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Cuando Carol Guzmán habla de cultivos y tecnología, no lo hace desde la teoría: a sus 14 años ya conoce el campo porque creció en él. Hasta hace pocos meses vivía ...
Cuando Carol Guzmán habla de cultivos y tecnología, no lo hace desde la teoría: a sus 14 años ya conoce el campo porque creció en él. Hasta hace pocos meses vivía en una finca de San Andrés de Cuerquia, en el norte de Antioquia, donde aprendió a observar los ritmos de la tierra, el trabajo de quienes la cultivan y los desafíos que enfrentan las familias campesinas. Hoy, desde un salón de clases en el barrio Castilla de Medellín, empieza a imaginar cómo la ciencia y la tecnología podrían ayudar a transformar esa realidad.
Aunque su voz es tímida, sus ideas no. Mientras conversa sobre el proyecto que desarrolla junto a sus compañeras de noveno grado en la Institución Educativa Diego Echavarría Misas, aparece una imagen recurrente: la posibilidad de regresar algún día a la finca de sus padres para hacer más fácil su trabajo. “Me lo he imaginado”, dice cuando le preguntan si quisiera modernizar los procesos agrícolas que conoce desde niña. En su mente ya existen huertas automatizadas, sistemas de riego inteligentes y tecnologías que permitan cuidar los cultivos y alimentar los animales con solo revisar una aplicación en el celular.
Ese interés por encontrar soluciones nació mucho antes de llegar a la ciudad, pero empezó a tomar forma este año gracias al programa Generación Tech de Ruta N, que acerca a más de 5000 niñas, niños y jóvenes al mundo de la innovación y la tecnología. Allí, Carol y seis compañeras comenzaron a trabajar en una idea que busca responder a un desafío cada vez más importante para las ciudades: cómo producir alimentos de manera sostenible.
La idea

La propuesta es un sistema de acuaponía alimentado con agua lluvia. Aunque todavía está en etapa de ideación, sus creadoras ya lo describen con precisión. Todo comienza con un tanque encargado de recolectar el agua de las lluvias. Luego, esa agua llega a una pecera donde viven peces cuyas heces aportan nutrientes naturales. Más tarde, el agua circula hacia las plantas, permitiendo que crezcan sin necesidad de suelo y aprovechando los recursos de manera eficiente: un ciclo en el que peces y cultivos se benefician mutuamente.
La idea surgió después de varias semanas de exploración. Al principio, las propuestas parecían demasiado ambiciosas o difíciles de ejecutar. Sin embargo, poco a poco el grupo empezó a aterrizar conceptos, investigar posibilidades y preguntarse cómo convertir una necesidad real en una solución viable. Desde marzo, cuando comenzaron los encuentros, el proyecto ha evolucionado constantemente y cada nueva pregunta las obliga a pensar más allá.
¿Cuánta agua necesitará el sistema? ¿Cuántas plantas podrían cultivarse? ¿Cómo garantizar la oxigenación del agua? Son algunos de los interrogantes que se han convertido en parte fundamental del aprendizaje. Más que encontrar respuestas rápidas, las estudiantes están descubriendo cómo funciona el pensamiento científico: observar, cuestionar, experimentar y volver a intentarlo.
Aprender a investigar para transformar el entorno
La profesora Deyvis del Carmen Becerra, bióloga y docente de la institución desde hace 16 años, ha acompañado ese proceso. Para ella, el valor del proyecto va mucho más allá de la construcción física del sistema. Lo importante es que las estudiantes aprendan a investigar y a conectar los conocimientos tecnológicos con problemas reales de su entorno. En el caso de Carol, esa conexión ha sido evidente desde el primer momento.
“Siempre estuvieron enfocadas en la parte del campo”, explica la docente. “Buscaban qué podían solucionar para las comunidades rurales y cómo aplicar lo que estaban aprendiendo”. Esa mirada permitió que una experiencia de vida se transformara en una oportunidad de innovación.
Carol reconoce que Generación Tech le ha enseñado cosas que nunca imaginó. Aprendió sobre inteligencia artificial, automatización y nuevas formas de cultivar aprovechando mejor los recursos. Pero quizás el aprendizaje más importante ha sido descubrir que la tecnología puede convertirse en una herramienta para mejorar la vida de las personas.
Mientras el proyecto avanza hacia su etapa de construcción, prevista para los próximos meses, la estudiante sigue explorando un camino que apenas comienza. Le gusta dibujar, interactuar con herramientas de inteligencia artificial y pasar tiempo con su familia. También está descubriendo qué quiere hacer cuando sea adulta. Todavía no tiene una respuesta definitiva, pero la biología, la ciencia y la innovación empiezan a ocupar un lugar importante entre sus opciones.
Quizás por eso, cuando imagina el futuro, no piensa únicamente en laboratorios o universidades. Piensa en regresar al lugar donde todo comenzó: una finca entre montañas, donde una niña curiosa observaba cómo crecía la vida a su alrededor. Ahora esa misma niña empieza a comprender que la ciencia también puede sembrarse. Y que, con paciencia, conocimiento y creatividad, sus frutos pueden llegar mucho más lejos que cualquier cultivo. Generación Tech amplía su alcance en Medellín
El programa
La tercera edición de Generación Tech marca un punto de inflexión para este programa liderado por Ruta N. En 2026, la iniciativa reúne a más de 5000 estudiantes y 417 docentes pertenecientes a 208 instituciones educativas públicas y privadas de Medellín. La cifra representa un crecimiento del 725 % frente a años anteriores, multiplicando por más de siete veces el alcance de la estrategia. https://www.youtube.com/watch?v=1RdAdXfeaHI
El propósito del programa es fortalecer las capacidades de niñas, niños y jóvenes en áreas relacionadas con la ciencia, la tecnología y la innovación, a través de experiencias prácticas enfocadas en la resolución de desafíos reales. Este año, además, la iniciativa logró llegar por primera vez a la totalidad del territorio distrital, incluyendo las 16 comunas y los cinco corregimientos de Medellín.
La formación contempla 56 horas de trabajo y combina metodologías como el pensamiento de diseño (Design Thinking), el Aprendizaje Basado en Retos y el enfoque STEAM, que integra disciplinas como ciencia, tecnología, ingeniería, artes y matemáticas. Durante el proceso, los participantes atraviesan distintas etapas que van desde la exploración de problemáticas hasta la construcción y validación de prototipos, para finalmente comunicar sus propuestas.

Los proyectos desarrollados por los estudiantes abordan temas de impacto social y urbano, entre ellos seguridad digital, acceso a servicios de salud, movilidad, protección de fuentes hídricas, gestión de residuos, innovación educativa, participación ciudadana y turismo. Para ello, se incorporan herramientas emergentes como inteligencia artificial, Internet de las Cosas, robótica, blockchain e impresión 3D. https://www.youtube.com/watch?v=CROJc9BoENM
El recorrido culmina con una feria de innovación en la que los equipos presentan sus soluciones ante representantes del ecosistema de ciencia, tecnología y emprendimiento de la ciudad. El encuentro es una vitrina para mostrar el talento de los jóvenes y el potencial de sus ideas para aportar a la transformación de Medellín.
Con programas como Generación Tech, Ruta N busca consolidar una apuesta que conecta educación, tecnología y territorio para impulsar nuevas generaciones capaces de liderar soluciones a los retos de sus comunidades.
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