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Medellín y sus adjetivos como Tacita de Plata o Ciudad de la Eterna Primavera permiten destacar las características de una ciudad que ha sido epicentro de comercio, industria, cultura y liderazgo en el país. Aunque existe la discusión acerca de si la fundación se llevó a cabo en 1616 como San Lorenzo de Aburrá o en 1675 bajo el nombre de Villa de Nuestra Señora de la Candelaria de Medellín, existen evidencias arqueológicas que “en distintas zonas del valle, como El Poblado, Manrique, Aranjuez, Envigado y otros, se han localizado vestigios que confirman un poblamiento sostenido hacia los siglos V y VIII”, tal como lo describe el historiador Pablo Rodríguez Jiménez en su texto para el Banco de la República “Medellín: la ciudad y su gente”.
Hacer ciudad no es fácil. A Medellín le ha tomado una construcción y proceso histórico que iniciaría en el siglo XVI cuando la expedición de Jerónimo Luis Téjelo divisaría el valle donde se confeccionaría la “Tacita de Plata”, poblada por indígenas como los Aburráes. En el siglo XVII la población aumentaría y el Valle de Aburrá se convertiría en receptora de migrantes llegados de diversos sitios, y, por ejemplo, las zonas dispersas pobladas, se convertirían en el siglo XX en los municipios actuales del Área Metropolitana. Se comenzaba a diseñar la urbe, entre el aire y los moradores que llegaban a estas tierras.
Por su parte, en esa labor de ser ciudad, el autor del libro El lenguaje de las ciudades y ex director del Museo de Londres, Deyan Sudjic, que “una ciudad la configuran personas, dentro de las fronteras de las posibilidades que esto ofrece y, por tanto, una identidad distintiva, que consiste en mucho más que una aglomeración de edificios” (p. 11) y justamente esto ha sucedido en Medellín, gracias a diversos factores y uno de ellos es el servicio y aporte del catastro.

Fotografía antigua del Cementerio San Pedro – Alcaldía de Medellín
El Catastro de Medellín cumplió 100 años, uno de los servicios más antiguos y pioneros en Colombia. El catastro es el inventario oficial y organizado de los bienes inmuebles de la ciudad, aportando ubicación geográfica, áreas de lote y construcción, destinación económica, propietario y el valor catastral. Esto permite la planeación urbana, la gestión del territorio y de los impuestos, brinda seguridad jurídica y eficiencia del mercado inmobiliario, es insumo importante en la formulación de políticas públicas, todo lo cual redunda en un mejor aprovechamiento de los recursos para la inversión pública. Justamente en la ciudad, esto comenzó en 1926 cuando a través del Acuerdo Municipal 14 del 30 de enero, mediante el cual “…se suprime la Oficina de Censo y se crea una oficina de Catastro Municipal…” se darían los inicios de la estructura catastral administrativa al servicio de la población.
Para la ciudad siempre fue importante la planeación y el ordenamiento del crecimiento territorial, lo que ha sido necesario para ser la Tacita: en 1913 se tuvo el concurso Plano Medellín Futuro buscando herramientas para orientar el desarrollo de la ciudad. En 1934 “el célebre urbanista austriaco Karl Brunner visitó la ciudad y en una conferencia ofreció una serie de recomendaciones al Concejo local (…). Y en 1950 los urbanistas Wiener y Sert acometieron un Plan Piloto para Medellín.”, recuerda Pablo Rodríguez Jiménez Historiador del Banco de la República.
Indica el Subsecretario de Catastro, Jaime Alberto Berrío Marín, en una ponencia presentada en el marco de los 90 años del Catastro de la ciudad que “en la década de los años noventa, con más de 200 barrios, Medellín presenta “dos ciudades” claramente delimitadas: La formal, construida con una aceptable planificación, con las debidas licencias de construcción y urbanización previas, con vías y equipamientos adecuados (…) y la informal, con poca o nula planificación, donde se construye sin licencia, muchas veces en zonas de alto riesgo, sin vías adecuadas de ninguna naturaleza (…)”.

En este sentido, el escritor Edward Glaeser en su libro “El triunfo de las ciudades” indica que “las ciudades están creciendo a un ritmo enorme porque la densidad urbana ofrece el camino más corto para pasar de la miseria a la prosperidad” y es en este punto que se hace tan relevante contar con uno de los catastros más eficientes y consolidados de Iberoamérica, como es el caso de Medellín. Es integrar desarrollo territorial de ciudad, -que no es fácil- con una población atenta, servicial y cívica.
Contar con esta historia de ciudad y que hoy catastro sea un servicio público que aporte a la sostenibilidad ambiental, social y económica y que, como pasa en el Distrito, Catastro sirva para el desarrollo territorial desde su contribución a los propósitos de planeación territorial, la hace ser una base fundamental para nuestra urbe y un modelo para el resto del país.
Todo esto fue lo que llevó a que Medellín fuera escogida como sede del XVII Simposio y XII Asamblea del Comité Permanente sobre el Catastro en Iberoamérica, el evento insigne en el tema y el cual categoriza al Distrito y su catastro por su liderazgo en innovación, labor técnica y transformación digital. Es el reconocimiento a un propósito histórico y al resultado de la gestión catastral bien hecha.
En este evento se tendrá la participación de diferentes ponentes expertos en la materia, los cuales provienen de España, México, Guatemala, El Salvador, Honduras, Costa Rica, Panamá, Cuba, República Dominicana, Ecuador, Perú, Brasil, Uruguay, Paraguay, Argentina, Chile, Estados Unidos, Canadá y, por supuesto, Colombia.
Por su parte la Administración Distrital de Medellín podrá contarle al mundo sus avances en desarrollo, modernización y digitalización del sistema catastral, bajo un sistema que integra labor humana, técnica e innovadora. Esto hace que Tacita de Plata sea foco de atención en el servicio catastral del país y de Iberoamérica.
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