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Historias de algunas familias que viven por primera vez el Festival Buen Comienzo Medellín

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Medellín en Historias | Unidad Administrativa Especial Buen Comienzo
Por: Nataly Londoño Laura, Unidad Administrativa Buen Comienzo Fotografías: Emmanuel Enrique Torres Aguirre. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

Con entrada libre, el festival se consolida como el evento infantil más grande de su tipo en Colombia. Hasta hoy 17 de agosto, Plaza Mayor vuelve a llenarse de niños co...

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  • Con entrada libre, el festival se consolida como el evento infantil más grande de su tipo en Colombia.

    Hasta hoy 17 de agosto, Plaza Mayor vuelve a llenarse de niños con el Festival Buen Comienzo, que este año convierte el centro de la ciudad en un territorio de imaginación colectiva, al proponer “Un viaje por el universo” —con inflables, talleres, juegos y un punto de donación para los afectados del terremoto del pasado 10 de agosto—, que atrae a cientos de familias de Medellín y sus alrededores.

    Y aunque a simple vista todas parezcan iguales, al cruzar la puerta, cada una trae consigo una historia distinta, y en varios casos, un motivo más profundo que la simple diversión: la espera de un padre privado de la libertad, una rutina de ventas ambulantes interrumpida por un día o el primer respiro después de perderlo todo.

    Reunimos tres historias en nuestro primer día de Festival, que hacen parte de las 7344 niñas y niños que, gracias a la articulación institucional, tuvieron la oportunidad de vivir por primera vez esta experiencia.

    Las niñas que esperan a su papá

    Es viernes, a las 10 de la mañana, y en medio del furor y el calor, María Antonia y Guadalupe corren entre los juegos del Festival Buen Comienzo sin dejar un rincón sin recorrer. “Yo creo que uno no alcanza a visitar todas las atracciones en un solo día, es complicado, por tantas que hay”, dice su abuela, Miriam Ruiz Romero, mientras las sigue de cerca.

    Sin haberlo visto todo, a María Antonia le fascinó la dinámica de esta edición: “Hay muchos planetas y podemos jugar y aprender”, cuenta sobre lo que significa venir con su abuela, quien las trae cada año desde que Guadalupe entró a uno de los Jardines Infantiles de Buen Comienzo. Sin embargo, esta vez llegaron por una vía distinta: invitadas en grupo por la psicóloga de un programa de acompañamiento de la Alcaldía de Medellín en el que participan desde hace cinco años, debido a que el hijo de Miriam y papá de las niñas, fue privado de su libertad.

    María Antonia y Guadalupe viven con su mamá en Caicedo, y Miriam, en Buenos Aires, así que esos encuentros de fin de semana con la abuela se han vuelto, dice Miriam, un tiempo que “uno le dedica” a compensar lo que la distancia no permite. En ese contexto, el festival se suma a esa rutina como un día distinto, uno de los que rompen la monotonía.

    Para María Antonia, la experiencia ya es un ritual conocido: viene con su abuela, a veces con una tía, y disfruta compartirla con su hermana menor. Le entusiasman las cosas nuevas que descubre en cada oportunidad —el año pasado fueron las criaturas fantásticas, esta vez, el universo-  “Sí, sí, y más que vengo con mi abuela, que la quiero mucho”, responde la niña cuando se le pregunta si el festival le deja un recuerdo bonito.

    Miriam, por su parte, no duda en recomendarlo a otras familias con nietos o hijos pequeños: “Es bueno que las familias paren sus rutinas y aprovechen este espacio”, insiste, convencida de que la cantidad de juegos y aprendizaje que ofrece el festival vale la pena, aunque un solo día no alcance para recorrerlo todo. Ella misma lo comprueba año tras año, siempre con las niñas de la mano, entre risas y filas de atracciones que no terminan de descubrir.

    Un día sin colegio ni trabajo, dedicado a jugar

    Antonella, Pedro y Reinier recorren por primera vez el Festival Buen Comienzo con la libertad de quien no tiene que volver corriendo a ningún lado. “Yo me voy a divertir mucho”, dijo uno de los hermanos al cruzar la entrada. Otro, aunque tímido, se suma a la conversación diciendo que piensa «jugar mucho«, mientras la más grande resume la emoción del día con una frase simple: “Está superbonito y divertido todo”.

    Su mamá, Araceli Goyo, vende tintos en el centro de Medellín y madruga cada día para alistarlos antes de salir a trabajar. Este 14 de agosto decidió romper esa rutina por completo: los tres niños faltaron al colegio y ella dejó de vender por un día, para llevarlos al Festival Buen Comienzo tras la invitación de Groupe SEB (Imusa).

    Creo que nos vamos a divertir mucho”, dice la mujer nada más entrar, todavía sin tener certeza de qué encontrarán adentro, y sabiendo que no les contó a los niños para dónde iban: “Quería que se sorprendieran de verdad”. Y es que, migrante venezolana con siete años en Medellín sabe que espacios así escasean en su día a día: “Vine por ellos, más que todo por ellos, porque realmente entre mi trabajo, la rutina diaria, no me da tiempo a veces de sacarlos a estos espacios”.

    Los tres niños ya han pasado por los jardines de Buen Comienzo en distintas etapas, pero nunca habían vivido el festival como visitantes de tiempo completo, sin las prisas del colegio ni del trabajo pendiente. Esta vez, el plan fue solo disfrutar: recorrer juegos, dejarse sorprender y compartir un día que, admite Araceli, rara vez logra regalarles entre la venta ambulante y la crianza en solitario.

    Dos meses en Medellín, un día para respirar

    Salomé imaginaba una montaña rusa. Se encontró, en cambio, con lo que su mamá describe como el brinquito más largo de América Latina, un inflable que ya tiene en la mira para recorrer junto a sus hermanos. “Todo está muy bonito”, dice la niña, con la promesa de “no perderse” ningún juego.

    Su mamá, Elvia Elena Garcés Urrutia, llegó a Medellín hace poco más de dos meses junto a su esposo y sus hijos, desplazados de Nariño. Se enteraron del festival por otras personas del albergue donde viven, ubicado a través de la Personería de Medellín. Sacaron a los niños del colegio con permiso para asistir juntos. “Estos son espacios que no se dan todos los días. Hay que apreciarlo, valorarlo, y ellos lo necesitaban ahora”, explica Elvia Elena.

    Imagen familias que viven Buen Comienzo

    La primera impresión, al cruzar la entrada, la dejó sorprendida: la escenografía, los personajes, la entrega del equipo que anima cada rincón. “Muy bonito, la verdad”, resume. Para una familia que hace apenas dos meses lo dejó todo —casa, trabajo, colegio— el festival se convirtió en el primer espacio de este tipo desde que llegaron a la ciudad.

    En Nariño, Elena trabajaba como farmaceuta, oficio que combinaba con la artesanía y el canto. Su esposo, pescador de profesión, ahora busca trabajo en construcción. Mientras se estabilizan, momentos como este, dice ella, sirven para «estar sin estrés«, lejos de la tensión que ha marcado últimamente su cotidianidad.

    Elena espera quedarse en Medellín de forma definitiva y ya busca trabajo con esa meta. Por ahora, invita a otras familias a sumarse a los últimos días del festival, convencida de que vale la pena solo por ver cómo disfrutan los niños.

    Un Festival que abre oportunidades para todos

    Como ellas, miles de familias han llegado este año al Festival Buen Comienzo: Un viaje por el universo. Algunas lo hacen como parte de una tradición familiar; otras descubren por primera vez un espacio diseñado para que niñas y niños puedan jugar, aprender y compartir.

    La apuesta de la Alcaldía de Medellín es ampliar las oportunidades de acceso y hacer del Festival un espacio para todos. Por eso, además de las familias que asisten por iniciativa propia, diferentes programas sociales, jardines infantiles, instituciones y fundaciones han facilitado la participación de niñas y niños que, de otra manera, podrían no tener la oportunidad de vivir esta experiencia. Justamente, 7.344 niñas y niños de diferentes organizaciones sociales, programas del distrito, fundaciones entre otros, pudieron participar de estas experiencias gracias a una articulación.

    Imagen familias que viven por primera vez

    Durante cuatro días, Plaza Mayor se convirtió así en un punto de encuentro donde las diferencias de cada historia quedan en segundo plano frente a algo que todas las familias comparten: las ganas de ver sonreír a sus niños.

    Porque detrás de cada entrada hay una familia, una historia y una oportunidad para crear recuerdos juntos.

    Y en el Festival Buen Comienzo, en esta versión número 16 ese recuerdo puede comenzar mirando las estrellas.


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