer a más ciudadanos espacios con grama sintética y mejores condiciones para practicar fútbol.

    Porque una cancha también puede cambiar una tarde

    Hay algo especial en los escenarios deportivos: y es que siempre están esperando que alguien llegue. Esperan el balón que rebota por primera vez, la carrera del niño que apenas está aprendiendo, el partido entre amigos, el entrenamiento de quienes sueñan con llegar más lejos, la familia que se sienta a mirar, el vecino que se acerca solo para conversar y también esperan esos momentos que nadie planea, pero que terminan convirtiéndose en recuerdos.

    Por eso, renovar una cancha no significa únicamente cambiar la arenilla por una superficie sintética. Significa preparar un escenario para que vuelvan a ocurrir todas esas historias.

    La historia de Alexander es apenas una de muchas. Como él, cientos de niños, jóvenes y adultos encuentran en estos espacios una oportunidad para moverse, compartir y disfrutar de la ciudad de una manera diferente.

    Y detrás de cada uno de ellos hay familias que celebran que existan lugares donde sus hijos puedan practicar deporte; entrenadores que encuentran mejores condiciones para desarrollar sus procesos; clubes que utilizan estos escenarios para formar a sus deportistas y comunidades enteras que encuentran una excusa para encontrarse. Porque cuando una cancha se llena, también se llena de vida el barrio.

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    Más espacios para seguir jugando

    La transformación de estos escenarios hace parte de una apuesta más amplia por fortalecer la infraestructura deportiva de Medellín y acercar el deporte a las comunidades. El informe del INDER registra, además, una amplia participación ciudadana en su oferta: a corte del 31 de julio de 2026 se reportan 709 554 atenciones, entre actividades físicas, deportivas, recreativas, escuelas deportivas, eventos, ciclovías, clubes deportivos y otras estrategias.

    La cifra cuenta personas, pero detrás de cada número hay una historia y una comunidad que entendió que sus escenarios deportivos también son espacios para encontrarse. Por eso, el reto ahora es que estas canchas no sean únicamente escenarios nuevos o renovados, sino lugares vivos, ocupados y disfrutados por la ciudadanía.

    Que la grama sintética no permanezca impecable porque nadie la usa, sino que se desgaste con los pasos, las carreras y los partidos de quienes encuentran allí una razón para moverse. Porque finalmente, una cancha solo cumple su verdadero propósito cuando la comunidad se apropia de ella.

    Y en Medellín ya hay 52 escenarios con grama sintética esperando que eso ocurra, mientras 14 más avanzan en su transformación. Así que la invitación es sencilla, salga de casa, busque el escenario deportivo más cercano, reúna a sus amigos, lleve a sus hijos, inscríbase en las actividades y haga del deporte parte de su rutina.


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