Alcaldía
El 20 de abril de 1993 se reunieron en el Congreso de la República, en Bogotá, alcaldes de diferentes municipios del país a participar de las ponencias con que se debatió el tema del ordenamiento territorial según la orientación de la constitución de 1991. Este evento significó el inicio, al menos en la idea condensada en el papel, de la necesidad de que los municipios orientaran sus planes de ordenamiento. Tiempo después, se emitió la ley 388 de 1997, que facultaría a los municipios a “promover el ordenamiento de su territorio”.
En 1998 Juan Gómez Martínez repetía el mandato en la ciudad de Medellín. Regresaba a la alcaldía con su Plan de Desarrollo intitulado «Por una ciudad más humana», que fue aprobado por el Concejo mediante el Acuerdo Municipal N. ° 14 de 1998. Esta guía de la nueva administración sentaba el precedente de lo que requería la ciudad, un nuevo plan que proyectara los ideales administrativos y ciudadanos. Este plan de desarrollo se fundamentó en la necesidad de orientar a la ciudad de Medellín por la línea óptima que permitiera hacerles frente a los retos que la globalización les planteaba a las ciudades, retos que debían estar concertados con el variado conglomerado social que abrigaba a la ciudad, especialmente lo referente a las poblaciones excluidas. Este sería la motivación para que se concibiera el nacimiento de un nuevo ideal para la ciudad: el Plan de Ordenamiento Territorial -POT-
Comienza un ideal de ciudad

Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto, alcalde Juan Gómez Martínez, 1999.
Zoraida Gaviria Gutiérrez fue la arquitecta encargada de coordinar la elaboración del POT de la ciudad de Medellín desde la dirección del Departamento Administrativo de Planeación (1998 – 2000). Ella integró a un diverso grupo de trabajo y empezaron a atender el sentir ciudadano, tal cual como lo venía pregonando el alcalde Gómez Martínez, de hacer que la voz popular se expresara y aportara a la planeación de la ciudad. Ese primer proceso tomó como referente una serie de problemas que venían haciendo mella en la estructuración de la ciudad, como también de aquellos nuevos que evidenciaron. Este momento, de lo que póstumamente sería el primer POT del país, buscó la dosis de curación a aquellos males que presentaba la ciudad.

Archivo Fotográfico Biblioteca Pública Piloto, Zoraida Gaviria Gutiérrez.
El POT era una especie de radiografía que mostraba las partes neurálgicas de una ciudad en expansión. Para ordenarla había que empezar por zonificar y así hacer posible, mediante la construcción del POT, la implementación de «políticas de intervención sobre la ciudad orientadas a propiciar espacios urbanos más humanos, en los cuales sea posible la convivencia solidaria«. Una de las cartografías resultantes del proceso de investigación, fue el de determinar las zonas de Medellín y fragmentarlas en comunas. En esta operación espacial resultaron 16 comunas integradas por barrios, y lo que ahora hacía más especial esta cartografía era la integridad de su periferia montañosa, es decir, los corregimientos.
Adportas del nuevo milenio, pensar en la ruralidad fue una acción primordial dentro de la planeación municipal. Mediante el POT se debía implementar la determinación política denominada dentro del plan de desarrollo como Ruralidad de Frontera Urbana que consistió en darle un nuevo enfoque al desarrollo de las zonas rurales de nuestra capital, ese gran espacio que representaba el 71% del territorio de Medellín y que estaba expuesta a la amenaza de la expansión urbana, lo cual pasaba a descontinuar el paisaje, el hábitat y los hábitos campesinos propios de los habitantes de las montañas de la ciudad. Fue así como en la formulación del Plan de Ordenamiento Territorial se debía garantizar la proyección de las relaciones urbano-rurales, con «criterios de equidad social y ambiental, la dotación de servicios públicos básicos y equipamientos de uso colectivo«. La conservación entraba a ser parte del lenguaje en el área ambiental de la planeación de la ciudad.
Bajo el concepto de Ruralidad de Frontera Urbana, se delinearon las acciones que orientarían a la conservación de la vocación agroecológica, paisajista, cultural y al control en la densidad de la población. Para el cumplimiento de este ideal, el desarrollo del POT debía proveer a la ciudadanía de una nueva valoración en el cual la sostenibilidad del medio ambiente pasara a «constituir el elemento articulador de las complejas relaciones de dependencia que se establecen entre las actividades urbanas y las rurales».
Un momento estelar en la historia de Medellín
En las sesiones ordinarias de julio de 1999, el Concejo de Medellín recibió el informe preliminar del avance del POT. Este ya empezaba a mostrar una correcta estructura y solo breves detalles faltaban por pulir para la condensación final. No obstante, al tratarse de un documento de tanta relevancia, el Concejo dejó la tentativa de finalizarlo en el primer semestre del 2000. Pero el ideal de muchos y especialmente del alcalde Gómez Martínez era el de que la ciudad recibiera el nuevo milenio con el POT.

Archivo Central del Concejo de Medellín. Alcalde de Medellín y el cuerpo colegiado del Concejo de Medellín, en la sesión del 23 de diciembre de 1999, en la que se aprobó el Plan de Ordenamiento Territorial de Medellín.
El equipo profesional encargado de formular el POT, afinó el documento donde este lo ameritaba y así, para que en diciembre de ese 1999 se pudiera debatir en las sesiones extraordinarias del Concejo. En el momento de la instalación de dichas sesiones, el alcalde expresó que el POT «ha sido el hecho central de discusiones intensas de los señores concejales y que en el breve periodo de sesiones extras convocado entre el 13 y 22 de este mes encontrará su rumbo definitivo». Esa era la meta trazada, la esperanza de que este nuevo documento orientador de la ciudad se lograra aprobar.

Archivo Central del Concejo de Medellín. Funcionarios del Departamento Administrativo de Planeación, partícipes de la sesión del 23 de diciembre de 1999, durante la aprobación del POT para Medellín.
En el célebre acto de instalación, el presidente del Concejo, Jenaro Pérez Gutiérrez, disertó una celebre oración en la que valoró la importancia que el POT representaba para la ciudad. Retomó la experiencia de una memorable conferencia titulada Nuestra Ciudad, dictada al Concejo por el doctor Mario Laserna, colombiano que fue discípulo y amigo de Albert Einstein. Recordó sus palabras con las que lo hizo:
Una especie de antítesis entre la concepción de la ciudad, dominada por el yo y por lo mío, con la ciudad dominada por el nosotros y lo nuestro. Contrastó la visión individualista y egoísta, con la visión pluralista y altruista del hábitat citadino. “Pensemos hoy y hagamos nuestra ciudad a imagen y semejanza de todos, porque mañana será esa ciudad la que formará el alma de cada uno de sus habitantes. Los hombres empiezan a parecerse a los lugares que habitan y a las cosas que tienen”.
El sentido de este pasaje expuesto por el presidente Pérez, era el de hacer valer la tesis de que el medio condiciona al hombre, de que el hábitat citadino forma a sus gentes. Toda esta reflexión fue el aliciente que pensó para darle la bienvenida a todos los concejales a las sesiones extraordinarias para estudiar y evaluar el Plan de Ordenamiento Territorial para Medellín, «compromiso de gran magnitud que involucra los sectores y actividades de la ciudad, porque vamos a tener la oportunidad de diseñar el ambiente que queremos para el futuro del hombre de Medellín».

Archivo Central del Concejo de Medellín. Zoraida Gaviria Gutiérrez, directora del DAP; Juan Gómez Martínez, alcalde de Medellín; Luis Carlos Díaz Mora, concejal.
El 23 de diciembre de 1999, luego de diez días de sesiones extraordinarias, el vicepresidente del Concejo, Juan Carlos Vélez Uribe, dio la buena nueva de que el POT, quizá el proyecto de acuerdo más importante del presente año, había sido aprobado mediante el Acuerdo N. ° 62. Resaltó la consecución que hizo posible este resultado, con la participación ciudadana, los gremios, centros educativos, sindicatos, organizaciones no gubernamentales y corporaciones cívicas comunitarias que intervinieron con sus propuestas e iniciativas en los debates de análisis. En general, decía Vélez Uribe: «fue un proceso de ciudad abierto y de permanente retroalimentación, en el cual las diferentes dependencias municipales comprometieron sus esfuerzos técnicos, logísticos y humanos para que el Plan de Ordenamiento Territorial sea hoy una realidad«.
El momento más solemne de ese jueves decembrino en el que se proclamó el POT de Medellín, fue la intervención del alcalde Juan Gómez Martínez. Seamos testigos de un apartado de su intervención en el Concejo:
“Tenemos que identificar, como se hace en este POT, esos asuntos que son comunes como los de vivienda, rellenos sanitarios, desechos sólidos y otros por el estilo, para que reciban el tratamiento adecuado y para que cumplan su objetivo múltiple. naturalmente con el compromiso de todos.
Este Plan de Ordenamiento Territorial tiene que ser muy bueno, hacemos esta afirmación porque destacamos que es el resultado de una muy amplia y efectiva concertación con los distintos sectores de la actividad citadina. El Área Metropolitana como entidad aglutinante lo vio bien. Corantioquia, como instancia ambiental, le dio su aprobación. El Consejo Municipal de Planeación entregó aportes de mucha significación que aquí están atendidos”.
Tal fue el nivel de protagonismo que había alcanzado el POT durante la segunda administración de Gómez Martínez, que pudo lograr la meta deseada de ser aprobado y ahora visto como una llave para abrir la puerta de un nuevo milenio en el que se debían atender los sueños de los habitantes de una ciudad anhelante de paz, comprometida con el desarrollo, organización y entereza para establecer sus ideales al poder fomentar aquellos nobles imaginarios con los que se buscaba estancar una hemorragia que por varios años había causado el filo cortante de la violencia.