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Una puerta propia y espacios para compartir: otras formas de habitar Medellín

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Por: Ana Carolina Sánchez. Fotos: Andrea Osorio |

La revisión del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) propone incorporar la vivienda colectiva para responder a necesidades de estudiantes, profesionales y personas may...

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  • La revisión del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) propone incorporar la vivienda colectiva para responder a necesidades de estudiantes, profesionales y personas mayores, entre otros habitantes. Combinar espacios privados con servicios compartidos amplía las alternativas habitacionales y exige reglas que cuiden su calidad.

    Una estudiante llega a Medellín y necesita un lugar donde dormir, estudiar y preparar sus alimentos. Un profesional que vive solo busca un espacio propio desde el cual organizar su jornada. Una persona mayor quiere conservar su privacidad y tener oportunidades de encuentro. Sus necesidades son distintas, pero coinciden en una pregunta que también debe hacerse la ciudad: ¿qué opciones de vivienda pueden acompañar diferentes maneras de vivir? 

    La revisión de mediano plazo del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) propone una respuesta mediante la incorporación de la vivienda colectiva como tipología habitacional. Su principio es combinar unidades privadas con espacios y servicios compartidos. Una cocina, una zona de ropas o un salón común pueden servir a varios residentes y complementar el lugar que cada uno ocupa de manera individual. 

    La ciudad cambia también puertas adentro 

    Personas en balcón de Medellín

    El diagnóstico de la revisión de mediano plazo del POT identifica un vacío en la definición y el alcance de las tipologías de vivienda frente a nuevas formas de ocupación. Los hogares unipersonales, el envejecimiento y el trabajo remoto aparecen entre las dinámicas que requieren respuestas diferentes. 

    La propuesta reconoce modalidades como residencias estudiantiles, para profesionales y para personas mayores, vivienda compartida y vivienda en renta institucional. Busca que las reglas respondan a cambios en las necesidades de espacio, las formas de tenencia y la organización cotidiana de sus habitantes. 

    Para Medellín, esa precisión es oportuna: una ciudad que recibe estudiantes y reúne personas en distintas etapas de vida necesita alternativas que acompañen esa diversidad. Para alguien que llega a estudiar, encontrar dónde vivir hace parte de las condiciones para permanecer en su proceso educativo. Para quien vive solo, compartir algunos servicios puede resultar una opción acorde con su manera de organizar la vida. 

    Imagen de Medellín

    Incorporar estas posibilidades al ordenamiento permite orientar su desarrollo y establecer criterios para que la oferta responda a su finalidad habitacional. 

    El espacio compartido también es parte del hogar 

    Unidades básicas sencillas de 20 a 29 metros cuadrados y dobles de 25 a 29 metros cuadrados, complementadas con servicios colectivos para garantizar su habitabilidad. Estos rangos corresponden a las unidades privadas de la tipología; su funcionamiento debe entenderse junto con los espacios compartidos. 

    Pensemos en una residencia estudiantil. La unidad privada ofrece un lugar de descanso y resguardo de las pertenencias. El salón comedor y la zona de ropas compartidas permiten resolver otras necesidades diarias y servir para encontrarse o desarrollar actividades con otros residentes.  

    La calidad de esa vivienda depende de cómo se relacionan ambas partes. Una cocina insuficiente para quienes la utilizan o espacios comunes difíciles de aprovechar afectarían la experiencia de habitar. Por eso, la propuesta requiere comprender el proyecto como un conjunto: el espacio propio y los servicios colectivos conforman la solución habitacional. 

    Imagen Una puerta propia y espacios para compartir otras formas de habitar Medellín 3

    También hay una dimensión humana. Compartir ciertos lugares puede facilitar encuentros y vínculos, manteniendo ámbitos de privacidad. Ese potencial depende del diseño, la administración y las formas de convivencia que se construyan en cada proyecto. 

    Habitar y hospedarse tienen finalidades distintas 

    La vivienda colectiva se plantea como una alternativa para habitar la ciudad. La vivienda turística, por su parte, se reconoce en la revisión como un servicio de hospedaje. Una residencia estudiantil y un inmueble destinado a recibir visitantes atienden necesidades diferentes y requieren una clasificación acorde con el uso que efectivamente desarrollan. 

    La existencia de habitaciones y zonas compartidas no basta para equiparar ambas actividades. Precisar sus diferencias ayuda a orientar los proyectos y a que la ciudadanía comprenda qué ofrece cada modalidad. 

    Imagen Una puerta propia y espacios para compartir otras formas de habitar Medellín

    La vivienda colectiva se propone como una alternativa para atender necesidades habitacionales en el suelo urbano. Su localización excluye el suelo rural para preservar su vocación ambiental y productiva y evitar que esta modalidad aumente la presión sobre el campo. Además, sus unidades no se contabilizan para cumplir las obligaciones urbanísticas de los proyectos: incorporar esta opción no sustituye los aportes que deben hacer al desarrollo de la ciudad. 

    Así, Medellín amplía las formas de habitar, mientras mantiene la protección de la ruralidad y las responsabilidades de quienes construyen. 

    Una ciudad que reconoce distintas maneras de vivir 

    El diagnóstico registra un déficit habitacional que afecta al 19,1 % de los hogares. Su dimensión exige respuestas diversas: generación de vivienda, mejoramiento de las condiciones existentes y alternativas para necesidades específicas. 

    La vivienda colectiva aporta a ese último propósito. Su inclusión en el POT habilita y orienta una modalidad; la oferta que se materialice, sus precios y su accesibilidad dependerán de los proyectos y de su gestión. 

    El aporte de la revisión consiste en reconocer que las necesidades habitacionales cambian y que la norma debe acompañarlas. Para la estudiante, el profesional o la persona mayor del comienzo, una alternativa adecuada puede facilitar su vida cotidiana y su relación con Medellín. Allí se medirá el valor de la propuesta: en poder cerrar una puerta para descansar y abrirla para encontrar espacios que también permitan sentirse en casa. 


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