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Karla Ospina

Karla Ospina recuerda en el Festival del Libro Infantil de Medellín, cómo los libros le cambiaron la vida

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Medellín en Historias | Secretaría de Cultura Ciudadana
Por: Santiago Nieto Aristizábal. Fotos: Federico Aguirre García, Daniela Lopera y Felipe Morales. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo |

Karla Ospina tiene 27 años. Después de caminar un rato por los distintos escenarios y estands del Festival del Libro Infantil de Medellín, se detiene ante el Pabellón...

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  • Karla Ospina tiene 27 años. Después de caminar un rato por los distintos escenarios y estands del Festival del Libro Infantil de Medellín, se detiene ante el Pabellón del Sistema de Bibliotecas Públicas, donde tres niños integrantes del club de lectura “Pequeños Científicos” del Parque Biblioteca San Antonio de Prado conversan con la divulgadora científica Cristina Romero Ríos. En ese momento, Karla sonríe y se emociona: no puede evitar recordar la manera en que su vida cambió cuando ella, a los siete años, tuvo la oportunidad de estar, como ellos ahora, en la tarima de un evento literario de la ciudad.

    Acostumbrada al ruido, al estruendo, e incluso a la violencia, Karla creció en una cuadra Estrato 2 del barrio Villaniza, en la Comuna 2, Santa Cruz. “Yo pensaba que las balaceras eran lo más normal del mundo. Me tocaron muchas anécdotas de este tipo”, cuenta, para luego destacar que, para una niña como la que ella fue hace veinte años, acceder a eventos culturales era, por un lado, difícil, y por el otro, la oportunidad para expandir un horizonte de posibilidades para su vida que en su cotidianidad parecían lejanas.

    Karla Ospina

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    Karla no recuerda con precisión algunos detalles sobre el evento de hace veinte años. Pero grabadas en su mente están la emoción (y el pánico) de tener un micrófono en la mano, así como el descubrimiento de que ella podía escribir e incluso decir cosas delante de un público para ser escuchada por otros. “Eso me acercó a los libros, una posibilidad que yo no tenía materialmente, y a creer que yo podía escribir. Desde entonces mi vida está fundamentalmente llena de palabras”, afirma. “Lo que yo descubrí en ese momento, que creo que es lo que los niños pueden descubrir aquí, en el Festival del Libro Infantil, es esa posibilidad de poder ser algo distinto a lo que pueden estar destinados a ser”.

    Y es que una de las características principales del Festival del Libro Infantil de Medellín, que ya lleva dos ediciones, es justamente poner en centro del escenario a los niños y las niñas de la ciudad. Que sean ellos, primordialmente, quienes conversen, quienes se hagan preguntas, quienes tengan la posibilidad de elaborar una respuesta, quienes nos enseñen cosas, quienes aprendan. El primer Festival tuvo 134 invitados, donde 74 fueron niñas y niños entre los 5 y los 12 años y los 60 restantes fueron adultos.

    La misma proporción se refleja en la concurrencia: de los más de 25 000 asistentes en la primera edición, 50 % correspondió al público infantil. Para la segunda edición, el número de participantes superó los 32 000, y la proporción de niños y niñas fue del 54 %.

    Cuando uno es niño uno se está empezando a fijar en el mundo, uno está viviendo las cosas por primera vez, las está experimentando por primera vez y es verdaderamente relevante esa experimentación. Entonces poder montarse a un escenario siendo una niña y sentir que te están diciendo, mediante ese gesto, que tu voz es importante, es muy valioso para las infancias”, me dice Karla, y su voz se quiebra un poco mientras observamos a los pequeños científicos en tarima, que ahora comparten sus experimentos, de par a par, con Cristina, una ingeniera ambiental y magister en Divulgación Científica y Apropiación Social del Conocimiento de la Universidad de Edimburgo, Reino Unido.

    Las palabras se volvieron una cosa esencial para mí, yo tengo una tendencia a las palabras y esa tendencia se constituyó, se originó, en la posibilidad de poder asistir y hacer parte activa de un festival como este, pensado en la infancia”. Años después, el camino trazado por las palabras llevaría a Karla a la Casa de la Lectura Infantil, primero como asistente y luego como voluntaria de alfabetización a los 15 años. Luego, en gran parte por sus buenos hábitos de lectura, Karla obtuvo un puntaje en las Pruebas Saber ICFES que le mereció una beca con la que estudió el programa de Ciencias Políticas y luego la maestría en Estudios Humanísticos en la Universidad EAFIT, programa del que se graduó con una tesis titulada: “La literatura infantil: una aliada para la construcción de paz positiva”.

    Karla Ospina

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    La emoción a viva voz de Karla, que ve un reflejo de sus propios nervios y la alegría de hace veinte años en las caritas luminosas de estos niños que llevan micrófonos en las manos y conversan ante un escenario lleno, me recuerda a la lista que la documentalista Kirsten Johnson esbozó cuando quiso mostrar lo que representaba el hecho de ser filmado para alguien. En este caso, creo que sus palabras son trasladables para pensar en la significancia de espacios como este, en los que los niños, muchos por primera vez, se toman la palabra y le hablan a adultos y niños por igual.

    Karla Ospina

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    Para ellos, como para Karla veinte años atrás, estar ahí arriba representa*:

    • “Una oportunidad para hablar de cosas de las que no habían hablado y, por lo tanto, para decir cosas que se salen de sus propias expectativas.
    • Una oportunidad para verse a sí mismos como sujetos de interés, que merecen el tiempo y la atención de los demás.
    • La oportunidad de imaginar diferentes desenlaces.
    • Un cambio de estatus en su comunidad (familia, pueblo, escuela).
    • La creación de una imagen del yo.
    • La esperanza de que participar pueda cambiar el propio destino o impactar alguna situación del futuro”.

    *Adaptado y traducido de AN INCOMPLETE LIST OF WHAT THE CAMERAPERSON ENABLES, de Kirsten Johnston.

    Festival del Libro Infantil

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