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El 22 de septiembre de 1842, un grupo de personas importantes de la Villa de la Candelaria de Medellín (ciudad de Medellín): Federico Isaza, Jorge Gutiérrez de Lara y Miguel Díaz Granados; entre otros, se reunieron en una junta para comprometerse en la construcción de un nuevo cementerio, dado que el único que existía era el Cementerio de San Lorenzo, fundado en 1828.
Su deseo era que sus cuerpos, junto con los de sus familiares, fuesen sepultados en un lugar decente y con el decoro correspondiente y para ello era necesario un cementerio espacioso en donde los gases que producto de la putrefacción no perjudicaran a los habitantes de la ciudad y cada “suscriptor” (accionista del cementerio) fuese dueño de un área proporcionada para él y su familia (dicha área se convertiría en lo que hoy conocemos como mausoleos).
La élite comercial, política e intelectual de aquel entonces decidió construir un cementerio de $5000, en donde cada “suscriptor” aportó $100 para hacer la majestuosa obra.
Compraron un terreno en el camellón de El Llano (actualmente carrera Bolívar) al señor José Antonio Muñoz Luján. El lote contaba con 125 varas de largo por 200 de ancho y fue así como fundaron el primer cementerio privado de la ciudad inicialmente llamado: El cementerio Nuevo, de Particulares o de San Vicente de Paúl hasta 1871, cuando adoptó el nombre cementerio de San Pedro.
Sin embargo, popularmente era conocido como el cementerio de los “ricos” o la “ciudad blanca” haciendo alusión a la gran cantidad de mausoleos y esculturas elaboradas en mármol de Carrara (piedra natural extraída de los Alpes Apuanos en Italia), la mayoría traídos desde Pietrasanta.
El sueño de sus fundadores se hizo realidad en gran medida. El cementerio San Pedro de Medellín puede considerarse como un patrimonio histórico de la ciudad, en donde cada uno de los visitantes se deleita observando los suntuosos mausoleos que guardan a los personajes y familias más importantes e ilustres de aquella época.
Pedro Justo Berrío, Jorge Isaacs, Carlos E. Restrepo, la familia Uribe, los Bedout, el arquitecto del cementerio Jesús Mejía M., son algunos entre muchos de los grandes personajes, que reposan hoy en la ciudad de mármol, como también se le conocía anteriormente.
Algunas de las últimas grandes obras en el sector de los mausoleos son las tumbas de importantes personajes de la historia colombiana. Una de ellas es la del reconocido escritor Gustavo Álvarez Gardeazábal, quien aún vive, pero cuya tumba ya lo espera en un espacio de dos metros diseñado por Jorge Vélez, el mismo artista que moldeó el rostro de Tomás Carrasquilla. El epitafio que acompaña su tumba dice: “Cóndores no entierran todos los días”.
Al lado de Gardeazábal se encuentra la exuberante tumba de Tomás Carrasquilla, diseñada por arquitectos y coronada por un busto. En su interior reposan una fotografía en blanco y negro del escritor y un ejemplar de su obra Frutos de mi tierra.
Para completar esta tríada de autores, en un espacio contiguo está la tumba de Jorge Isaacs, autor de María, considerada una de las novelas románticas más importantes de América. Estas obras hacen parte de los atractivos más visitados del museo.
Caminar por los pasillos del Cementerio Museo San Pedro es encontrarse en Medellín con la huella eterna del cantautor argentino Carlos Gardel fallecido en nuestra ciudad. Aunque el ‘Zorzal Criollo’ hoy descansa en Argentina, fue aquí donde el tango se hizo leyenda tras aquel fatídico accidente de 1935. Entre estas esculturas y mausoleos, su féretro reposó durante seis meses, convirtiéndose este lugar en un santuario donde aún parece resonar su voz.
Visitar su cenotafio (monumento funerario) no es solo ver una tumba vacía, sino sentir la conexión indestructible de una ciudad que se enamoró de su música y juró nunca dejarlo morir y que además es un lugar donde sus fanáticos llegan a diario para recordarlo o incluso para realizar homenajes que incluyen bailes y fiestas tangueras.
Texto que está en el Cenotafio: “En este sitio se encontraba la tumba que guardó los restos de Carlos Gardel, después de su muerte el 24 de junio de 1935. Meses después fueron trasladados a Buenos Aires (Argentina). Homenaje de la Corporación Cementerio de San Pedro en el 60 aniversario de su muerte junio 24 – 1995”.
Durante los años 20 se realizaron diferentes obras en el cementerio entre las que se destaca el levantamiento del plano de construcciones futuras en el patio de San Pedro, proyecto del ingeniero y arquitecto Belga, Agustín Goovaerts.
Se construyeron -además de mausoleos- esculturas que son verdaderas obras de arte que plasman la arquitectura europea del siglo XIX, que reflejan diferentes movimientos artísticos, que se destacan por su belleza y majestuosidad y lo más importante: que conectan con Medellín y sus habitantes porque representan sus sentimientos y memorias.
La obra más destacada de la década de los años veinte fue la capilla, construida en 1929. Hoy todavía conserva el altar con tallas en madera y el mueble que contiene el órgano ambos diseñados por el maestro Luis Eduardo Arenas, trípticos y vitrales con alegorías religiosas a San Lorenzo, San Vicente, San Pablo, San Pedro, La Resurrección, La Sepultura del Señor, La Virgen de los Dolores y la Virgen del Carmen; obras del maestro antioqueño Rafael Sáenz.
El cementerio creció y evolucionó con la ciudad. Con el paso de los años se adquirieron terrenos vecinos que permitieron realizar ampliaciones y reformas para mejorar el servicio. Al costado suroccidental del patio principal se construyó la primera galería: la San Lorenzo.
La élite fundadora de la “ciudad blanca” jamás imaginó que con el transcurrir del tiempo sus majestuosos sagrarios compartirían espacio con galerías que albergarían unidades crematorias, bóvedas y osarios donde reposarían los restos de personas comunes, quizás con historias de vida extraordinarias; pero no célebres, ni con apellidos importantes dentro del núcleo social.
El crecimiento y contraste social permite que cada rincón del cementerio cuente la historia de la arquitectura de Medellín a través de los diferentes estilos y el uso de materiales representativos de cada época como: mármol, bronce, ladrillo, cal, concreto o granito.
El espacio invita a seguir la huella gráfica de cada una de las tumbas donde se han esculpido los símbolos de la muerte y la resurrección; cruces y ángeles, así mismo firmas, fechas y signos que informan sobre el difunto y su época.
Un hecho importante que marca la historia de este camposanto es que el 29 de octubre de 1998 fue reconocido como museo (en la categoría de “Museo de Sitio”), convirtiéndose así en el primer cementerio en América Latina en ser declarado museo y aceptado por el Consejo de Museos (International Council of Museums) -ICOM-. Internacional.
En el año 1999 se marcaría otro hito con la declaratoria del Cementerio de San Pedro como Bien de Interés Cultural de Carácter Nacional gracias a su valor cultural, artístico, estético, arquitectónico, histórico, antropológico y social. Lo cual permite asegurar su protección y existencia con el paso del tiempo.
Con l paso de los años, el Cementerio Museo San Pedro de Medellín ha ido variando su oferta de servicios funerarios y culturales, que hacen que sea diferente y único en la ciudad. Además de su evento más representativo: Atardeceres en el Cementerio (antes Noches de Luna), ofrece una amplia programación cultural durante todo el año: talleres de duelo, visitas guiadas dominicales, desafío en el cementerio, performance, laboratorios de memorias y formación de formadores; entre otros.
Las actividades son en su mayoría de acceso libre y se actualizan constantemente a través de las redes sociales y la página web oficial: https://cementeriosanpedro.org.co/ permitiendo a la ciudadanía participar activamente en experiencias culturales, artísticas y de memoria en el cementerio. Esta programación es posible gracias al proceso de formación de públicos de la Alcaldía de Medellín.
El evento anteriormente conocido como Noche de Luna Llena ahora se transforma en Atardeceres en el Cementerio, conservando su esencia y experiencia. Se realiza aproximadamente cada dos meses y propone recorridos y actividades culturales en un horario extendido que invita a vivir el cementerio desde otras miradas.
La próxima edición se llevará a cabo el 28 de mayo, en conmemoración de Giuliana Scalaberni, resaltando su papel como madre y su legado simbólico. Este encuentro se desarrolla en alianza con la Fundación Casa Museo Pedro Nel Gómez, fortaleciendo el trabajo colaborativo en torno a la memoria y la cultura.
En fechas especiales, como el Día de la Madre o el Día del Padre, muchas familias acostumbran a llevar serenatas a sus seres queridos. Esta tradición se ha convertido en un fenómeno muy especial que llena de música y color los espacios del museo cementerio, generando sentimientos que reconfortan y fortalecen a quienes han perdido a alguno de sus familiares.
Después de 184 años, el Cementerio Museo San Pedro continúa siendo un espacio en funcionamiento que presta servicios funerarios de manera permanente. Actualmente está constituido como una fundación sin ánimo de lucro con un gran compromiso social que apoya a instituciones que trabajan por el bienestar de la comunidad.
Diariamente abre sus puertas para ofrecer servicios de inhumación, exhumación, cremación, capilla y cesión de derechos de uso de propiedades. Sin embargo, ha entendido que su misión va más allá y trabajaba a la par en la protección, recuperación, conservación, divulgación y sostenibilidad de un lugar que se convertido en memoria de Medellín, porque cuenta su historia y guarda aquello que el corazón nunca olvida.