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Durante 64 años, José Guillermo Varela ha vivido a pocas cuadras del parque El Raizal ubicado en la calle 79 B con carrera 31 A, en el barrio Manrique. Lo conoce desd...
Durante 64 años, José Guillermo Varela ha vivido a pocas cuadras del parque El Raizal ubicado en la calle 79 B con carrera 31 A, en el barrio Manrique. Lo conoce desde hace muchos años, pero hubo un momento en que dejó de visitarlo porque, poco a poco, dejó de sentirse como un lugar para las familias, un lugar seguro para su nieta: “se mantenían muchas personas… este parque se convirtió en una plaza de vicio”.
Hacía mucho tiempo que José Guillermo no se acercaba al parque. Hasta que un día, su nieta María Ángel llegó a contarle que el parque ya no era el mismo; lo habían remodelado, habían vuelto los juegos y, después de mucho tiempo, también habían vuelto los niños. Otra vez, en este lugar se escuchaban las risas y esa vida que solo los niños saben darle a un espacio. Fue entonces cuando José Guillermo decidió volver, y ahora lo hace más acompañado que nunca, de la mano de su nieta quién apenas tiene cuatro años y con quien comparte momentos especiales.
Ella quiso conocerlo y, desde entonces, dice José Guillermo entre risas, “ya no quiere salir de acá, entonces no me sacan a mí tampoco”. Ahora, en el parque no solo se escuchan las risas de María Ángel, también están las de José Guillermo; quien por momentos parece volver a su infancia, juega, se divierte y termina haciendo parte de las actividades como un niño más.
Lo que parecía un día cualquiera terminó convirtiéndose en un recuerdo especial. Porque a veces recuperar un espacio también es recuperar momentos y la posibilidad de volver a disfrutar lo que se creía perdido. Y eso es lo que hoy viven José Guillermo, su nieta y muchas familias más que llegan al parque, un lugar que por fin volvió a tener vida y que, de paso, les está regalando nuevas historias y momentos para compartir.
Que los niños vuelvan a encontrarse, jugar y disfrutar de estos espacios es precisamente el propósito de Juguemos en el Parque, una estrategia liderada por la Primera Dama de Medellín, Margarita Gómez Marín, que encuentra en el juego una herramienta para aprovechar el tiempo libre y acompañar el desarrollo integral de las niñas y niños. En El Raizal, esta apuesta se vive cada miércoles, de 4:30 a 6:30 de la tarde, con una oferta de juego y actividades recreativas pensada para que los niños y sus familias vuelvan a hacer del parque un lugar para disfrutar.

Pero la historia de José Guillermo y María Ángel no es la única. Para Julieta Campo Dávila, de nueve años, este parque ya tiene un significado muy distinto. Todos los miércoles llega hasta allí para disfrutar y compartir con sus amiguitos; su lugar favorito es el tobogán, le gustan los colores que en él ve, los juegos y que el parque esté pensado para los niños: “para que los niños no sean tan pegados del celular, y tampoco de la pantalla… esto lo hicieron con mucho amor”.
Julieta aprendió a sentir este parque como suyo y aunque tiene apenas nueve años, tiene claro cómo le gustaría que fuera este espacio para todos. Cree que los niños más grandes también pueden disfrutarlo, pero que deben hacerlo cuidando a los más pequeños porque compartir un lugar también significa aprender a cuidarnos entre todos.
Y es justo aquí donde se encuentran dos historias y generaciones diferentes, pero un mismo sentimiento de satisfacción, por un parque que recuperó después de mucho tiempo su razón de ser y que vuelve a ser un lugar seguro para reunir a las familias.
Lo que hoy se vive en El Raizal no ocurrió por casualidad, es el resultado de un trabajo articulado de la Alcaldía de Medellín líderes y comunidad que buscan que cada vez más parques de Medellín vuelvan a ser escenarios para el encuentro y disfrute de todos; y, para cumplir con este objetivo, se ha acompañado desde Tacita de Plata la recuperación de más de 40 de estos espacios que hacen parte de la estrategia de la Primera Dama, con jornadas de limpieza, pintura, siembra y embellecimiento que poco a poco transforman estos lugares y les devuelven la vida.
Pero recuperar un parque va mucho más allá de dejarlo limpio y bonito. Se trata de lograr que ese cambio permanezca, que quienes lo habitan lo sientan suyo y que, con el tiempo, sean ellos mismos quienes ayuden a cuidarlo. Por eso, mientras las cuadrillas recuperan cada rincón, los promotores educativos se encuentran con los niños y las niñas para hablarles, jugar con ellos y enseñarles, de una manera cercana, que cuidar el lugar donde juegan también es una forma de cuidar su barrio y su ciudad.
Gracias a un equipo de trabajo comprometido no sólo con nuestros niños, con su infancia y con la comunidad se ha logrado que los parques recuperen y vuelvan a ser ese punto de encuentro que reúne a familias, historias y grandes momentos del día a día; los parques, poco a poco están recuperando su vida para las comunidades.
Hoy, la invitación queda abierta para quienes quieran participar y sumarse a estos espacios pensados para compartir, aprender y disfrutar en comunidad. La programación de las actividades y los puntos donde se desarrollan puede consultarse aquí: https://www.medellin.gov.co/es/tejiendo-hogares-tiempo-libre/.
En El Raizal, como en muchos otros parques, está comenzando a escribirse una nueva historia, donde sin duda alguna, los niños y niñas son los protagonistas.