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En la casa de la familia Úsuga Escudero, ubicada en la comuna 13 (San Javier) de Medellín, no era fácil hablar de lo que dolía. “No somos como tanto de hablar de lo...
En la casa de la familia Úsuga Escudero, ubicada en la comuna 13 (San Javier) de Medellín, no era fácil hablar de lo que dolía. “No somos como tanto de hablar de lo que sentimos”, dice Yohan, quien se reconoce como un hombre trans.
Pero algo empezó a moverse cuando llegó el acompañamiento de la Gerencia de Diversidades Sexuales e Identidades de Género de la Alcaldía. Para él fue “una experiencia muy bonita”. Se sintió reconocido y, por primera vez, muchas de sus confusiones internas encontraron palabras.
Habla de la depresión y la ansiedad sin esconderlas. Y así se expresa acerca del proceso: “Fue un paso muy grande, ya no me siento solo, ese acompañamiento me sirvió mucho”. Y en esa frase cabe su cambio: más tranquilo, más seguro, más capaz de afrontar lo que antes lo desbordaba.
Este proceso hace parte de la estrategia de acompañamiento familiar de la Gerencia de Diversidades Sexuales e Identidades de Género, una iniciativa que busca fortalecer los hogares como entornos protectores de la diversidad y promover el diálogo, el respeto y el reconocimiento dentro de las familias.
Un acto de amor
En su papá también hubo transformación. Nelson reconoce que el primer intento con la EPS “no fue muy gratificante”, pero con la llegada del proceso institucional todo fue distinto. Entendió que, si la sociedad “rechaza y no acepta”, entonces la base debe construirse en casa: “¿Por qué no empezar por la casa?” Y empezaron.
Yuliana, la mamá, lo nombra como “una bendición en la familia”. Nunca imaginó recibir tanto apoyo. Aunque admite que “como mamá es muy difícil”, también lo define como un acto de amor. No permitir que el rechazo entre al hogar. No cerrar puertas. “Somos lo único que ellos tienen”, dice.
El hermano mayor lo vivió en silencio. “Me dolía mucho verlo así”, recuerda Juan Esteban. Hoy lo ve distinto: “Ya no se siente solo, se siente más acompañado”. Y en esa casa, donde antes costaba hablar, ahora hay más conversación, más conciencia y más presencia.
Historias como la de los Úsuga Escudero hacen parte de un proceso que ya ha beneficiado a 379 hogares en las 16 comunas y los cinco corregimientos del Distrito, a través de espacios de orientación, escucha y acompañamiento que fortalecen a las familias como primer lugar de cuidado y reconocimiento de la diversidad.