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La revisión de mediano plazo del Plan de Ordenamiento Territorial -POT- fortalece el espacio público como infraestructura ambiental. La propuesta incorpora nuevos criterios para mejorar la calidad de los parques, ampliar la red verde y hacer de estos espacios lugares más inclusivos, seguros y preparados para enfrentar el cambio climático.
La apuesta de la revisión de mediano plazo del Plan de Ordenamiento Territorial, POT, de Medellín, no es simplemente aumentar las zonas verdes, sino transformar la manera en que entendemos el espacio público. La propuesta reconoce que parques, plazas, corredores ambientales y ciclorrutas son parte de una infraestructura verde que contribuye a enfrentar el cambio climático, mejorar la calidad ambiental y ofrecer espacios más saludables para la vida cotidiana.
«La ciudad entendió que el verde urbano no es un elemento ornamental. Es infraestructura. Cada árbol, cada parque y cada corredor ambiental cumple una función para regular la temperatura, mejorar la calidad del aire, conservar la biodiversidad y hacer que el espacio público sea más confortable para las personas. Esa visión es la que fortalece esta revisión del POT«, afirma Lina Arias, coordinadora del Sistema de Espacio Público y Colectivo.
Una ciudad que cambia con el clima

El POT vigente ya contemplaba la necesidad de alcanzar siete metros cuadrados de espacio público efectivo urbano por habitante y 15 metros cuadrados de espacio público efectivo municipal por habitante, mediante la creación y recuperación de parques y espacios públicos.
La revisión mantiene ese propósito, pero va un paso más allá. Ahora el espacio público deja de medirse únicamente por cantidad. También incorpora criterios de calidad, funcionalidad ambiental, accesibilidad, inclusión, perspectiva de género, infraestructura del cuidado y adaptación al cambio climático, fortaleciendo su papel como soporte de la vida urbana.

En otras palabras, la apuesta no es solamente construir nuevos parques, sino lograr que funcionen mejor y respondan a las necesidades reales de quienes habitan la ciudad.

La transformación comienza por una nueva manera de entender el espacio público
El Proyecto de Acuerdo propone consolidar una red de infraestructura verde y azul, articulada con el Plan Distrital de Renaturalización y con la infraestructura del cuidado, para que los espacios abiertos de la ciudad cumplan un papel más activo frente a los desafíos ambientales.

En esa red se integran parques, corredores ambientales, quebradas, zonas verdes y otros espacios públicos, que dejan de funcionar como elementos aislados para conformar un sistema capaz de regular la temperatura, fortalecer la biodiversidad, mejorar la calidad del aire y aumentar la resiliencia de Medellín frente al cambio climático.
Esta visión también transforma la forma de valorar el espacio público. Aunque el POT vigente mantiene como meta alcanzar siete metros cuadrados de espacio público efectivo urbano por habitante y 15 metros cuadrados de espacio público efectivo municipal por habitante, la revisión de mediano plazo incorpora criterios de calidad. La propuesta plantea evaluar las condiciones ambientales, urbanísticas y sociales de estos espacios, así como su capacidad para generar bienestar, garantizar la accesibilidad y responder a las necesidades de la ciudadanía.

Ese nuevo enfoque también se refleja en la manera como se concibe el espacio público. El articulado incorpora de forma explícita criterios de accesibilidad universal, inclusión, enfoque diferencial y perspectiva de género, buscando que parques, plazas y demás espacios de encuentro respondan a las diferentes formas de habitar la ciudad. La apuesta es que estos lugares sean seguros, accesibles y funcionales para niños, personas mayores, personas con discapacidad y todos los grupos poblacionales, fortaleciendo la convivencia y el derecho a disfrutar la ciudad en condiciones de equidad.
La propuesta también fortalece las estrategias de recuperación del espacio público existente. Las intervenciones ya no se limitarán al mantenimiento de pisos, senderos o mobiliario urbano. El proyecto incorpora acciones orientadas a recuperar la funcionalidad ecológica de estos espacios mediante la reposición de coberturas vegetales deterioradas, el incremento de especies nativas y la conservación de estándares de espacio público verde por habitante, entendiendo que la vegetación es un elemento esencial para mejorar el confort térmico y la calidad ambiental de la ciudad.
Otro de los cambios relevantes consiste en reconocer el espacio público como parte de la infraestructura del cuidado. En adelante, cada intervención deberá facilitar la proximidad entre los servicios esenciales y la vida cotidiana de las personas, garantizando accesibilidad, permanencia y continuidad entre parques, equipamientos y espacios de encuentro. En otras palabras, el espacio público deja de concebirse únicamente como un lugar de recreación para convertirse en una infraestructura que cuida, protege y acompaña las dinámicas diarias de quienes viven la ciudad.
Todos estos ajustes responden a una idea de fondo: el verde urbano dejó de ser un elemento ornamental para convertirse en una herramienta de adaptación al cambio climático. La vegetación ayuda a disminuir las islas de calor, favorece la infiltración del agua lluvia, captura dióxido de carbono, mejora la calidad del aire, reduce contaminantes, protege la biodiversidad y hace mucho más confortables los espacios públicos. A ello se suman beneficios directos para la salud física y mental, al promover la actividad física, reducir el estrés y fortalecer la convivencia ciudadana.

«Cuando hablamos de verde urbano hablamos de salud pública, de calidad de vida y de resiliencia. El espacio público debe ser capaz de cuidar a las personas y también de cuidar el territorio frente a los efectos del cambio climático. Ese es uno de los principales cambios que fortalece esta revisión del POT«, afirma Lina Arias, coordinadora del Sistema de Espacio Público y Colectivo.