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Cuidar, escuchar y sostener: así es ser doula en Buen Comienzo Medellín

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Medellín en Historias | Unidad Administrativa Especial Buen Comienzo
Por: Textos y fotos: Nataly Londoño Laura. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo |

Julieth Builes es doula de la modalidad familiar de Buen Comienzo y en su rol, acompaña a gestantes y madres desde el cuidado, la escucha y la presencia en uno de los mo...

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  • Julieth Builes es doula de la modalidad familiar de Buen Comienzo y en su rol, acompaña a gestantes y madres desde el cuidado, la escucha y la presencia en uno de los momentos más decisivos de sus vidas.

    Julieth Builes llegó al rol de doula por lo mismo que la llevó a cuidar a su padre desde pequeña: una convicción profunda de que, en los momentos de mayor vulnerabilidad, lo esencial no es intervenir, es estar. Así que, en 2025, cuando la modalidad familiar de Buen Comienzo incorporó este perfil por primera vez en todas sus comunas y corregimientos de Medellín, ella se sumó de inmediato. Ya llevaba una vida entera preparándose para esto, sin saberlo.

    Su inicio como doula

    Y es que, como solo tenía dos años cuando su padre quedó en silla de ruedas, esa experiencia fue una forma temprana de entender la fragilidad y la dependencia. Hoy, décadas después, sigue siendo su cuidadora principal: al salir del trabajo pasa a verlo, le cambia el pañal, le hace curaciones, le lleva la comida. «Siempre he sido cuidadora, y vibro mucho con eso, como con el hecho de acompañar al otro», dice.

    Su camino hacia ese rol empezó en las aulas. Estudió Licenciatura en Educación Preescolar convencida de que «en la infancia es que radica todo«, y en 2015 llegó a Buen Comienzo para trabajar con comunidades. Dos años después pasó a la Modalidad Familiar, y fue ahí donde entendió que su lugar no estaba en el salón de clases, sino en las casas, en los barrios, en esos espacios donde la educación se mezcla con la vida cotidiana.

    Durante una década fue agente educativa y acompañó procesos desde la gestación hasta los primeros años de vida, observando de cerca cómo las prácticas de crianza se transmiten, se transforman o se fracturan. Con el tiempo, sin embargo, sintió que las herramientas pedagógicas no alcanzaban para responder a las preguntas emocionales que emergían en los encuentros con gestantes. Algo faltaba. La respuesta llegó en una capacitación sobre parto humanizado, y ahí tomó la decisión de formarse como doula. «Ese día yo dije, no, esto es para mí», recuerda.

    El papel de  la doula

    Una doula, como Julieth, se prepara a través de diplomados rigurosos y extensos para acompañar de manera emocional, física e informativa a las mujeres durante el embarazo, el parto y el posparto. «Estamos presentes, escuchamos, sostenemos, damos calma, seguridad», explica. Su labor no reemplaza la atención clínica, pero la complementa desde un enfoque profundamente humano: ayudar a que la mujer confíe en su cuerpo, entienda sus procesos y se sienta respetada en cada decisión.

    En la práctica, cada encuentro guiado por ella toma forma según lo que las mujeres necesitan. Un mes trabajan la ley de parto humanizado para que conozcan sus derechos; otro, los mitos de la lactancia o el papel de la placenta durante la gestación. En una sesión reciente, por ejemplo, Julieth extendió telas sobre el piso para representar ese órgano que muchas no sabían que se formaba solo durante el embarazo: las mujeres lo dibujaron, escribieron cómo imaginaban que se cuidaba, hicieron una ronda de ejercicios, y finalmente se unieron en un ejercicio de respiración colectiva que les recordó que sus cuerpos saben lo que tienen que hacer.

    Ahora bien, lo que distingue su trabajo es una pregunta que hace en cada visita: «¿Cómo estás tú?». Simple, directa, y sin embargo capaz de abrir un espacio que nadie había nombrado. «Hace tiempo no me preguntaban cómo estaba yo», le responden algunas mujeres entre lágrimas. Para Julieth, ahí está el centro de todo: «Para que un bebé esté bien, la mamá tiene que estar bien». Por eso sus acompañamientos en casa no tienen duración fija y pueden extenderse por tres horas, “hasta que la mujer quede tranquila”.

    Un acompañamiento más integral

    Parte de su trabajo también la lleva a escenarios complejos: acompaña a mujeres privadas de la libertad, a adolescentes gestantes en instituciones de protección y a trabajadoras sexuales. El contexto que más la ha afectado es el de las niñas de 13 y 14 años que viven su gestación lejos de sus familias. «Yo siento como si fueran mis hijas», dice. Llegan al encuentro queriendo estar afuera, pero a medida que avanza la sesión se animan, y al final no quieren que Julieth se vaya. Ella sí tiene que irse, y eso, reconoce, es lo más duro.

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    Para Julieth, que Buen Comienzo Medellín haya incorporado este perfil no es un detalle menor. Como doula puede ir más a fondo de lo que le permitía su rol como docente: dedicar un encuentro entero a un solo tema, acompañar a la mujer en su casa el tiempo que haga falta, articular con psicólogas y otros profesionales cuando la situación lo requiere. Lo más importante de su trabajo, dice, es lo que deja en el otro. Y eso solo es posible cuando un programa entiende que acompañar a una madre va mucho más allá de lo clínico.


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