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Volver a vivir en el servicio social: Beatriz Arango, Apasionada por Medellín

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Medellín en Historias | Secretaría de Cultura Ciudadana
Por: Santiago Nieto Aristizábal Fotos: Santiago Nieto Aristizábal, Miguel Delgado, Ana María Arango. Editor: Alonso Velásquez Jaramillo. |

Hace apenas dos años, Beatriz Arango se convirtió en paciente oncológica y su vida pareció detenerse por completo. Hoy ya completa un año vistiendo, con orgullo, la ...

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  • Hace apenas dos años, Beatriz Arango se convirtió en paciente oncológica y su vida pareció detenerse por completo. Hoy ya completa un año vistiendo, con orgullo, la camiseta azul turquesa de los Apasionados por Medellín, la red de voluntariado del Distrito a través de la cual comparte con la comunidad su tiempo, talento y conocimiento en acciones culturales, pedagógicas y de recreación.

    Beatriz tenía 50 años y trabajaba como diseñadora gráfica cuando sufrió una convulsión. A los cuatro días, el diagnóstico de tumor cerebral exigía cirugía inmediata. Después de la primera operación, una infección en su herida requirió dos cirugías más. “Pasé mucho tiempo en clínica, con pacientes oncológicas al lado mío, sea de mama o de útero, y eso lo sensibiliza mucho a uno: ver que sus compañeras mueren”, cuenta. Incluso después de todo esto, Beatriz tuvo que hacerse una cuarta cirugía por otra infección.

    Además de la camiseta que los identifica, los Apasionados por Medellín también llevan una gorra característica. Todos, excepto Beatriz, aunque eso no pone en duda ni su compromiso con el grupo, ni la belleza que emana de su rostro, sonriente y cálido como el de una madre. El motivo: como resultado de las cuatro intervenciones quirúrgicas, le quitaron una parte de su cráneo. “Al principio yo me miraba al espejo y sufría mucho. Y yo decía: ‘ay, pero cuánta gente vive en la calle sin un brazo, sin una pierna, ¿yo por qué no puedo vivir sin eso?El neurocirujano me decía que me hiciera una reconstrucción. Y yo dije, no, ¿yo para qué? Pues yo ya me aprendí a querer así. Yo le decía, ‘¿para qué si yo ya tengo mi hijo y tengo mi esposo?’. El que no me quiera, que no me mire”.

    Una Apasionada más

    Beatriz Arango, Apasionada por Medellín foto 1.jpg

    Para Beatriz, la cotidianidad de su recuperación implicó que en algunos días todo resultara un poco más difícil. Entendió, con el tiempo, que todo era parte del proceso: que había días para el caos y días para la tranquilidad. Y, según ella, el apoyo que recibió en ese proceso al sentirse parte del equipo del voluntariado fue un impulso importante para recobrar la energía vital necesaria para seguir levantándose día a día.

    “Algo que me gusta mucho es que, a pesar de que soy una paciente oncológica, siempre me hicieron sentir que tenía las puertas abiertas para ingresar a un grupo como este”, dice. “No quedas excluida”, le digo. “No, no quedo excluida, como sí pasa con las empresas, por ejemplo”, me responde. Y es que, desde aquella convulsión, Beatriz no ha vuelto a trabajar. “En vista de tanto tiempo libre, quise buscar algo positivo en lo que pudiera invertir mi tiempo”. Y fue tanto el impulso, que Beatriz no solo hace parte de Apasionados por Medellín: también es una de las 260 mujeres voluntarias que hacen parte de las Madrinas de la Alianza Cero Hambre y que trabajan junto a la Alcaldía para erradicar la inseguridad alimentaria en las zonas más vulnerables de la ciudad.

    Los Apasionados por Medellín son personas de todas las edades que se unen, de acuerdo con su disponibilidad, a jornadas y actividades que aportan a la transformación social de la ciudad, con acciones de bienestar animal, iniciativas ambientales, actividades con niños y niñas, acompañamiento a personas mayores y procesos de inclusión social.

    Actualmente, como Apasionada, Beatriz participa de forma activa en actividades de acompañamiento a adultos mayores y habitantes de calle en proceso de resocialización, en las que los voluntarios llevan oferta lúdica y recreativa una vez al mes. Los visitan, por ejemplo, en las sedes de la Fundación Hogares Claret, para el segundo grupo; o en hogares de adultos mayores, como la residencia geriátrica Belencito o el refugio de ancianos de San Cristóbal, para el primero, al que, unas horas después de conversar conmigo, Beatriz emprenderá viaje en conjunto con un numeroso grupo de compañeros voluntarios.

    Beatriz Arango, Apasionada por Medellín foto 4.JPG

    Su rol, en esas jornadas, no es otro que compartir un rato con los habitantes de dichos hogares. Se trata de hacer algo diferente, algo que cambie su actividad diaria, divertirse. A veces ese algo son actividades lúdicas, como acompañarlos a jugar el bingo; otras veces, los voluntarios son quienes se encargan de acercar, a estos lugares, ciertas celebraciones o eventos de ciudad, como el Día de la Madre o la Feria de las Flores.

    “El año pasado, en Hogares Claret celebramos la Feria de las Flores y les hicimos un concurso en el que ellos hicieron silletas y carros antiguos. De hecho, yo fui jurado y fue súper difícil elegir porque ellos se esfuerzan demasiado y hacen cosas muy bonitas”.

    Beatriz Arango, Apasionada por Medellín foto 5.JPG

    Dar sin esperar nada a cambio y, sin embargo, recibir

    Aunque en el corazón de todo voluntario las intenciones son puramente altruistas, y no instrumentales; Beatriz ha encontrado mucho que aprender de sus experiencias en las jornadas de acompañamiento, mucho que pensar, también, para su día a día. Hablándome específicamente de las visitas a adultos mayores, me dice que le han servido para darse cuenta “de que la juventud no es para siempre y todos vamos a envejecer. Que en algún momento todos vamos a necesitar usar un pañal, que vamos a querer tener una compañía”.

    También me dice que ha aprendido sobre la tolerancia. “Yo, de hecho, soy cuidadora de un adulto mayor, y a veces no tengo la paciencia que quisiera tener, pero vuelvo al cuento de que yo, como todos, voy a llegar a esa edad, entonces así es más fácil entender que hay que ayudarles a ellos, hay que tener paciencia, hay que escucharlos, acompañarlos, intentar que sus últimos días sean felices”.

    Después, Beatriz me cuenta que un hijastro suyo está en condición de calle y que han intentado, por todos los medios, impulsarlo a que inicie un proceso de rehabilitación, pero que él no quiere. “Cada vez que vamos a Hogares Claret es una experiencia que me sensibiliza mucho. De hecho, voy con mi hijo, que es su hermano medio, y hemos tratado de invitarlo para que haga parte, pero él dice que no, que no quiere”.

    Beatriz Arango, Apasionada por Medellín

    Imagino la impotencia que ella siente cuando me cuenta esto, y me siento impotente a la vez, sin saber qué decir. Me pregunto cómo, con algo como esto a cuestas, se puede tener la energía y el impulso para convertirse en voluntario, para acompañar a otras personas en un camino similar, casi paralelo al de la propia familia. Cómo intentar con otros lo que quisiéramos que funcionara para nosotros y a quienes queremos.

    “La idea, sobre todo, con los habitantes de calle, es resocializarlos. Conversar con ellos con la dignidad que se merecen como personas humanas que todos somos. Y entender que nadie deja de ser persona por más que consuma sustancias”, me explica.

    Un círculo de voluntarios que se extiende

    Beatriz dice que no es difícil que en una conversación casual, cuando alguien le pregunta a dónde va, o qué ha hecho los últimos días, ella cuente que hace parte de los Apasionados por Medellín. Para ella, hacer parte del grupo también tiene que ver con el orgullo que los paisas tienen por su tierra, por un fuerte sentido de pertenencia, sentido que hace que ella quiera que otros conocidos también quieran pertenecer al grupo.

    Grupo Apasionados Medellín

    “A todas las personas que de pronto cuentan con el tiempo, los invito” y señala a la mujer que la acompaña, de lejitos, mientras tenemos la entrevista. Noto que está uniformada igual que Beatriz. Se trata de su hermana.

    “Y la verdad siento que además de todo aquí he encontrado muchas amistades, compañeras nuevas de vida”, dice Beatriz. “Además, cuando a veces ayudamos con jardinería o recogiendo basuras, las madres comunitarias nos hacen un sancochito y eso es muy lindo porque uno se pone a pelar papas con ellas, a conversar y a echar cuentos”.

    ¿Cómo ser Apasionado por Medellín?

    En nuestra ciudad, hay miles de personas como Beatriz que cada día deciden ser voluntarios. Quienes quieran ser parte de Apasionados por Medellín, pueden escribir a voluntariado@medellin.gov.co o comunicarse al +57 333 2844319.


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