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Esta historia involucra a Nathalie Calderón y a su hijo Jacobo, quienes empezaron a construir su vínculo entre libros de crianza, cuentos infantiles y visitas a un ...
Esta historia involucra a Nathalie Calderón y a su hijo Jacobo, quienes empezaron a construir su vínculo entre libros de crianza, cuentos infantiles y visitas a un lugar en Medellín que terminó acompañando el crecimiento de ambos.
Jacobo tenía seis meses cuando su madre, Nathalie, le leyó el primer libro. No era un libro infantil, ni siquiera era un libro sobre niños: era un tratado de pediatría escrito por un médico español que defendía que los bebés deben ser alzados con frecuencia, amamantados a libre demanda y rodeados de afecto sin horarios. Nathalie lo había prestado en el Centro de Documentación Buen Comienzo, ubicado en el Parque Biblioteca Belén en Medellín, mientras todavía intentaba entender en qué se había convertido su vida desde que era madre.
Eso fue en 2018. Hoy, Jacobo tiene ocho años, lleva cuatro en el colegio siendo representante de grupo, ya va por el segundo libro de Harry Potter y pertenece a un club de lectura llamado Guardianes de las Palabras, pues las raíces que su madre plantó en aquellos meses de incertidumbre y búsqueda crecieron más de lo que ella habría imaginado.
Nathalie Calderón Aristizábal, que es su nombre completo, llegó a la modalidad familiar de Buen Comienzo siendo una madre gestante y con preguntas que su entorno no sabía responder. En los encuentros del Preventorio de Belén a los que asistía, los profesionales del programa le hablaron del parto humanizado, de la lactancia materna exclusiva, de algo que ella aún no sabía cómo nombrar y que después, leyendo, reconoció como violencia obstétrica.
Esos mismos profesionales fueron quienes la orientaron hacia el Centro de Documentación. Y fue ahí, entre estantes con más de 4000 ejemplares especializados en primera infancia -nutrición, pedagogía, psicología, crianza, gestación-, donde encontró al pediatra español Carlos González. «Él quita mucho ruido sobre qué es la maternidad y cómo debe ser«, comenta Nathalie. «Yo siempre lo recomiendo a alguien que va a tener una niña o un niño, porque permite vivir una maternidad más libre, más tranquila, una crianza no desde el miedo a equivocarse».
Jacobo creció entre esas páginas. A medida que él fue creciendo, las visitas al Centro de Documentación fueron cambiando y Nathalie empezó a pedir libros para él: primero los de tela, luego los de páginas gruesas que los bebés pueden manipular sin romper. Y entre tanto, llegaron Chigüiro, Elmer el elefante de colores, y la Enciclopedia de dinosaurios que el niño devoró con tal entusiasmo que meses después, en un encuentro del club de lectura al que empezó a asistir, sorprendió a todos con el nivel de detalle que manejaba sobre el tema. «Fue muy lindo», recuerda Nathalie.
Él también guarda su versión de esa historia. Con la seguridad de quien ya sabe hablar en público -lleva cuatro años siendo voz de su salón-, Jacobo describe la lectura con una imagen precisa: «A mí me gusta leer porque uno se mete en los libros y puede vivir muchas experiencias. Es como si estuviera ahí«.
Y es que lo que Nathalie le transmitió no fue una obligación sino un hábito. Ella es socióloga y trabaja en la Fundación EPM en programas de acueducto y alcantarillado en barrios periféricos de Medellín. Y la lectura ha sido parte de su vida desde antes de ser madre. «Es algo mío que yo le trasciendo a él, un hábito mío que hemos vivido juntos”, cuenta.
Ese acompañamiento tiene huellas concretas. Jacobo desarrolló el lenguaje antes de los dos años de una forma que Nathalie atribuye, en parte, a haber crecido rodeado de palabras leídas en voz alta. En su diploma de grado de Buen Comienzo -participó de la modalidad institucional-, la característica que le destacaron fue la creatividad. Y, en la actualidad, -donde estudia-, es un niño destacado por su liderazgo.
Hoy, Nathalie señala que no ha podido volver al Centro de Documentación tanto como quisiera. El trabajo de campo y la crianza de Jacobo llenan los días. Sin embargo, aún recibe las invitaciones a las actividades y sueña con que algún día el lugar ofrezca clubes de lectura específicamente para madres gestantes. «Muchas personas no conocen a Carlos González», insiste. «Y él puede cambiar mucho la forma en que una mujer vive su maternidad».
Jacobo, por su parte, ya no necesita que le lean, pero sigue yendo al Centro de Documentación a prestar libros.