Alcaldía Sala de Prensa Noticias «En una pantalla no se dimensiona la magnitud de la emergencia»: bomberos de Medellín que recorrieron los escombros de La Guaira, Venezuela

Bomberos Medellín en Venezuela (1)

«En una pantalla no se dimensiona la magnitud de la emergencia»: bomberos de Medellín que recorrieron los escombros de La Guaira, Venezuela

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Por: Luisa Fernanda Ríos Suárez Video: Luisa Fernanda Ríos Suárez y cortesía de los bomberos Fotos: Luisa Fernanda Ríos Suárez y cortesía de los bomberos |

Hay acontecimientos que el mundo presencia a través de una pantalla y otros que solo pueden comprender quienes los viven desde adentro. El terremoto que sacudió el nort...

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  • Hay acontecimientos que el mundo presencia a través de una pantalla y otros que solo pueden comprender quienes los viven desde adentro. El terremoto que sacudió el norte de Venezuela el pasado 24 de junio fue uno de ellos. Mientras millones de personas seguían la emergencia a través de fotografías y videos, un equipo de 22 personas del Cuerpo Oficial de Bomberos de Medellín, conformado por 21 personas de diferentes rangos y un ingeniero, viajó a ese país para apoyar las labores de búsqueda y rescate. Ocho días después regresaron con una certeza: ninguna imagen logra dimensionar el peso de caminar entre estructuras colapsadas, trabajar junto a familias que esperan una respuesta y descubrir, en medio de la tragedia, el verdadero significado del servicio.

    Las imágenes del terremoto ya ocupaban portadas y pantallas cuando comenzaron las llamadas. Primero fue una consulta, una de las tantas activaciones internacionales que, en la mayoría de los casos, no llegan a concretarse. “¿En caso de una activación, usted podría ir a Venezuela?”, le preguntaron a Adriana Durango. Respondió que sí sin imaginar que, pocas horas después, recibiría una nueva llamada para presentarse de inmediato en la estación. Esa noche, mientras organizaban cerca de tres toneladas de equipos especializados, el grupo apenas tuvo tiempo para empacar una maleta, despedirse de sus familias y prepararse para una misión que pondría a prueba todo aquello para lo que se habían preparado durante años.

    Adriana Durango encontró su lugar donde otros viven sus peores minutos

    Cuando Adriana Durango terminó sus estudios de Tecnología en Atención Prehospitalaria en la Universidad CES, imaginaba su futuro ligado al sector salud. Incluso antes había intentado estudiar Medicina, pero el camino terminó llevándola a otro escenario. Una compañera le habló de una convocatoria para ingresar al Cuerpo Oficial de Bomberos Medellín como paramédica. Decidió presentarse, superó el proceso y comenzó una trayectoria que, 18 años después, la llevaría a representar a la ciudad en una misión internacional de búsqueda y rescate en Venezuela.

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    Con el paso de los años descubrió que su lugar estaba precisamente en ese primer momento de la emergencia, cuando cada segundo cuenta y todavía no hay una respuesta clara. “Me gustó más porque estamos en el momento clave, cuando todavía nadie más ha llegado”, explica. Esa convicción la llevó a asumir un nuevo reto dentro de la institución y convertirse también en bombera, mientras continúa atendiendo emergencias en Medellín, formando a futuros rescatistas como docente de la Universidad CES y encontrando el equilibrio entre una profesión que la acerca diariamente al dolor de otras familias y la tranquilidad de regresar a casa junto a su hijo Miguel Ángel.

    Cuando ingresó al Cuerpo Oficial de Bomberos Medellín, apenas seis mujeres hacían parte de una institución conformada en su mayoría por hombres. Ganarse un lugar significó demostrar, jornada tras jornada, que podía asumir las mismas responsabilidades que sus compañeros. Nunca buscó un trato diferente; quería que la reconocieran por su trabajo. “Aquí nadie la va a cuidar. Si le toca cargar la manguera o un equipo pesado, le toca”, recuerda sobre aquellos primeros años, cuando entendió que el respeto en un equipo de emergencia se construye con preparación y capacidad de respuesta.

    En Venezuela volvió a ocupar un lugar particular: era la única mujer entre los integrantes de la misión. Allí encontró un equipo que la acompañó en las dificultades propias de una emergencia de esta magnitud, pero que nunca puso en duda sus capacidades. Sus compañeros estaban atentos a pequeños detalles que hacían más llevadera la jornada: ayudarla con algunos equipos, acompañarla hasta los baños improvisados o apoyarla después de varios días de trabajo continuo. Pero cuando llegaba el momento de entrar a una zona de búsqueda, las diferencias desaparecían.

    Era una rescatista más, enfrentando las mismas condiciones, el mismo cansancio y los mismos riesgos. “Ellos me decían: hasta donde le dé, pero hágale”, recuerda. Para Adriana, esa frase resume la esencia del trabajo en equipo: acompañarse cuando las circunstancias lo exigen, pero confiar plenamente en la preparación y capacidad del otro.

    Cristian Arango: una de las voces que rompía el silencio entre los escombros

    «¡Silencio total! Somos del grupo de rescate. Si alguien me escucha, golpee o haga ruido». Así, narran, comenzaba su operación.

    En medio de las estructuras colapsadas de La Guaira, esa era una de las primeras instrucciones antes de iniciar una búsqueda con equipos especializados. Después del llamado, los rescatistas detenían cualquier movimiento para escuchar una posible señal proveniente del interior de los escombros. Eran segundos cargados de tensión, en los que el silencio dejaba de ser ausencia de sonido y se convertía en la posibilidad de encontrar una respuesta.

    Detrás de esa voz estaba Cristian Arango Montoya, integrante del Cuerpo Oficial de Bomberos Medellín desde hace 13 años. Su historia con la institución comenzó mucho antes de vestir el uniforme. Desde niño creció escuchando relatos de servicio en su familia: su abuelo fue bombero, y un tío y un primo también hacen parte de la institución. Entre conversaciones sobre emergencias, rescates y guardias fue construyendo una vocación que con el tiempo se convirtió en su propio camino.

    Cristian recostado en carro de Bomberos

    La misión en Venezuela fue su primer despliegue internacional y también la primera vez que enfrentaba un terremoto de esta magnitud. Cuando recibió la convocatoria sintió alegría por la oportunidad de poner sus conocimientos al servicio de una emergencia tan grande, pero pocos minutos después aparecieron las preguntas inevitables. “Uno no sabe a qué se va a enfrentar, cómo va a regresar o incluso si va a regresar”, recuerda.

    Para Cristian, el desafío no solo estaba en las labores técnicas de búsqueda y rescate, sino también en la carga humana de acompañar a quienes enfrentaban una pérdida. En esos momentos, el trabajo en equipo se convirtió en el soporte para continuar. “Entre todos nos íbamos impulsando”, recuerda sobre esos días en los que el cansancio, la frustración y la responsabilidad avanzaban juntos.

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    Después de ocho días de trabajo regresó con una nueva forma de mirar aquello que antes parecía cotidiano: una ducha, un baño limpio, un plato de comida o un abrazo de la familia. “Aprende uno a valorar absolutamente todo lo que tenemos en casa”, dice. Y cuando se le pregunta si aceptaría nuevamente una misión como esta, responde sin dudar, con la misma firmeza con la que pedía silencio entre los escombros: “Volvería sin pensarlo. Sin pensarlo dos veces lo volvería a hacer”.

    De la llegada a La Guaira a la búsqueda entre los escombros

    El equipo que viajó a Venezuela hace parte del Grupo USAR del Cuerpo Oficial de Bomberos Medellín. USAR, por sus siglas en inglés Urban Search and Rescue (Búsqueda y Rescate Urbano), reúne personal especializado y entrenado para intervenir en emergencias de gran complejidad, como terremotos, colapsos estructurales y otras situaciones en las que se requiere localizar y rescatar personas atrapadas. Su preparación incluye el uso de equipos tecnológicos, protocolos internacionales y entrenamiento permanente para actuar dentro y fuera del país.

    Al llegar a Venezuela, el equipo esperaba iniciar labores en Caracas, pero la información en el terreno cambió el rumbo de la misión: el mayor impacto estaba en La Guaira. Llegaron de noche, instalaron el campamento y casi de inmediato comenzaron la búsqueda. “Uno en una pantalla no alcanza a dimensionar la magnitud de la emergencia”, recuerda Cristian. Las imágenes no mostraban la incertidumbre de las familias ni la responsabilidad de decidir por dónde empezar cuando cada historia esperaba una respuesta.

    Durante ocho días caminaron entre concreto, polvo y estructuras colapsadas. Los equipos especializados permitían explorar lugares de difícil acceso y detectar posibles señales entre los escombros. Con el paso de las jornadas entendieron que la misión tendría un desenlace distinto al esperado. No encontraron personas con vida, pero sí recuperaron cuerpos y entregaron respuestas a familias que llevaban días esperando noticias.

    “Se pudieron localizar aproximadamente 15 o 17 cuerpos, de los cuales logramos recuperar cuatro”, recuerda Adriana. En medio del dolor, cada recuperación significó la posibilidad de cerrar una espera angustiante y comenzar una despedida. “La satisfacción era ver la tranquilidad de las familias cuando podían tener a sus seres queridos”.

    Una despedida también puede ser un rescate

    Hay historias que no terminan cuando se apagan los equipos de búsqueda. Adriana recuerda especialmente a una familia que, durante varios días, regresó una y otra vez al campamento para pedir ayuda. Estaban convencidos de que su madre seguía bajo los escombros y no querían que nadie abandonara la búsqueda. El equipo decidió acompañarlos. Cuando la hija llegó nuevamente al lugar donde trabajaban los bomberos, bastó remover unas pocas piedras para que apareciera el primer indicio. «Fue muy curioso. Era como si ella hubiera esperado a que la hija llegara para dejarse encontrar«, recuerda Adriana.

    Lo que ocurrió después confirmó que, en medio de una tragedia de esa magnitud, la labor de un rescatista también consiste en acompañar el dolor. Mientras trabajaban, los bomberos intentaban aliviar la tensión con conversaciones y algunas bromas entre compañeros. Era una forma de sobrellevar jornadas interminables rodeadas de incertidumbre y pérdida. La familia, lejos de incomodarse, encontró consuelo en ese ambiente. Les dijeron que aquella mujer había sido alegre durante toda su vida y que, de alguna manera, les tranquilizaba pensar que había sido encontrada en medio de ese espíritu de humanidad y cercanía.

    Días después, ya terminada la misión, Adriana recibió un mensaje que resume mejor que cualquier reconocimiento el significado de aquella búsqueda. «Gracias por regalarnos risas en medio de tanto caos. Sé que esa era la forma en que ella quería que la encontráramos: en un ambiente familiar, seguro y alegre… Hicieron que un momento tan doloroso se sintiera especial«. La mujer cerró el mensaje con una frase que los bomberos difícilmente olvidarán: «Mis ángeles de Medellín«.

    Para el equipo del Cuerpo Oficial de Bomberos Medellín, recuperar un cuerpo nunca fue únicamente el final de una búsqueda. También significó devolverles a esas familias la posibilidad de despedirse, cerrar una espera angustiosa y comenzar, por fin, el difícil camino del duelo.

    El país que también los abrazó

    Mientras el mundo observaba las imágenes de la devastación, ellos descubrieron otra realidad que pocas cámaras alcanzaron a registrar: la solidaridad de un pueblo que, aun habiéndolo perdido casi todo, seguía encontrando la manera de cuidar a quienes habían llegado a ayudar. En cada jornada aparecía alguien con una botella de agua fría, una arepa recién hecha o un plato de comida preparado con lo poco que había disponible. No importaba que muchas familias durmieran sobre colchones improvisados frente a edificios colapsados o que los servicios públicos fueran prácticamente inexistentes; siempre había un gesto de gratitud esperando a los rescatistas.

    Bomberos Medellín

    «Ellos eran felices trabajando con nosotros«, recuerda Adriana. «Todo el tiempo estaban pendientes de qué nos hacía falta». La escena se repitió durante varios días: personas que habían perdido su vivienda acercándose al campamento para ofrecer alimento, hidratación o simplemente unas palabras de agradecimiento. «Nos aplaudían cuando pasábamos, nos daban las gracias. Esa calidad humana fue de las cosas que más me marcó«, asegura.

    Lo que los escombros les enseñó

    En medio de la emergencia, las familias se acercaban a los rescatistas para señalar un edificio, un punto entre los escombros o el lugar donde creían que estaba un ser querido. Para Cristian, uno de los momentos más difíciles fue entender que muchas personas necesitaban ayuda al mismo tiempo y que había que tomar decisiones en medio del dolor.

    Después de ocho días de trabajo en La Guaira, el grupo regresó a Colombia. Antes de reencontrarse con sus familias pasaron por procesos de observación médica y acompañamiento psicológico. Luego llegaron los abrazos esperados, la tranquilidad de volver a casa y la posibilidad de procesar una experiencia que permanecerá en su memoria.

    Bomberos Filados

    La misión en Venezuela terminó, pero sus enseñanzas continúan en cada turno, en cada clase que Adriana dicta y en cada emergencia que Cristian atiende. “Fuera del uniforme somos personas y tenemos familia”, recuerda Adriana. Detrás de cada casco hay historias, afectos y miedos, pero también una decisión constante de estar presentes cuando alguien más atraviesa uno de sus momentos más difíciles. Porque hay experiencias que ninguna fotografía logra explicar por completo: solo quienes caminaron entre los escombros saben que rescatar también significa acompañar, entregar respuestas y ayudar a una familia a despedirse.

    El reconocimiento de una ciudad

    La labor abnegada y a veces silenciosa de nuestros bomberos, es recordada y reconocida por la Alcaldía de Medellín cada año, en donde se les rinde un sencillo acto de gratitud, por todo lo que representan para la ciudad.

    Filados

    Por eso, por Acuerdo 054 de 2013, del Concejo de Medellín, el 4 de agosto quedó establecido como el día en el que el Distrito de Medellín rinde reconocimiento al Cuerpo Oficial de Bomberos de  nuestra ciudad y a sus integrantes y durante esta fecha se entregan medallas y distinciones a las unidades bomberiles que durante el año hayan sobresalido en el cumplimiento de sus deberes.

    Todo un homenaje a estos leales servidores de nuestra capital.


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