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¿Cómo se acompaña en Medellín a un niño con autismo sin decidir de antemano hasta dónde puede llegar?

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Medellín en Historias | Unidad Administrativa Especial Buen Comienzo
Por: Texto y fotos: Nataly Londoño Laura. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

La respuesta la tienen una agente educativa y una educadora especial que acompañan a un niño de cuatro años diagnosticado con autismo, en una historia que muestra cóm...

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  • La respuesta la tienen una agente educativa y una educadora especial que acompañan a un niño de cuatro años diagnosticado con autismo, en una historia que muestra cómo la formación de los equipos, el trabajo con Buen Comienzo Sin Barreras y la articulación con las familias pueden convertir el conocmiento sobre las neurodivergencias en herramientas claves para la vida cotidiana

    Yuliana Escobar Vásquez se sentó en el piso, afuera del baño, y esperó. A su lado estaba Ian, un niño de cuatro años que había llegado al Jardín Infantil Buen Comienzo El Limonar con un diagnóstico de autismo nivel uno y una dificultad que terminaba acortando sus días en el lugar: no hacía sus necesidades allí. Podía aguantarse hasta el mediodía y tenía que regresar a casa. Durante semanas, Yuliana habló con él, permaneció a su lado cuando exploró el espacio y celebró cada intento suyo por acoplarse. Un mes y medio después, Ian consiguió usar aquel baño y pudo quedarse durante toda la jornada.

    La escena ocurrió después de su ingreso al Jardín Infantil en 2025. Ian venía de otro centro infantil y aún necesitaba apoyo para subir y bajar escalas, su comunicación era menos fluida y podía correr o llorar cuando una situación lo frustraba. Entonces Yuliana, que es agente educativa de Buen Comienzo desde hace diez años, tomó una decisión que marcó su manera de acompañarlo: antes de establecer lo que Ian no podía hacer, lo conoció.

    “Primero lo leí, por decirlo de alguna forma, y después me documenté. Así todos los años tenga un niño con autismo en la sala de desarrollo, vuelvo a documentarme para aprender y encontrar cosas nuevas: leo, investigo, veo películas, le pregunto a la educadora especial que nos acompaña, y todo lo que encuentre y considere que puede funcionarle al niño, lo traigo”, cuenta.

    El acompañamiento especial

    Imagen Cómo se acompaña en Medellín a un niño con autismo

    La educadora especial a la que se refiere Yuliana es Tatiana Rodríguez Cardona, pues con ella ha construido un intercambio que comienza y termina en la observación de Ian: Yuliana reconoce durante la jornada sus respuestas, intereses y dificultades; Tatiana acompaña la lectura de esas señales y, juntas, determinan qué apoyos mantener, cuáles ajustar y cuándo es momento de avanzar.

    Para Tatiana, acompañar tampoco significa trabajar exclusivamente con quienes tienen un diagnóstico, una alerta o una alteración en el desarrollo. Su labor atraviesa a las agentes educativas, las familias y el equipo interdisciplinario. La pregunta que orienta buena parte de ese trabajo es otra: ¿qué está dificultando la participación de un niño y qué pueden transformar los adultos para abrirle posibilidades?

    “Soy fiel creyente de que la educadora especial es una facilitadora de oportunidades, de derribar barreras, de generar estrategias y de ir más allá de lo que socialmente nos dicen que podemos hacer con ciertas situaciones o ciertas personas”, explica.

    Y su idea tiene una consecuencia práctica: una dificultad asociada a un diagnóstico no es necesariamente una barrera. Una escalera puede convertirse en una para quien no consigue transitarla; una metodología, cuando contempla una única manera de aprender; incluso la actitud de un adulto que decide anticipadamente hasta dónde podrá llegar un niño.

    De la formación a la práctica

    Esa manera de entender la inclusión se ha fortalecido a través de un proceso de formación que Tatiana inició hace tres años. En 2024 participó en una capacitación de Buen Comienzo Sin Barreras; en 2025 cursó el diplomado en Educación Inclusiva Inicial y Diferencial y, durante 2026, participó en Prácticas Pedagógicas Inclusivas en la Educación Inicial, ambos dictados por la Universidad CES y auspiciados por Buen Comienzo Sin Barreras.

    De estos espacios destaca, especialmente, la posibilidad de llevar el conocimiento a situaciones cotidianas y complementarlo con el acompañamiento de la terapeuta de Sin Barreras con quien articula los procesos. Con Ian, esa formación se ha traducido en acciones concretas: han utilizado pictogramas, imágenes del baño y otros apoyos frente a circunstancias que podían generarle incomodidad. Tatiana y Yuliana observan sus respuestas para decidir qué mantener, qué ajustar y cuándo avanzar hacia un nuevo objetivo, y su familia recibe orientaciones para continuar parte del trabajo en casa.

    Para Lerby Salas y Óscar Martínez, los padres del niño, cada cambio adquirió una dimensión particular. Habían buscado durante ocho años convertirse en padres y, cuando ya contemplaban la posibilidad de adoptar, llegó el embarazo. Ian nació en 2021. Tiempo después, Lerby comenzó a observar movimientos repetitivos en sus manos y pies. Tras pasar por pediatría, neuropediatría y neuropsicología, en 2023 recibieron el diagnóstico de autismo nivel uno, acompañado de dificultades en el lenguaje e hipotonía o disminución del tono muscular.

    Aprender a acompañar

    Lerby buscó información, investigó experiencias de otras familias y asumió buena parte del acompañamiento terapéutico. Óscar necesitó otro ritmo para comprender lo que ocurría. Una experiencia compleja en el primer centro infantil al que asistió Ian hizo que incluso consideraran retirarlo del programa. Sin embargo, decidieron intentarlo nuevamente.

    “Conocer a Yuli fue conocer a un ángel”, dice Óscar, y su frase encuentra sentido en los cambios que comenzó a reconocer en su hijo: entraba solo a la sala, ampliaba su lenguaje y hablaba de otros niños. “¿Cómo privarle la oportunidad que aquí le están dando, el amor que aquí le dan? Yo no sé cuántos besos recibe desde la entrada del Jardín Infantil hasta la entrada de la sala de desarrollo”.

    Pero el cariño que Ian encuentra allí también ha significado aprender a dejarlo hacer. Yuliana sabe que pronto llegará su paso al grado transición y que habrá momentos en los que ella no estará cerca para resolverle una dificultad. Por eso, poco a poco, ha comenzado a retirarse de aquellas acciones que, en el día a día, él puede hacer por cuenta propia.

    Cuando Ian derrama una bebida, por ejemplo, Yuliana no corre inmediatamente a cambiarlo. Le pregunta cómo podría solucionarlo. Él intenta limpiarse, busca quitarse la ropa y solicita ayuda cuando la necesita. Si debe ir al comedor, ella le indica que vaya solo y lo observa desde lejos. Así descubre que tiene la capacidad de responder al entorno cuando un adulto no puede atenderlo.

    Ian con su mamá

    Algo parecido ocurre durante las experiencias pedagógicas. El diagnóstico no determina de antemano qué materiales puede tocar o qué actividad debería evitar. Así que Ian ha explorado plastilina, aserrín, pasto y pintura; disfruta los cuentos, reconoce colores y siente especial interés por los planetas. “Si vemos que algo realmente lo frustra, hacemos el ajuste; de lo contrario, dejamos que lo intente, disfrute y explore. Se trata de no ponerle una barrera desde el principio”, sostiene Yuliana.

    Esa forma de acompañarlo no termina al salir del jardín: Lerby espera los planes de apoyo elaborados por el equipo para leerlos y preparar actividades en casa, dando continuidad a las estrategias que Ian trabajaba durante la jornada. A este proceso se suman las terapias que actualmente recibe con profesionales de psicología, fonoaudiología y terapia ocupacional. “Que él me hable, que me mire a los ojos, que responda a su nombre, que me diga mamá, que le diga papá a Óscar… es lo que a mí me llena y lo que nos impulsaba a continuar el camino”, señala.

    Lo que viene después

    Hoy Ian sube y baja escalas, usa el baño, participa en las experiencias, avanza en su alimentación autónoma y juega con otros niños. Y aunque todavía hay aspectos por fortalecer en el lenguaje, la resolución de problemas y la autonomía, según Tatiana, el acompañamiento que le brindan parte de reconocer las características propias del autismo, una condición que estará presente durante toda su vida, mientras adquiere herramientas para enfrentar nuevos escenarios.

    El próximo escenario está cada vez más cerca. Dentro de poco Ian dejará el jardín y continuará su camino en otro entorno educativo. Lerby piensa en ese tránsito con inquietud; Yuliana y Tatiana llevan tiempo preparándolo y, en los días que les quedan juntos, se conmueven al verlo feliz, con las manos llenas de pintura, entregado a la música y al baile, o llamando por su nombre a cada uno de sus compañeros.


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